Los primeros resultados de la votación del domingo 2 de junio fueron poniendo pequeñas losas en mi corazón hasta convertirse en una gran piedra que lo aplastó por completo.

Siempre vi muy difícil que ganara Xóchitl Gálvez. Pero mi esperanza era más fuerte que todo lo que estaba viendo. La que desde hacía unas semanas comenzaba a flaquear en definitivo era mi fe en su triunfo. Me dejé llevar por los comentarios de los analistas políticos en los que he confiado siempre y a los que he visto durante años. De las palabras de aquellos a los que he leído decenios. Siempre les creí como le creí a las casas encuestadoras para descubrir después que todo había sido un verdadero fracaso, tanto para la comentocracia que debiera aterrizarse un poco más en el verdadero México, como para ellas. Varias deberían ser canceladas para no volver a hacerlas jamás, las encuestas.

Pasmada e incrédula, así me sentí, pero también tuve que admitir ante mí misma que este final era previsible. Tanto el PRI como el PAN me parece que utilizaron a Xóchitl y se colgaron de ella como de un clavo ardiente, y una vez que ella aceptó, la soltaron, la dejaron sola, y nadie se ocupó ni de dirigirla, ni de aconsejarla, ni de ayudarla ni de instruirla en asuntos importantes de buen gobierno. Esa es mi opinión. Eso es lo que yo vi. Todos pueden disentir pero es lo que creo. Es lo que observé.

Se posicionaron sus dirigentes para seguir en la jugada. Y así seguirán. La que queda fuera es Xóchitl. Regresa al Senado. En seis años la oposición no fue capaz de preparar una estrategia que conquistara al electorado con propuestas frescas, nuevas y urgentes para el país. Los mismos dinosaurios. Los que sabemos que nos han robado y han hecho jerentina y media con el poder cuando lo han tenido en sus manos. No es momento de enlistarlas.

Las jerentinas. ¿Por qué 35 millones de mexicanos vuelven a poner su confianza en manos de la 4T? Esta votación me pareció más un plebiscito que una elección. La primera presidenta de México en 200 años de historia, mujer preparada, de muchos estudios y con larga experiencia, pionera y activista del movimiento de izquierda del 68, ojalá nos regale al país entero, una auténtica 5a. Transformación y no la continuidad tan traída y llevada para hacerle el segundo piso a AMLO y a su plan C.

La percibo hábil, muy inteligente y capaz. Dios permita rompa ese cordón umbilical que la llevó al poder. Porque he comprobado cómo el pueblo quiere a López Obrador. Creen en él. El habla su idioma y les ha hecho caso. No lo quise ver estos 6 años. La gente joven que me rodea me tuvo que abrir los ojos casi a la fuerza. Con los años que tengo, a veces las ideas pesan. Y lo mínimo que puedo decir del resultado de estas avasalladoras elecciones a favor del partido guinda es que me he quedado desconcertada y estupefacta. Pero me han enseñado mucho.

Luego empezaría a recibir de mis más caros allegados información que me hizo llorar de tristeza e indignación. Cifras que destruyen esa “marea rosa” en la que he crecido, me he desenvuelto y vivo. Durante meses han girado en el Whatsapp los mismos mensajes horribles que eran como para quitarle el sueño a uno. “Nos van a quitar todo, seremos como Venezuela, van a acabar con México, y así por el estilo. Hasta que me harté y deje de leerlos. Hice bien. Porque… ¿cómo podría entender ahora que 35 millones de mexicanos hayan decidido extender un sexenio más la “cuarta transformación”, si venía con un narcopresidente, y una narcocandidata?

¿Y que ya comenzaremos a pagar derecho de piso en Yucatán a los delincuentes y el Ejército nos va a acabar a todos a punta de metralleta? y, que “éstas fueron las últimas elecciones libres”? Hay muchos mensajes de odio… parecen haberse desatado todos los demonios… algunos defensores de Xóchitl están actuando casi como una secta.

Me tengo que hacer una pregunta obligada que me ayude a entender parte de lo que sucedió: ¿por qué no hubo un voto de castigo para la 4T? Si la inseguridad es un hecho. La violencia una realidad… ¿por qué, como dicen, hubo fraude? La realidad más cercana es porque AMLO comenzó esta campaña hace tres años. Y es imposible negar el caudal de recursos destinados a proteger, envolver y llevar de la mano hasta el triunfo a su candidata. Los miles de millones se deslizaron como niño en tobogán a favor de Claudia.

¿Y los militares amedrentando con su sola presencia? Yo no vi un solo soldado recorriendo Mérida. Aunque sí hubo violencia y muertes en otros estados.

México se ha pintado color guinda. Nos dieron una paliza electoral, pasó sobre nosotros un tsunami de votos que nos devolvió a la realidad. Cuando menos conmigo lo hizo. Solo tenía dos opciones. O aceptar o rechazar los hechos y al mismo tiempo, tratar de no morir en el intento.

No quiero tenderme a llorar y pensar cosas horribles como las que se han vaticinado. Quiero creer y darle vuelta a la página, aunque me duela el corazón por la esperanza desvanecida y la fe perdida en el proceso y las campañas.

