Vivo con una mujer áspera, gruñona, que me impone su voluntad y no me deja dormir si la desoigo. ¿Caeré en lo melodramático si digo que esa mujer es mi conciencia? Pasado está de moda hablar de ella. Es cosa caída ya en desuso, como la bacinica, la garrocha para quitar las telarañas de los techos y los pregones de los vendedores callejeros. Y sin embargo no se aparta de mí la tal conciencia. Me dicta sus dictados, terminante, y me obliga a decir y hacer lo que no quiero.

Has llegado al límite de notas gratuitas, para seguir leyendo…

Crea una cuenta, es gratis y
podrás leer 5 notas más.

Suscríbete a nuestros planes
y obtén acceso ilimitado.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán