Edgardo Arredondo artículo en Diario de Yucatán

A veces tardamos en escoger el siguiente libro a leer: puede suceder que lo devoremos en unas cuantas horas o lo dejemos a medias y, lo utilicemos debajo de una pata para nivelar la mesa. En la noche nos pasamos minutos con el control del televisor cambiando de canales hasta encontrar lo que queremos ver o caer en brazos de Morfeo (lo que ocurra primero).

O bien, nos llevemos un buen tiempo para comprar un par de zapatos (ya ni se diga en las mujeres…), o tardemos seleccionando el platillo a ordenar en un restaurante. Al final de cuentas lo que ejercemos es el libre albedrío y nuestra capacidad de escoger, desde lo más simple; esto es parte de nuestra autonomía.

¿Por qué votar?

De la misma manera el depositar un voto en la urna es un acto puro, ejercido en la intimidad de una casilla, secreto, despojado de coerción alguna. Es ejercer lo que es sin lugar a duda el acto cívico más trascendente en nuestras vidas.

Como pocas veces debemos acudir a la cita. Somos privilegiados, estamos en la lista de cerca de 200 países donde se puede elegir a los gobernantes. El voto constituye el principal elemento activo de toda democracia moderna.

En nuestro país el sufragio es un derecho y a la vez una obligación.  Puedo afirmar, sin temor a equivocarme que, para continuar gozando del libre albedrio cotidiano, debemos preservar el más importante: seguir viviendo en un país democrático sustentado en la división de poderes. Eso está en juego en las próximas elecciones, ni más ni menos.

No dejemos de participar. Salgamos a votar este 2 de junio.- Edgardo Arredondo

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