Muchos analistas coinciden en señalar que los resultados electorales, arrolladores, de Morena se deben a su líder fundador Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Creo que tienen razón, pero falta discutir una pregunta inevitable: ¿cómo diantre le hizo AMLO para embelesar a la mayoría de los mexicanos con su retórica populista y acciones autoritarias?

Hay muchas respuestas, unas francamente simplistas y otras, la mayor cantidad, con más profundidad. Como por ejemplo aquella que apunta a las pensiones y ayudas de toda índole. Ese paquete, sin duda, es una de las variables con mayor peso explicativo, pero no es suficiente.

La pregunta desde luego merece investigaciones científicas, tesis doctorales y libros que seguramente ya están en curso. Uno, entre otros, de los ángulos desde donde se puede enfocar este fenómeno de dominación política es el de la pluralidad política. Enseguida exploro algunas pistas.

Es un hecho innegable que AMLO entrega a su sucesora Claudia Sheinbaum una presidencia imperial, es decir con todo el poder que hay en una nación: con el congreso de la unión dominado por su partido y un poder judicial prácticamente sentenciado a la misma suerte. Una presidencia sin contrapeso de poderes.

En este mes de septiembre el nuevo Congreso de la Unión votará y aprobará las reformas constitucionales propuestas por AMLO con las que barrerá todos los contrapesos del poder diseñados para hacer efectiva la democracia constitucional.

Son varios factores que se alinearon para dar como resultado este nuevo ordenamiento político —bueno, ni tan nuevo—, mejor dicho, la reedición del régimen presidencialista priista en su apogeo (1960-1990). Régimen definido como el ordenamiento político establecido en una sociedad por los poderes constitucionales que obran sobre ella, así como el conjunto de autoridades políticas del Estado.

No hay avance democrático, lo que observamos en la historia de nuestro país son intentos (a veces logrados y otras no) de reinstitucionalizar el régimen político alejándolo del modelo de democracia liberal-republicana, afectando así el pluralismo, la competitividad y, sobre todo, los mecanismos de control y limitaciones al poder que supone el modelo democrático contenido en la Constitución mexicana.

En la práctica se ha hecho todo lo contrario del sueño (¿utópico?) de los constituyentes Revolucionarios que quedó plasmado en nuestra Carta Magna de 1917 en su artículo 40, el cual señala que México será una República, democrática representativa, laica y federal.

En teoría, pero solo en teoría, México es pues un régimen republicano donde el pueblo tiene la soberanía. Este ideal de democracia supone un ingrediente esencial o fundamental para que funcione —que no estaba dado en 1917 y sigue ausente—, que es la pluralidad política entre los mexicanos. Este es el verdadero talón de Aquiles de la democracia mexicana. El pluralismo político es una variable que ha estado ausente desde que fundó la nación mexicana. Nuestra historia nos muestra de manera cruda que México ha sido más bien un régimen autoritario presidencialista con algunas pausas, la más prolongada entre 1994 y 2018.

Siempre se ha reconocido que la cultura política de los mexicanos es muy pobre. La mayoría de la población permanece indiferente al tema del debate político, no así de la política. La mayoría de los mexicanos se comporta como feligreses: acuden al llamado de los votos obedeciendo sentimientos y no con la razón. Además, el futuro de la nación les interesa muy poco pues luchan día con día para sobrevivir.

Este es —digámoslo coloquialmente— un caldo de cultivo desde siglos atrás, que aprovecha el fenómeno AMLO, y su partido político MORENA. Nuestro país desde lejos en la historia viene divido entre pueblo (mayoría ignorante del debate político, pero usados por los políticos) y ciudadanos (minoría con más idea de lo que es un sistema democrático).

Es evidente en México falta educar al pueblo. Debería de haber una materia en la primaria o en la secundaria que enseñe a los niños el modelo republicano democrático, ya que es este el modelo político que está plasmado en nuestra constitución.

Parece una miopía que no haya en la curricula de la educación básica una materia que se ocupe de la democracia y de su historia en nuestro país. No lo es. Es una conveniencia de la clase política. Prefieren que la mayoría tenga una idea superficial y torcida de la democracia para que sean manipulables, para que su trabajo sencillamente se concentre en los votos y accesoriamente de los problemas de la vida cotidiana y el futuro de los ciudadanos.

La falta de pluralidad política entre la población mexicana es pues —entre otras— una variable causal del giro de 360 grados que sufrió el sistema político con el arribo de AMLO al poder.— Mérida, Yucatán.

Correo: bramirez@correo.uady.mx

*Doctor en Sociología, investigador de la Uady

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