Continuando con el análisis de los resultados de las elecciones del 2 de junio y, con base en los datos del INE y del IEPAC (que son públicos y se pueden obtener de sus sitios web), es evidente que se dio un voto diferenciado, que representó el triunfo para unos y la derrota para otros.

Como se difundió ampliamente, Joaquín Díaz Mena, el candidato a gobernador por Morena, PT y PVEM, logró la histórica cifra de 629,394 votos y Renán Barrera Concha la cantidad de 515,478 sufragios. Una diferencia de 113,916 votos.

Sin embargo, Barrera Concha pudo ganar la gubernatura por amplio margen si hubiera obtenido los mismos votos que obtuvieron todos los candidatos a alcaldes del PAN, PRI y Nueva Alianza, quienes sumaron juntos 612,487 votos. Es decir que 97,009 personas que votaron por los candidatos a presidentes municipales postulados por PAN, PRI y Nueva Alianza no sufragaron por el candidato a gobernador Renán Barrera.

En el supuesto caso que lo hubieran hecho, el exalcalde pudo haber ganado, porque en una elección polarizada, entre dos contendientes fuertes, un voto a favor prácticamente vale por dos, es decir, suma a favor y resta al contrario. O sea, si no hubiera existido ese voto diferido o cruzado, Renán pudo sumar a su favor esos 97,009 votos y, a la vez, a Huacho Díaz no los hubiera tenido para su causa.

Las preguntas claves son: ¿Por qué esas 97,009 personas votaron diferenciadamente?, ¿por convicción?, ¿por qué votaron por su candidato a alcalde del PAN, PRI y Nueva Alianza y también votaron por el candidato a Morena a gobernador?

Pensando mal, pudo deberse a una quirúrgica operación política. Es decir, los estrategas de Morena pudieron contactar a determinado número de alcaldes panistas, priistas y aliancistas y ofrecerles un acuerdo de facto: alentar a sus bases (voto duro) para que sufraguen por Huacho Díaz a cambio de un buen trato posteriormente o a cambio de apoyo económico para su movilización o, simplemente, por una buena gratificación monetaria.

Lo sorprendente es que los coordinadores y estrategas de campaña de Barrera Concha no hayan detectado dicha operación y, lo más sorprendente es que el Comité Estatal del PAN tampoco la haya detectado, sobre todo si tomamos en cuenta que existía una estructura de delegados municipales acompañando en el día a día de la campaña a los candidatos a alcaldes y reportando directamente a la cúpula blanquiazul y a los coordinadores estatales de campaña.

¿Quizá detectaron dicha operación política de Morena, la reportaron y, simplemente, quienes tomaban las decisiones en el Comité Estatal del PAN se hicieron de la “vista gorda”?

La sombra de la traición sigue rondando en el imaginario de la gente.

Tampoco podemos descartar que esas personas que votaron diferente para alcalde y gobernador, lo hayan hecho a conciencia y libremente.

Lo cierto es que, en una elección, se puede perder por un voto o por 97,009 personas que decidan votar por (“motu proprio” o por coacción) distinto en dos boletas.

Lo dejo de tarea.— Buctzotz, Yucatán.

rogergonzalezherrera@yahoo.com.mx

Profesor

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