El próximo 10 de noviembre se llevará al cabo el proceso para renovar la presidencia nacional del PAN. El método que se seleccionó es el ordinario, es decir, voto de la militancia.

En las últimas elecciones de este tipo se recurrió al método extraordinario, que es así como se nombra en los términos de ese instituto político al voto de consejeros.

El partido fundado en 1939 debe renovar dirigencia nacional y, en un efecto dominó, aunque de ser posible simultáneo, sus presidencias estatales. El método ya seleccionado para la presidencia nacional no necesariamente debe coincidir con el de los estados, aunque ejerce una influencia natural. Para la presidencia nacional hay dos candidatos: el ex diputado federal capitalino Jorge Romero Herrera y la exsenadora y exdiputada tlaxcalteca Adriana Dávila Fernández.

Este proceso reviste especial relevancia en el momento histórico-político que vive México. Hoy más que nunca se requiere una oposición fuerte, que haga frente al régimen avasallador en turno.

Desde Palacio Nacional y también desde el Poder Legislativo se sigue apostando al conformismo de los opositores al régimen. Se intenta sembrar la semilla del “ya ni modo” y “contra eso no se puede”.

Este despliegue de intenciones para que los no alineados —y también no alienados— “dejen hacer” al régimen en turno encuentra terreno fértil, puesto que no hay liderazgos que aprovechen esas inconformidades y a su vez los inconformes se sienten huérfanos políticamente, si no traicionados, por los propios líderes de partidos.

El espacio que más acoge las quejas de los inconformes son las redes sociales, que simplemente se convierten en una caja de resonancia para el desahogo. No hay un ente táctico que aproveche esa rebeldía para armar nuevas estrategias que lleven a un crecimiento cívico al país. Algo más difícil y edificante que la simple búsqueda ansiosa de espacios de poder.

El proceso del PAN, pues, llega en un momento justo, cuando el presidente saliente, Marko Cortez, se retira con la cola entre las piernas después de un último intento caricaturesco de mostrarse indignado por lo que llamó traición del senador Miguel Angel Yunes, mismo que él cobijó bajo las siglas de Acción Nacional y dio curul y suplencia a él y a su padre, un político escasamente presentable.

El caso de los Yunes mostró en toda su crudeza el fracaso de la política panista de pretender ganar espacios de poder por medio del acogimiento de cualquier clase de políticos, al más puro estilo de Morena. Este método, en busca de la cantidad de actores por encima de la calidad ideológica, llevó a no alcanzar lo uno y pisotear lo otro.

Para que Yunes hiciera el papelón del miércoles pasado en el Senado, alguien debió colocarlo en el estrado. Ese fue Marko Cortés.

Ya Yucatán quedó como un ejemplo de que las alianzas antinatura que hizo el michoacano con sus homólogos del PRI y el PRD sólo beneficiaron a éstos y perjudicaron a panistas legítimos. Rolando Zapata es la figura que exhibe con más nitidez que, bajo el cobijo de Acción Nacional, un no panista recibió una posición que le permitió amarrar una curul en el Senado antes siquiera que se llevara al cabo el proceso electoral. La obtuvo a cambio de unos votos priistas que nunca llegaron. En el camino se quedaron panistas genuinos para ceder el lugar al exgobernador. Vaya jugueteo que le hicieron al blanquiazul y a su presidente.

Con antecedentes de esta naturaleza, qué se podía esperar que sucediera en el Senado. Yunes papá ha sido cuestionado desde los tiempos en que estuvo bajo el ala protectora de la maestra Elba Esther Gordillo. No debió ser difícil para Morena lograr que los consanguíneos se decantaran por la opción que más les convenía políticamente.

Así, el cambio de mando en Acción Nacional llega en buen momento para que, si aprendieron bien la lección, se sacudan no sólo alianzas antinatura, improductivas y nocivas para ellos, sino que dejen atrás la ideología de la búsqueda frenética de los espacios de poder y curules en el Congreso, y retomen el carácter de una oposición seria y valiente, que buena falta le hace en estos momentos al país.

Nunca como ahora México necesita opositores que hagan pensar y reflexionar, en un marco de negociaciones, acercamientos y convencimientos, más allá de pasiones estériles y aferramientos a las cúpulas de los poderes partidistas.

En este momento histórico-político en el que México necesitará una oposición sólida y valiente, ¿acaso serán Alito y el declinante y antidemocrático PRI quienes den esa batalla? ¿Será el penoso comparsa Movimiento Ciudadano?

Acción Nacional no es la oposición ideal, por mucho. Con su nueva dirigencia tal vez se acerque a serlo, quizá no. Pero es lo que hay.

Que se tome en cuenta también para los tiempos que vienen para Yucatán.— Mérida, Yucatán.

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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