Lo que pasó la noche del 5 de abril en Quito, Ecuador, donde las fuerzas armadas entraron a la Embajada de México, es algo inadmisible y que tiene al mundo perplejo, ya que se violaron las leyes del Derecho Internacional de una manera flagrante.

La Convención de Viena, que rige las relaciones y tratados entre los países, modera la forma en la que las embajadas funcionan. Una embajada no es a ciencia cierta una “extensión territorial”, en este caso no es un pedazo de México en Ecuador. Lo que sí son las embajadas son locales de un país dentro de otro país, los cuales son inviolables, a los cuales nadie, ni el gobierno en el que se encuentran pueden penetrar sin el consentimiento del embajador.

El Estado donde se encuentra la embajada debe brindar todas las medidas para protegerlos contra toda intrusión o daño.

Ecuador violó todos estos principios, uno de los más puros y sagrados del derecho internacional. El presidente ecuatoriano, sin importarle nada, mandó a sus policías a capturar dentro de la embajada de México al exvicepresidente Jorge Glas Espinel, acusado de cohecho y asociación delictuosa.

Los policías sometieron al embajador mexicano, sin respetar su investidura, ni las leyes.

El gobierno de México, no sólo debe romper relaciones, tiene que exigir y ponerle un alto al presidente ecuatoriano. No basta con solo hacer un extrañamiento como suele hacer el presidente de México, debe recriminarse dicho acto con toda la fuerza necesaria.

Pero estos hechos no surgieron de la noche a la mañana, sino que es un conflicto entre México y Ecuador que ya lleva meses. El exvicepresidente de Ecuador ingresó desde diciembre a la Embajada mexicana, solicitando asilo político. Sin embargo, Ecuador argumenta que México está protegiendo a un delincuente quien ya ha sido condenado y sobre quien pesan órdenes de aprehensión. Por el contrario, el gobierno de México dice que protege a un perseguido político.

La relación entre México y Ecuador tomó un tono ríspido cuando unos días antes el presidente López Obrador hizo comentarios desafortunados y fuera de lugar sobre las elecciones ecuatorianas apoyando al grupo opositor de izquierda, los cuales derivaron en que el gobierno de Quito declarara persona non grata a la embajadora mexicana que estaba en funciones en ese momento.

López Obrador desde principios de su gobierno se declara públicamente como seguidor de la Doctrina Estrada y del principio de la no intervención, es decir, no opinar sobre asuntos internos de otros países, ni dar su postura. Sin embargo, en casos que son extraños, ha intervenido con toda la maquinaria del Estado, como es el caso del expresidente de Bolivia Evo Morales, que hasta un avión le mandó para rescatarlo de ser arrestado. Al parecer algo muy similar con lo que ocurría con el exvicepresidente Glas Espinel.

Mientras pudimos ver una grave violación a las leyes y tratados internacionales y un insulto a México como país, Ecuador acusa a México de haber empezado a violentar las leyes internacionales. Este conflicto está lejos de acabar, la comunidad internacional va a analizar cómo realmente sucedieron los hechos, si el exvicepresidente ya contaba realmente con órdenes de aprehensión y cuál es el verdadero motivo. Si el presidente López Obrador dice que prefiere “no intervenir”, en realidad sí interviene en algunos casos para rescatar a expresidentes de ser juzgados en sus países.

Este hecho va a marcar un precedente en la historia y el gobierno de México debe ser enérgico con el presidente ecuatoriano, a pesar de las desafortunadas relaciones internacionales que está teniendo.— Mérida, Yucatán.

Licenciado en Derecho, con maestría en Políticas y Relaciones Internacionales por Cardiff University, Gáles.

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