Entre loas serviles a López Obrador y gritos entreguistas de “presidenta, presidenta” y “es un honor estar con Claudia hoy”, en medio de fuerte lluvia de ofrecimientos populistas, Claudia Sheinbaum afirma categórica en su toma de posesión ante el Congreso de la Unión: “Está totalmente equivocado el que crea que es militarización pasar la Guardia Nacional al Ejército”.
Confirmando la ruta polarizadora, de desprecio a la pluralidad, trazada por su mentor, la presidenta advierte en su primera semana, en nuevo conflicto con el Poder Judicial: a la “transformación”, una decisión “del pueblo de México”, no la pueden parar ocho ministros de la Suprema Corte. La reforma, sentencia, no es autoritaria, es democrática, “la decidió el pueblo con su voto”.
En Yucatán, en discurso peligrosamente egocéntrico, de marcado corte populista, el nuevo gobernador anuncia en Mérida, al asumir el cargo, que fortalecerá los programas clientelistas que le dieron el triunfo electoral, eliminará el “gobierno clasista”, no permitirá que las injusticias continúen y dará voz a “la gente pobre”, que tendrá “un papel central”.
Rodeado de cuestionado equipo de colaboradores y una multitud que asiste a la “fiesta del pueblo” atraída por atractivo cartel musical, Huacho Díaz promete que en su gobierno no tendrá lugar la corrupción, se guiarán por la “austeridad republicana” y acabarán con los gastos excesivos…, pero se inauguran con millonario espectáculo de la banda “El Recodo”.
Con mensajes polarizadores, que buscan manipular, y la incongruencia propia del régimen obradorista, en ambos arranques sexenales se hacen a un lado los insistentes llamados de organismos cívicos y religiosos a promover el diálogo, a “no imponer una visión ni descartar la participación del que piensa diferente”, como recomienda la Iglesia católica en México.
“LA MAYORÍA”
Seguidores al pie de la letra de los pasos del expresidente, los nuevos gobernantes se asumen como los principales defensores de los intereses del “pueblo bueno y sabio”, al que identifican como “una mayoría honesta y trabajadora”, víctima de la opresión de élites corruptas; una supuesta mayoría en la que radicaría la verdadera y suprema soberanía.
Confiados en la votación obtenida el dos de junio, manipuladores por esencia, tergiversan el concepto para adaptarlo a su estrategia de control político, y se “olvidan” que en un régimen democrático “el pueblo” es la ciudadanía en su conjunto, una entidad diversa y compleja que incluye mayorías y minorías, con una pluralidad que enriquece y exige el diálogo.
Triunfadores en las elecciones por una mayoría simple de quienes sí votaron, Claudia Sheinbaum y Huacho Díaz representan apenas a poco más del 30% de los ciudadanos. A nivel federal, el oficialismo logra 59.7% de los votos, pero solo atrae a 36.4% del padrón y 32.2% de la ciudadanía, y en Yucatán le va peor: 51.48% de los votos, 35.6% del padrón y 31.5% de la ciudadanía.
Si profundizamos en el análisis de las cifras en Yucatán, el triunfo de Morena y aliados tendría que verse con menos soberbia: si en todo el estado solo 35.6% del padrón se manifiesta a favor del oficialismo, en Mérida, el principal generador de la riqueza estatal, recibe apenas el 40.81% de los votos, lo que significa menos de 30% de los ciudadanos.
¿Tienen ambos realmente el apoyo del “pueblo”? ¿Se justifica la cerrazón al diálogo y la negativa a tomar en cuenta la opinión de quienes no votaron por ellos? ¿Son realmente demócratas, como presumen, si menosprecian la pluralidad y asumen como única verdad lo que proponen y buscan imponer desde su minoría, como supuestos defensores de “la sagrada voluntad popular”?
PLURALIDAD
La pluralidad es clave en la democracia, pues promueve la diversidad de ideas y perspectivas, que enriquece el debate y lleva a decisiones más efectivas. También previene la concentración de poder en una sola persona, entidad o ideología, y fomenta una mayor inclusión y tolerancia, lo que contribuye, finalmente, a una convivencia social más justa y equitativa.
Tomar en cuenta diferentes opiniones antes de decidir lo que conviene a la mayoría de los ciudadanos ayuda a los gobernantes demócratas a identificar riesgos con mayor claridad y mitigar la peligrosa polarización, pues se fomenta el diálogo y el entendimiento. También es útil para promover la cooperación y rendir cuentas claras a la comunidad.
Para los populistas autócratas, en cambio, el diálogo y la pluralidad son una seria amenaza al control autoritario que requieren como “únicos representantes legítimos del pueblo”. El populismo suele prosperar en ambientes de conflicto constante, donde la polarización refuerza el poder del líder, razón por la cual se cierran a la crítica y limitan el sano escrutinio público.
