Aquellos casados estaban a punto de divorciarse a causa de sus continuas desavenencias. La esposa le sugirió al marido: “Si tuviéramos un hijo quizá se salvaría nuestro matrimonio”. Al señor le sorprendió esa sugerencia. Respondió extrañado: “Ya tenemos seis hijos”. “Sí —replicó la mujer—. Pero yo digo uno tuyo”…
En la suite nupcial había dos letreros con la inscripción: “¡Felicidades!” Uno estaba en la cabecera de la cama para que lo viera el novio. El otro se hallaba en el techo para que lo viera la novia…
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