Observatorio particular. Tomamos la misma mesa en el restaurante donde regularmente desayunamos mi esposa y yo unas tres veces por semana. Cada día hay algo nuevo a nuestro alrededor y seguro que ustedes lo han vivido muchas veces, aunque a mis 78 años tal vez el enfoque sea un poco diferente desde mi observatorio particular, aunque no deja de sorprender a otros.
El saludo cordial del mesero que nos recibe por mi apellido, con el menú que he visto infinidad de veces y pregunta si vamos a desayunar lo mismo, la respuesta es casi la de siempre, yo le digo que unos huevos con longaniza de CostCo, aunque en el papel dice con longaniza de Valladolid, esto le provoca una sonrisa y nos pregunta por si hemos cambiado de opinión si queremos un descafeinado con la canasta de pan y un jugo de naranja, nuestra respuesta es afirmativa. Comenzamos con el observatorio…
El chilango
Llega un componente familiar de una pareja con un niño dormido en una carriola, ambos ataviados con ropa ligera, shorts y tenis casi nuevos, lo que me dice que acaban de llegar de “chilangolandia” (CDMX) por el acento. Como Mérida es tierra de calor, aprovechan para estrenar sus ternos. Lo primero que le dicen al mesero es si le bajan un poco al aire acondicionado porque el niño está dormido y puede resfriarse. El mesero les explica que el control del aire lo manejan desde otra parte pero tratará de hacer lo posible. Hay que hacerles saber también que en estos días estamos entrando a la “heladez” y que muchos la esperamos con ansia ya que el calor de la Primavera y el Verano se soporta siempre y cuando nos hayamos acostumbrado. La “heladez” es como un bálsamo agradable de unos 20 ó 22 grados Centígrados, que nos cae muy bien a todos.
Un par de amigas platican muy risueñas y de vez en cuando se escucha una que otra palabra altisonante. Mencionan el nombre de un Mike con cierta frecuencia y lo revisten con el epíteto de… ese “pinche güey”. En fin, el asunto no interesa.
Los niños gritones
¡Aaaahhh! …entra la mamá con un par de chiquillos, de esos que se dan en la nueva generación de criaturas, súper estimuladas, como de 4 y 5 años de edad que lo único que han aprendido muy bien sin recibir ninguna negativa, es pegar gritos y correr por todos lados. Después de quince minutos de soportar a este inefable par de escuincles, la mamá saca de una petaca un par de Ipads pequeños para entretenerlos. Bendita tecnología, como por arte de magia se callaron para el beneplácito de los comensales.
Hace su arribo el solitario hasta ese momento y como un síndrome inevitable, de inmediato comienza a textear con el celular y solo pide un café mientras espera a una dama que llega minutos después. Pasa un rato, los volteo a ver y con una intensidad nunca vista a una velocidad increíble de los dedos, ambos desayunan whatsapeando con sus móviles.
Las vestimentas
La entrada triunfal de tres forzudos que salen bañaditos del gimnasio a los que algunas damas al fondo se les quedan viendo como si fueran un émulo de Zeus. Acento norteño los delata. Sus preferencias por la alimentación sana se hacen presentes cuando les llevan un preparado de fruta con yogurt natural y granola, como complemento 3 huevos revueltos y café.
Las mañanas siempre se pintan de anécdotas, sobra decir de los abrazos de amigos que se encuentran, se da con mucha frecuencia. Todo tipo de vestimentas se despliegan en un desfile singular, desde los mini shorts de las jovencitas, los vestidos informales y chanclas de baño de las señoras presurosas para reunirse con las amigas y pasar un rato agradable, hasta los que se citan vestidos con pantalón y camisa blanca para cerrar algún negocio coronándolo con algunas carcajadas.
Es el ambiente de un restaurante mañanero donde cada personaje que se sienta a la mesa, nos inspira a escribir. Ya lo dijo Isabel Allende: “Porque cada quien lleva su propia historia y todas merecen ser contadas”.— Mérida, Yucatán, 9 de diciembre de 2024
X (antes Twitter): @ydesdelabarrera