Al inicio de la semana que concluye, importante grupo de ciudadanos sugiere al nuevo gobierno de Yucatán que se abra al diálogo y evite la polarización, las divisiones y el asistencialismo que caracterizan al obradorato. Lo exhortan a escuchar a todos para tomar mejores decisiones y le piden combatir la corrupción y fomentar la productividad en las obras públicas.
En respuesta, Joaquín Díaz Mena arranca su gestión con amenazante retórica populista, reitera su admiración por el sistema de gobierno impuesto por López Obrador y promete que “no perderá el piso, ni tolerará actos deshonestos”. Dice que combatirá la corrupción, pero acepta que, para llegar al poder, tuvo que aliarse con cuestionados personajes de turbio pasado.
CORRUPCIÓN
En su primera “mañanera obradorista”, insiste en las “buenas intenciones” tras la integración de su variopinto gabinete, pues “era la única manera de llevar al ‘pueblo’ al Palacio de Gobierno”, pero aclara que no tolerará la corrupción. Peculiar justificación: invito a las ratas a administrar el granero, pero les advierto que decapitaré a la primera que vea con un grano en la boca.
En potencial escándalo de corrupción transexenal, se difunde que las obras públicas se concentrarán, como al parecer sucedía en el gobierno anterior, en la mesa de decisiones del cuestionado empresario constructor Mario Millet Encalada y sus personeros enquistados en el gabinete. Pero no habría que preocuparse…, el gobernador ya tiene lista la guadaña.
¿Cuán realistas son los ambiciosos ofrecimientos de Huacho Díaz al comenzar su gestión estatal? ¿Qué podríamos hacer la mayoría de los ciudadanos para presionarlo a que se vuelvan realidad sus buenas intenciones? Ante la fuerte polarización y el triunfo de la impunidad que se vislumbran, insistir en el diálogo y estar siempre pendientes sería muy recomendable.
El diálogo abierto y público es un mecanismo efectivo que permite la participación ciudadana, la deliberación y la construcción de consensos que exige la democracia, lo que garantiza, en buena medida, que las decisiones las tome el gobierno de manera justa, inclusiva y transparente, en contraposición al turbio proceder que caracteriza al populismo.
Nos permitimos cerrar con oportuna reflexión del expresidente demócrata Barack Obama: “La democracia depende del diálogo entre los ciudadanos, y el progreso solo es posible cuando reconocemos la pluralidad de nuestras voces. El diálogo es esencial para avanzar; no funciona la democracia si asumimos que los demás no tienen nada que ofrecer”.
Mensaje del texto:
Este escrito refleja una crítica contundente al régimen populista y autoritario, centrando la discusión en la polarización, el desprecio a la pluralidad y el uso manipulador de la voluntad popular para justificar decisiones unilaterales. Se acusa a los nuevos gobiernos de Claudia Sheinbaum a nivel federal y de Huacho Díaz en Yucatán de seguir los pasos de López Obrador, favoreciendo discursos populistas que desprecian las voces disidentes y consolidan el poder en nombre de “la mayoría”.
El autor destaca la incongruencia entre los discursos de austeridad y combate a la corrupción con las acciones iniciales de ambos gobiernos, cuestionando la sinceridad de sus promesas y señalando alianzas con figuras cuestionadas. También subraya el riesgo de reducir la democracia a un mecanismo para validar decisiones autoritarias, manipulando el concepto de “pueblo” para excluir a quienes no comparten su visión.
Finalmente, el mensaje central es una defensa de la pluralidad y el diálogo como elementos esenciales para una democracia auténtica y funcional. El autor insta a evitar la polarización y el asistencialismo, promover el debate y la cooperación, y combatir la corrupción, sin sucumbir a las promesas vacías del populismo.
Cinco puntos relevantes del escrito:
1) Polarización y desprecio a la pluralidad. Se critica la tendencia de los nuevos gobernantes Claudia Sheinbaum y Huacho Díaz a polarizar el discurso político y desestimar la diversidad de opiniones, siguiendo el ejemplo de López Obrador.
2) Manipulación de la voluntad popular. Los nuevos gobernantes se presentan como defensores del “pueblo”, pero se argumenta que su respaldo electoral es limitado y no representa a toda la ciudadanía, lo que cuestiona su legitimidad para tomar decisiones en nombre de todos.
3) Incongruencias en el discurso populista. Se señala la falta de coherencia entre las promesas de austeridad y la lucha contra la corrupción y las acciones iniciales de ambos gobiernos, que parecen contradecir sus declaraciones.
4) Crítica a la falta de diálogo. El escrito enfatiza la importancia del diálogo y la inclusión de diversas voces en la toma de decisiones, en contraposición a las prácticas autoritarias que buscan silenciar la crítica y eliminar la pluralidad.
5) Advertencia sobre el populismo autoritario. Se destaca cómo el populismo puede prosperar en ambientes de conflicto y polarización, limitando la rendición de cuentas y la transparencia, y se aboga por la necesidad de una participación ciudadana activa para contrarrestar estas tendencias.— Mérida, Yucatán.
*) CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA, director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia
