Las cifras del impugnado cómputo preliminar del INE nos indican que el 59% de los mexicanos y el 50% de los yucatecos habrían optado el domingo 2, ante las dos rutas que tenían enfrente, por la opción clientelista, de continuidad populista, basada en la polarización, de mando centralizado, sin contrapesos, que ve al Estado benefactor como eje de la economía.
Los resultados iniciales indicarían que más de 33 millones en todo el país, 433,000 en Yucatán, habrían dado su voto a la propuesta de gobierno benefactor, que reparte al “pueblo”, sin criterios de productividad, lo que se recauda a miles de mexicanos, principalmente a quienes, en proporción del monto aportado, no comulgan con la opción populista.
Con experimentada compra y coacción del voto, aprovechando la extendida ignorancia sobre el origen y sustento de los programas sociales, se habría derrotado, en particular en Yucatán, a la opción de quienes prefieren que los recursos del fisco se inviertan en obras y programas que propicien las condiciones para la generación de más empleos, más impuestos y, en consecuencia, den mayor impulso al desarrollo social, bajo la regulación de las autoridades.
El voto de los mexicanos, sorpresivamente en el caso de los yucatecos, pareciera apostarle en su mayoría a una segunda etapa del “presidencialismo autoritario”, basado en un Estado controlador de la economía, que desde hace cinco años encabezan en nuestro país “líderes elegidos de forma supuestamente democrática, pero propensos al autoritarismo”, que “empiezan de forma suave y se esfuerzan en mantener las apariencias, mientras socavan la democracia a escondidas”, como nos alerta Moisés Naim en “La revancha de los poderosos”.
EJEMPLAR PARTICIPACIÓN
La ejemplar participación cívica de millones de mexicanos en zonas urbanas, de mayor desarrollo económico y cultural, parece no haber sido suficiente para contrarrestar el arrastre de la maquinaria populista que atrae con la promesa de dádivas y cae en terreno fértil en “un país con mucha pobreza, con alto porcentaje de personas en condiciones de vulnerabilidad, que temen perder esos apoyos si no gana un partido en particular”, como nos recordaba, ayer en el Diario, Patricia McCarthy, coordinadora en Yucatán de “¡Yo participo! 2024”.
Niveles de arrastre diferentes nos indican que no en todas las entidades habría sido arrollador el desempeño del partido del presidente López Obrador. De las nueve entidades con cambio de gobernador, Yucatán fue la tercera, después de Querétaro y Jalisco, en donde más difícil la tendrían los aspirantes de Morena. Y la masiva participación que caracteriza a amplio sector de la sociedad yucateca, sobre todo en la capital, sería sin duda una explicación. Sin ésta, el supuesto triunfo de Joaquín Díaz Mena habría sido de aplanadora.
Llaman la atención cifras notoriamente contrarias en casillas que se ubican en zonas de alto desarrollo urbano frente a otras de regiones con alta pobreza, tanto en Mérida como en el interior. Podemos ver mesas con participaciones de más del 80% en las que se elige con porcentajes de casi 90% a Xóchitl Gálvez y Renán Barrera, pero también casillas con alta asistencia, en zonas rurales o de escaso desarrollo, donde se favorece a Claudia Sheinbaum y Huacho Díaz.
Tras cinco años de curtida experiencia en los métodos de control de los programas del “Bienestar”, joya de la manipulación morenista, el ex panista Díaz Mena llegaría a la gubernatura con una clara conciencia de un apoyo político sustentado más en las tácticas del subdesarrollo que en las propuestas del libre emprendimiento. Y eso lo deberíamos tener muy presente quienes nos oponemos a esos métodos de burdo control político.
Custodiado, cuasi maniatado por representantes del poder central; de débil aspecto, peligrosamente vulnerable, el candidato que habría ganado la gubernatura de Yucatán nos asegura en su primera rueda de prensa tras el reconocimiento de la derrota por sus adversarios, rodeado de ambiciosos, variopintos “chapulines”, que “vamos a trabajar con humildad, con un gobierno incluyente, que preste oídos para escuchar a todos”, en una propuesta, propia del romántico “canto de las sirenas”, muy diferente de la que caracteriza el actuar del líder de la “4 T” y su elegida heredera, guías seguramente del eventual desempeño del yucateco.
Sucesora de un gobierno que dio prioridad a las propuestas de desarrollo económico, que logró importantes avances, más en lo material que en lo social y cultural, pero hizo oídos sordos a escandalosas muestras de corrupción e impunidad, muchas denunciadas oportunamente por la prensa libre, la administración de Díaz Mena arrancaría con la comodidad que otorga el peligroso sojuzgamiento de los tradicionales contrapesos políticos. Morena no solo se alzaría, en México y en Yucatán, con el control del Ejecutivo, sino también con el Legislativo y lo que eso significa en materia de equilibrio de poderes.
SISTEMA DE CONTRAPESOS
Si no proceden las impugnaciones y Huacho Díaz finalmente toma posesión en octubre, iniciaría su gestión con 1) el apoyo claro de una mayoría que prefiere las propuestas clientelistas del populismo y 2) el rechazo mayoritario de los defensores del libre desarrollo, quienes tendríamos que activar el sistema de contrapesos que haría puntual balance de esa gestión que ofrece “escuchar a todos”, un sistema que lo encabezan organismos que promueven la transparencia, grupos cívicos que analizan y denuncian, los partidos de oposición, los gremios que defienden intereses particulares, y la incómoda prensa independiente, que investiga y exhibe.
Si, como se temía, la seguridad de Yucatán estaría en riesgo con la llegada de un gobierno morenista controlado desde el Centro con métodos propios de la “4 T”; si queremos evitar, como alertamos la semana pasada, que el cáncer de la inseguridad extienda sus tentáculos a nuestro territorio, un antídoto muy recomendable sería el fortalecimiento de esos contrapesos, en el sector empresarial, los organismos cívicos y religiosos, en la sociedad en general, junto con una urgente reflexión sobre las causas detrás de tantas injusticias.
Reiteramos: con la jornada electoral del domingo apenas comienza el proceso. Quienes asuman el poder en unos meses serán servidores públicos, mandatarios de los ciudadanos. Su mayor o menor cercanía con nuestras expectativas de gobierno dependerá del grado de auditoría cívica que le imprimamos constantemente a su gestión. No olvidemos que el principal enemigo del autoritarismo es un sólido sistema de contrapesos.— Mérida, Yucatán.
franciscodominguezrivas1960@gmail.com
Analista político
