Armando Fuentes Aguirre Catón De política y cosas peores

Gordio era una ciudad helénica, la principal de Frigia (de ahí proviene el gorro). En el carro de guerra de sus reyes el yugo estaba atado por un nudo tan anudado que nadie lo podía desanudar. Quien lo hiciera, aseguraba la leyenda, se convertiría en dueño de toda Asia, que no es cualquier chileta, como se dice en Ciudad Ramos Arizpe, industrioso lugar de mi natal Coahuila, para aludir a lo que es insignificante, nimio, fútil, inane o baladí.

Le presentaron el tal nudo a Alejandro Magno para que lo desanudara, y lo desanudó linda y bonitamente partiéndolo con un tajo de su espada. La nefasta reforma judicial engendrada por López y alimentada por Sheinbaum es un nudo gordiano. Ente sin pies ni cabeza, deforme monstruo mal nacido, se ha vuelto un verdadero laberinto para los cortesanos de Morena, que no dan pie con bola para organizar la elección popular de quienes en el futuro impartirán justicia con la misma eficacia que muestran hoy los encargados de dar a la ciudadanía los bienes de la seguridad y de la paz.

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