El panorama político de nuestro país atraviesa uno de sus momentos más complejos.
La oposición se encuentra completamente desarticulada, liderada por figuras políticas que parecen incapaces de reconocer el revés electoral recibido en las urnas.
Ninguno de los dirigentes ha mostrado la dignidad de ofrecer disculpas públicas o de renunciar a la presidencia de su partido, siguiendo el ejemplo del primer ministro Rishi Sunak, quien decidió dimitir a su cargo tras la abrumadora derrota del Partido Conservador en las elecciones de Reino Unido.
La alianza entre PRI, PAN y PRD, una estrategia defendida con uñas y dientes, resultó más perjudicial de lo anticipado, ya que cada partido experimentó una notable disminución en su respaldo electoral comparado con las contiendas de 2018 y 2021. La pérdida del registro del PRD es en parte una consecuencia de esta alianza.
En este contexto, en lugar de reflexionar profundamente sobre los errores cometidos durante la contienda, el dirigente panista Marko Cortés parece centrarse en sus propios intereses, buscando liderar la coordinación del Senado de la República y empleando diversos argumentos para justificar la derrota del panismo. Recientemente, incluso culpó al expresidente Calderón en una discusión pública a través de las redes sociales.
Por otro lado, el presidente del PRI, Alito Moreno, ha concentrado todos sus esfuerzos en modificar los estatutos del partido para extender su mandato hasta 2032. A pesar de las críticas internas, incluyendo las de expresidentes del partido como la exgobernadora Dulce María Sauri Riancho, Alito Moreno no ha retrocedido en su intento. (El domingo pasado se reeligió como presidente nacional del PRI).
Estos líderes políticos parecen mostrar una falta de autocrítica y visión a largo plazo, prefiriendo mantener sus posiciones de poder en lugar de buscar genuinamente revitalizar sus partidos y conectar con las necesidades de la ciudadanía.
Aquellos dirigentes que siguen sin comprender los resultados electorales del pasado 2 de junio muestran una falta de visión más allá de sus intereses personales y partidistas. Lamentablemente, no solo los dirigentes han sido incapaces de analizar el revés sufrido, sino que también algunos ciudadanos han promovido discursos de odio a través de las redes sociales contra aquellos que optaron por una opción política diferente.
Más de 36 millones de ciudadanos respaldaron a la ahora virtual presidenta electa Claudia Sheinbaum, mientras que más de 620,000 apoyaron al gobernador electo Joaquín Díaz Mena. Sin embargo, muchos de estos votantes han sido objeto de comentarios clasistas y racistas de aquellos que se niegan a aceptar la derrota de la oposición en las urnas.
Esta elección nos ha ofrecido una imagen precisa del país en el que vivimos. Un México dividido y polarizado, lleno de prejuicios promovidos por quienes ignoran la desigualdad, la pobreza y el racismo, pero buscan a toda costa no perder el gozo de sus privilegios.
Las mismas personas que critican los casos de corrupción en el país, pero celebran el haber sobornado a un policía para evitar una multa, o la adjudicación directa que le dieron a modo al compadre que tiene su constructora en el municipio. Son las mismas que se preocupan por la posible llegada de Trump a partir de la elección del 5 noviembre próximo, pero con sus amigos y familiares, son impulsores de los mismos discursos de odio promovidos por el exmandatario estadounidense.
Viven con miedo de no ser tomados en cuenta por la administración entrante y perder sus conexiones e intereses, pero muestran enorme rencor hacia los sectores que durante años habían estado en el olvido por el paso de las administraciones y que hoy, al fin, han sido beneficiarios gracias a un programa social, o, por lo menos, se sienten escuchados. Cegados por su privilegio, no tienen conciencia de clase y habitan una esfera acolchonada rodeada de todo menos de realidad.
Es importante mencionar que a partir de los resultados electorales se han exacerbado expresiones misóginas y machistas. Varios comunicadores serios han sugerido que, durante el próximo sexenio, Claudia Sheinbaum no será quien tome las decisiones finales, sino que estará subordinada al presidente AMLO, quien dirigirá el gobierno detrás de bambalinas.
Quienes propagan esta perspectiva, además de ser totalmente machistas, no parecen comprender la importancia histórica que tiene el hecho de que, después de 200 años, una mujer sea la máxima autoridad en nuestro país. Más allá de afiliaciones partidistas o preferencias políticas, debemos reconocer que la victoria de una mujer en esta posición representa un gran avance.
Este acontecimiento histórico brinda una oportunidad para promover la igualdad de género y la diversidad en la toma de decisiones en nuestra sociedad.
Considero que es necesario, como sociedad, llevar al cabo una profunda reflexión acerca de las expresiones de intolerancia y el clasismo que se han manifestado por medio de las redes sociales en este proceso electoral. No podemos permitir que se sigan promoviendo discursos de odio y discriminación contra aquellas personas que tienen un punto de vista distinto al nuestro, ni que se busque perseguir a quienes decidieron ejercer su voto por un partido político en específico.
En toda democracia es fundamental reconocer la diversidad de opiniones y respetar la voluntad de la mayoría, que ya fue expresada en las urnas el pasado dos de junio.
El escritor estadounidense Isaac Asimov decía que el ser humano construye demasiados muros y pocos puentes. Nuestro país requiere de una sociedad que construya lazos de reconciliación y empatía con el de al lado y se anime a ver más allá de su propio ombligo.— Mérida, Yucatán.
ernesto.guerramx@gmail.com
Politólogo. Maestro en Comunicación Política y Marketing Electoral
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