No estoy tan enamorado de mis propias opiniones que ignore lo que los demás puedan pensar acerca de ellas —Copérnico

Algunos trascendidos históricos, los de las tertulias del café, cantinas o área laboral, tanto como los refranes, contienen sabiduría popular que no debemos dejar de considerar en la interpretación de nuestro actuar en la vida.

Con respecto a la propagación de noticias cuasi secretas, afamada institución educativa del norte del país realizó un estudio acerca del tiempo que dedican sus trabajadores a eso que comúnmente llaman el chisme, que no es precisamente sinónimo de mentiras.

Decía que fluctúa alrededor del 15% del tiempo laboral para ese tipo de comunicación; en otras instituciones se supera este porcentaje. Lo interesante de la investigación es que gracias a esos trascendidos los jefes pueden enterarse de lo que los empleados solo se atreven a decir en pequeños grupos, y aquello ayuda para enterase del funcionamiento del área de responsabilidades de los jefes, escuchando, sin ser partícipes.

Lo que sigue es histórico y lo tomo de la Revista de la Universidad de México No. 913 nueva época, donde Mariana Ozuna Castañeda nos da a conocer en “Escribir en llamas. Epístolas, la lectura combustible”, las interesantes respuestas de Petrarca a Cicerón, que no eran contemporáneos.

Resulta que en 1345 se encontraron las Cartas Familiares de Marco Tulio Cicerón y aquello llenó de regocijo a uno de sus más grandes admiradores, Francisco Petrarca —para algunos el padre del humanismo, así, sin gentilicios ni adjetivos—.

Era el conspicuo poeta, admirador de Cicerón, por lo que ahonda en la lectura original del maestro de los oradores latinos, al grado tal que decía poder escuchar la voz del autor.

Petrarca escribió misivas al Más Allá a su admirado Cicerón y finaliza diciendo: “Estoy lleno de vergüenza y angustia por tus errores…”

En una segunda epístola, le dice que espera no se haya ofendido, y le recuerda que él mismo decía: “La indulgencia hace amigos, la verdad engendra odios”. Y prosigue: “Si nos irritamos a causa de las verdaderas críticas, también nos satisfacen los verdaderos elogios”.

Ahí está el detalle, cuántos de esos elogios son reales y no a cambio de una prebenda, como en las masivas manifestaciones de apoyo en nuestros días. Sin duda los políticos saben que las movilizaciones fueron como moneda de cambio y veces terminan por creer que se trata de actos espontáneos de popularidad.

Hoy nuestros gobernantes tienen la piel muy sensible ante las críticas y responden denostando a quien las hace, como si se agrediera al cartero por llevar las noticias que no quieren escuchar. Tan sensible es su piel que yo diría que son “Sinkehuel”, que es el nombre de una ganadería yucateca de toros de lidia y según entiendo significa de piel estirada muy fina en sus hatos originales, que decían: “parecen no tener piel”, entonces surgió el hibridismo fantasioso que significa sin piel.

Fascinan los halagos de apologistas a sueldo y los terminan creyendo acrecentado por los “cultivadores” en la corte.

“Tranquilos, aquí no pasa nada”, dijo la mandataria mexicana cuando se confirmó el arrollador triunfo de Donald Trump en las elecciones del todopoderoso vecino país. Aquel supremacista gringo nos ofende cada vez que quiere, aunque digan sus admiradores en México que no es contra el pueblo, sino contra sus gobernantes. No se le vio a la presidenta un rostro alegre durante aquella expresión, siento que se le veía adusta, más que de costumbre, porque esto puede cambiar muchos de sus planes.

Cuando veas a tu vecino rasurar, pon tus barbas a remojar, dice un viejo refrán. Puede cundir el ejemplo para que AMLO determine retornar, total tienen la mayoría absoluta para modificar la constitución, como hizo Porfirio Díaz, abanderado de la no reelección en sus planes, luego Obregón posterior a un periodo intermedio, hasta que José de León Toral impidió que tomara posesión con aquel magnicidio. El autor material era un caricaturista fanático utilizado por el poder, pero el hecho trascendería en las carpas donde los cómicos se preguntaban “¿Quién mató a Obregón? Shhht, Cáaallese la boca”, respondía el otro. Reflejaba lo que veía el pueblo de una manera muy ingeniosa, pues el Gral. Calles se quedaba con todo el poder, se convertía en el Jefe Máximo de la Revolución.

Ese gusanillo de la reelección siempre anduvo latente cuando la proximidad de los cambios de la Presidencia de la República y también, aunque menos intenso, en los gobiernos locales, pero Víctor Cervera tuvo la habilidad de logarlo con maromas legales y luego, sin regatear nada a su trabajo, fue muy buen gobernante.

Don Carlos Loret de Mola realizó un buen gobierno, basta con leer La Semana hace 50 Años del Diario para entender de sus habilidades como sorteador de conflictos. Llegó con rechazo popular, acusado de un inmenso fraude electoral, pero poco a poco se fue convirtiendo en un gran gestor ante el gobierno federal y constructor de caminos, además mucho ayudó el hecho que fuera conocedor de las artes del periodismo. Encaminó al Estado a la modernidad, aunque pesó sobre él el crimen del asesor sindical Efraín Calderón Lara.— Espita, Yucatán.

pepetong@hotmail.com

Maestro de Políticas Educativas y cronista oficial de Espita

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