Jesús Retana Vivanco publicidad Retana
Jesús Retana Vivanco, autor de 'El estanque de los cocodrilos'

La niña y la rosca. Para todos aquellos que fuimos de los niños que esperábamos con ansia la llegada de los  Reyes Magos el 6 de enero y para quienes Santa Claus solo era un ícono navideño que veíamos en el gran aparador de Sears de la calle de Insurgentes, en el entonces Distrito Federal de los años 50, pues les recuerdo que la Rosca de Reyes se ha convertido en el socio comercial de los santos reyes.

Yo me preguntaba a mi corta edad si los reyes se multiplicaban o había muchos reyes que manifestaban su singular presencia en las tiendas y demás lugares que aglutinaban a la gente para tomarse una foto con  ellos. No importaba cual fuera la respuesta, esa época la disfrutaba siempre.

El muñequito

Los regalos que dejaban junto al zapato avivan el recuerdo que va de la mano con la rosca que comemos el 6 de enero. Imborrable la imagen de mis hermanos sopeando una rebanada en la taza de chocolate. Se partía de diferentes lados para sortear al muñequito escondido, aunque si nos tocaba, los tamales siempre corrían por cortesía de mi papá.

Se dice que por la expansión del Cristianismo la rosca es un simbolismo religioso, su forma representa una corona, las frutas cristalizadas aluden a las joyas de los reyes y la figura dentro representa al niño Jesús que se ocultó para protegerlo de Herodes. Esta tradición la trajeron los españoles y se popularizó rápidamente adquiriendo características propias como el uso de azúcar, acitrón y frutas cristalizadas.

La niña que debe una rosca

A estas alturas se preguntará: qué tiene que ver la niña y la rosca; es una historia que recordaré cada 6 de enero.

Mi nieta Montserrat nació en los Estados Unidos y unos días antes de su nacimiento fuimos a encargar la rosca a una panadería mexicana para recogerla el 5 por la tarde, pero resulta que el parto se adelanto y la niña nació ese día, así que para el 6 de enero de todo nos acordamos menos de pasar a recoger la Rosca de Reyes, la alegría de su nacimiento borró de plano la tradición. Ahora que la niña cumple 20 años, nos acordaremos de la dichosa rosca que nunca recogimos, la cual me sigue debiendo.

Un muñeco para los mexicanos

Los que nos sacamos el muñeco de la rosca fuimos todos los mexicanos que de repente vemos con impotencia en el súper mercado la reetiquetación de los precios de casi todos los productos.

Ahora ya se habla de pagar hasta $6,000 por el emplacado en Yucatán, es un lastre cada dos años. Se sugirió que en lugar de gastar en el reemplacamiento, mejor se cobre un refrendo con una calcomanía, sale más barato inclusive de lo que se ha pagado normalmente, y hace el trámite sencillo y rápido.

Pensemos mejor en algo más sabroso como una rebanada de rosca mojada en un humeante chocolate, si se asoma el muñeco, no importa, vendrá el 2 de febrero para juntar nuevamente a la familia.— Mérida, Yucatán, 6 de enero de 2025

X: @ydesdelabarrera

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