Existe un México donde el 3% de la población tiene todos los recursos. De acuerdo con el Coneval. El número de pobres se redujo a un total de 46.8 millones de personas, casi 16% menos que las 55.7 millones que había en 2020.

La pobreza es un hecho. Millones de personas viven al límite, en el borde o dentro de los enormes confines de la pobreza cuando no de la miseria absoluta. ¿Qué derecho tengo a cuestionar su voto por el que les ha dado carretadas de dinero y ofreció becas, programas de estudios, y cuando menos la esperanza de que por fin un Presidente de la República los mirara a los ojos y les dijera “primero los pobres” y así, aunque votaran entre balas, votaron por Claudia.

Tampoco puedo evitar pensar en cuánto daño se ha hecho a las finanzas del país. Los programas que se retiraron. Las medicinas inexistentes, el COVID, la destrucción de miles y miles de árboles para el Tren Maya. Y todo aquello de lo que se le acusa y que creo honestamente que es verdad.

Los juniors. Para mi lo peor fue la mañanera. Los adjetivos ofensivos. La división del país en buenos y malos, en chairos y fifis y todas esas expresiones totalmente ajenas e inexplicables en un mandatario cuya primera obligación era respetar y unir a todos la ciudadanía a su alrededor.

Un total de 15.6 millones de mexicanos votamos por Xóchitl Gálvez, ¿alguno de sus dirigentes puede explicarnos el por qué de esta salvaje paliza? Creo que no entendieron a su candidata. No entendieron a su pueblo. No entendieron que México ya cambió. Ya es otro. Lo único que les importó siempre fueron sus intereses personales vergonzosos y vergonzantes. El más importante: regresar al poder. Volver a vivir del presupuesto y no descolgarse jamás de él.

Al hacernos las preguntas de esta derrota estruendosa, tal vez deberíamos entender que “las respuestas no están en el INE, en los pobres, en la ignorancia, en la delincuencia organizada o en los muy probables errores contenidos en las actas de escrutinio, sino en esos partidos caducos que hoy, nuevamente, no saben ni siquiera encarar su derrota”.

Hay un Mexico y un Yucatán allá afuera que no conocemos. Yo la primera. Hemos vivido en una burbuja que no nos ha permitido saber ni tener idea de lo que es amanecer y preguntarse: ¿Qué voy a comer hoy? ¿Qué les daré a mis hijos? ¡Cuánto frío hay y ya no hay periódicos ni “nylon” para taparnos! Se acabó el “chiltomate y no hay tortillas, no hay nada para almorzar”.

Hemos normalizado la pobreza y la miseria que nos rodea. Cuando oigo cuanta gente joven se va a dar servicio social o a hacer apostolado a la India, Vietnam, la Tarahumara, ¡y en su vida han recorrido Yucatán, o pisado una comisaría donde el café se prepara con tortilla quemada en calidad de desayuno único para mitigar el hambre de niños y adultos! ¡Todo el globo tan cerca y Yucatán tan lejos.

En vez de ver a nuestro alrededor y usar nuestros conocimientos y recursos económicos, capital social y poder de influencia en mejorar nuestro entorno! Nos han enseñado tanto y damos tan poco…. Que pareciera que los que tienen problemas para aprender somos los mareados por la vida en rosa de nuestra condición. Me duele mucho algo que está corriendo en las redes: ganó la ignorancia y los que prefieren extender la mano que trabajar. Y ofensas por el estilo…. ¡Cuánta altanería! ¡Cuánta soberbia e incomprensión! Cuánto desconocimiento de la brutal realidad desnuda de este país que tanto dicen defender y amar!

Dejemos correr lo que frente a nosotros está fluyendo. El país ha cambiado. Y cambiará aún más. No quiero ver lanzar más piedras al vacío. Lo que es es. Ganó Morena. Ganó López Obrador. Ganó Claudia. Con trampas o sin ellas. Con fraude o sin él.

Ayer un comentarista decía: todos los partidos hacen trampa. Son tramposos. Nadie se de golpes de pecho. Tal vez le quiten votos en el viejo y nuevo “voto por voto casilla por casilla”. Pero el porcentaje de su triunfo seguirá siendo altísimo. No hay manera de equilibrar la diferencia.

Quiero ver que Claudia empiece a trabajar y a atestiguar si en verdad vale su peso en oro como tantos afirman. Tiene el triunfo y el bastón en la mano. Su trabajo será bien difícil. Sanar heridas, mantener la unidad en su partido, imponer un sello personal, ya que la popularidad de AMLO le será difícil remontarla. Dios la asista y nos asista.

Y mientras tanto, mi primera y ultima esperanza será siempre la de los mexicanos de corazón. Los de buena fe. Los de abajo. Los de arriba. Los de en medio. Los que seguimos creyendo que la democracia es una realidad posible y actuante. Los que queremos estar siempre en pie de lucha para mantenerla. Los que seguimos trabajando para que la demagogia aprenda a ser democracia, trabajando por un México sin brechas.— Mérida Yucatán.

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Abogada y escritora

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