Edgardo Arredondo artículo en Diario de Yucatán

Las grandes promesas son siempre muy sospechosas —Juan Eusebio Nieremberg

Hace tres años…, ¡solo tres años! La memoria es chata…, a veces selectiva. En las primeras semanas que siguieron a la llegada de las vacunas contra el Covid vino lo que no fue tan inesperado: el anuncio de que iban a ser manejadas desde la Presidencia.

No se permitiría a particulares comprarlas, tampoco a los gobernadores. La adquisición, el esquema de distribución y aplicación sería única y exclusiva del gobierno federal. “No se permitirá que un tema tan delicado como la salud de los mexicanos pueda prestarse a politiquerías”.

Pero la politiquería desafortunadamente salió de donde ya sabemos. Los siervos de la nación como los embajadores de la salvación, las vacunas enviadas a cada estado con la lista de las personas que iban a ser inmunizadas, nadie más que el gobierno de la 4T para proteger al pueblo.

Y vimos en Yucatán los efectos inmediatos. En una unidad médica del IMSS de una población del interior, con ansia se esperaba el arribo del primer cargamento. El biológico llegó custodiado por la Sedena.

De risa, si no fuera por lo patético, cuando solo faltó el manotazo en la mano al director, por parte de los elementos castrenses a la orden de: “no tocar, ustedes tienen que apegarse a la lista de las personas censadas”.

Los días siguientes, en algo que se replicó en todos lados, al llegar la tarde, muchos de los frascos abiertos de las vacunas al no poder refrigerarse de nuevo, tenían que ser desechados, por órdenes superiores. Entonces fueron aplicadas, “bajo la mesa”, a personal sanitario que no estaba considerado. Algunas dosis correspondían a adultos mayores que no quisieron ser vacunados o no fueron localizados.

Lo que ocurrió en Mérida fue el auténtico: “¡Sálvese el que pueda!” En las redes sociales comenzó a correrse la voz: “en tal pueblo están sobrando vacunas”, “lleva tu recibo de luz de tu casa del puerto para que vean que vives ahí”, y así, una vez más: el caos generando caos.

Pues fue por estas fechas de marzo que el entonces presidente municipal de Mérida, Renán Barrera, viajó a la CDMX y se fue a los medios de comunicación a externar la molestia, haciendo una reclamación justa, urgente y sobre todo respetuosa del por qué no se habían mandado vacunas a la capital del Estado, cuando era el punto más densamente poblado, con adultos mayores de 60 años que superaban la media nacional y que concentraba el 80% de la actividad económica, con áreas de contagio en covitarios sin control y con médicos en ejercicio privado totalmente desamparados.

Gracias a esta protesta, las vacunas comenzaron a fluir. Los resultados los conocemos. Como médico y ciudadano tuve en una ocasión la oportunidad de agradecer personalmente al munícipe.

Elucubrar que a Mérida no le tocó de inicio las vacunas porque era un gobierno panista, sería tener una visión miope de los efectos de la mezquindad que en temas de salud ha caracterizado a la 4T.

El gobierno federal cumplió su objetivo, sin olvidar que fue una respuesta tardía, que pudo haber sido mucho más eficaz si se hubiera despojado de este cariz político de lo que fue un golpe de timón, para paliar el pésimo manejo de la pandemia y lo que aún queda con el empleo de vacunas cuestionadas como la Abdala y la Sputnik, ya ni se diga de la aún no parida vacuna Patria.

Lo anterior es un claro ejemplo de que centralizar los servicios de salud es un craso error. Analizando el reciente video propagandístico del candidato de Morena a gobernador del estado de Yucatán, Joaquín Díaz Mena, en política de Salud, me hago la misma pregunta que me he hecho con las propuestas de la 4T: ¿quién los asesora?

Sin fines partidistas, simplemente analicemos las propuestas. Dice que firmará el convenio de los servicios de Federalización del IMSS Bienestar para garantizar un sistema de salud completo, gratuito, universal y de alta calidad en Yucatán.

Compara al Hospital de Alta Especialidad (HRAE), manejado por la Federación, con el Hospital O’Horán al cual califica de saturado. De entrada no se puede contrastar un hospital de tercer nivel, donde se atienden enfermedades que requieren de un servicio muy selecto y exclusivo, con un hospital que, a pesar de ser de segundo nivel, hace funciones de primero y muchas veces de tercero, precisamente saturado por la derivación a mansalva de los centros de atención de primer nivel, rebasados, carentes de recursos y recién bautizados como del IMSS Bienestar y que son manejados, sí, recordemos por la Federación, y en donde el Estado hace malabares con el magro presupuesto para hacerlo funcionar y que, le pese a quien le pese, tuvo un covitario ejemplar en la pandemia.

Hablar que al firmar este pacto vendrán más hospitales, se rehabilitarán otros y se tendrán medicinas gratis es una falacia. Unirse al esquema del IMSS Bienestar es entregar el manejo de la salud a la Federación y, con resultados que hasta ahora han sido deficientes. Hablar de continuar una estrategia fallida es algo desalentador.

Los gobiernos que no firmaron tienen, entre muchas razones de peso, el poder administrar en forma directa y más eficaz el presupuesto asignado. Cada estado tiene patologías muy diferentes a tratar. Hay entidades del norte, donde los traumatismos son más relevantes por hechos de violencia, enfermedades pulmonares como la asbestosis por el tema de las minas o algunas variantes de cáncer son más predominantes.

Otros estados, como el nuestro, tienen más incidencia en diabetes mellitus, enfermedades por vectores (dengue), por parásitos o incluso hasta la depresión que induce al suicidio. No olvidemos que las enfermedades tienen un sustento preponderantemente biológico con factores económicos y sociopolíticos que repercuten en su tratamiento y pronóstico.

En lo que no me queda ninguna duda es que la firma de los 23 gobernadores de Morena a este pacto federal de salud es una muestra de incondicional y contumaz obediencia a todo lo que sale de Palacio Nacional.

Pensar que el IMSS Bienestar puede garantizar que todos los mexicanos, desde su nacimiento, tengan acceso a servicios gratuitos para hacer efectivo el derecho constitucional a la salud, es no tener tan siquiera un poco de objetividad, para ver como en solo 5 años este gobierno desmanteló lo que se tenía y descobijó a 50 millones de mexicanos.

¡Medicinas gratis! Entiéndase: la gratuidad es promesa que no puede cumplirse a carta cabal. Les invito a revisar el esquema de salud en Dinamarca, los medicamentos son parcialmente gratuitos, solo en edades avanzadas lo son por completo. ¿Quieren saber dónde dicen que hay medicinas gratis?, qué creen: Venezuela y Cuba ustedes juzguen.

Si tanta corrupción encontró este gobierno en temas de salud, solo pregunto: ¿a quién han detenido, juzgado o encarcelado por este tema?

El desabasto de las medicinas fue un problema creado por esta administración y que atañe a una franca aversión a los intermediarios. Los servicios de salud pueden ser todo, menos la caja chica.

¿Por qué no hablamos de empresas que son un auténtico barril sin fondo?, se me ocurre Pemex para empezar. Centralizar es una pésima estrategia de gobierno. Hace 170 años, aproximadamente, lo intentó otro presidente, por cierto, también se apellidaba López.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

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