José Antonio Gutiérrez Triay (*)

Las protestas magisteriales de los últimos días aquí en Yucatán son consecuencia de un movimiento nacional que cayó en tierra fértil, por el resentimiento acumulado, aunque ha de ser que existen quienes zarandean la hamaca. Veamos:

El partido Morena surgió para luchar contra la derecha política que se había adueñado del país, su bandera era acabar, entre otros males, con el neoliberalismo que, según ellos, había acrecentado las desigualdades sociales.

Llegan al poder gracias al descontento popular, pero carecen de una estructura propia para la conducción de un gobierno con nuevo proyecto. Los cargos importantes los ocuparon personajes —en su mayoría— con escasa experiencia en la administración pública, con el añadido de que un solo hombre tomaba las decisiones por encima de los de formación técnica y científica entre sus colaboradores.

El pueblo creía en su adalid, lo seguía con fe ciega. Uno de los grupos más leales y beligerantes fue el magisterio, con la CNTE siempre radical, y el SNTE, el sindicato de Estado, siempre fiel.

Antes de continuar es pertinente aclarar que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) es la agrupación oficialista que fue parte del corporativismo del PRI. El gobierno le permitió el surgimiento de cacicazgos en su interior, si controlaran las demandas del magisterio y llegaron a formar grupos de expertos esquiroles para deshacer las demandas de sus agremiados, como en aquella novela de Harold Robbins titulada El Líder. Cuando los caciques del SNTE midieron fuerzas con el poder presidencial, fueron derrotados.

Por otra parte, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una escisión del SNTE desde hace varias décadas. Opera, con su radicalismo y viajan a la CDMX para ser escuchados y tener la resonancia nacional.

El abandono al magisterio con salarios, prestaciones, pensiones y jubilaciones, cada vez más raquíticas, ha hechos que los profesores vean a la CNTE como su única alternativa de lucha, aun cuando sus procedimientos parecían no gustarles, como acá en Yucatán, porque las secciones oficialistas del SNTE no les responden.

La otrora combativa Sección 33 que agrupa a los maestros federales parece rebasada y la 57 de los estatales tiene el cargo de conciencia por no haber defendido a sus bases cuando el gobierno de Vila impuso una nueva ley del Isstey que agredía a sus conquistas laborales. Cabe decir que las protestas de sus bases fueron muy tímidas al ocurrir aquello.

En sus predicas palaciegas, AMLO pidió tiempo al magisterio, ofreció derogar la Ley del Issste de 2007, en dos puntos fundamentales: devolver el tiempo para jubilarse a los 28 años para las mujeres y 30 para los varones; el otro era en relación con las pensiones y jubilaciones a las que de sopetón habían aplicado los pagos con unos instrumentos neoliberales llamados UMAs, en lugar de los salarios mínimos, lo que hace parecerse al derechista gobierno de Milei.

Fueron pocas las protestas porque en los primeros años las diferencias parecían insignificantes, luego los salarios mínimos crecieron mucho y aquello afecta sobremanera a los pensionados y a las generaciones de trabajadores en activo, que no gozarán de una jubilación digna.

El SNTE mencionaba como una gran ganancia para sus ancianos jubilados que recibieran el apoyo para adultos mayores, lo que no compensa lo que se dejó de percibir por la jugarreta de los tecnócratas neoliberales del gobierno de Peña Nieto que tanto disgustaban a López Obrador, y a los que tanto quiso después.

Aquello es el quid del asunto y lo quisieron poner en una “caja china” enviando la iniciativa al Congreso para reformar la Ley de Issste, que no atacaba el problema que afecta a todos los empleados públicos, no sólo al magisterio.

El gobierno exige a los otros patrones, pero él no cumple con los suyos. El magisterio lo sintió como atole con el dedo y salió de su letargo a través de la CNTE. Tal vez dijeron en la 4T: los profes son nuestros aliados y aguantan, pero los irritaron la carestía desesperante, además del incumplimiento de promesas de campaña y muchas necesidades básicas para el funcionamiento de las escuelas en el ámbito nacional.

El problema sí está afectando al gobierno estatal, aunque no está en su jurisdicción de resolución, es del ámbito federal en los poderes Ejecutivo y Legislativo.

La iniciativa de nueva Reforma a la Ley del Issste no fue más que un paliativo. No resolvía de fondo sus demandas. Prueba de aquello es que debido a las presiones fue retirada. La lucha siguió y sigue creciendo, piden la derogación de la de 2007.

En Yucatán hubo falta de oficio político de los funcionarios que se encontraban en Palacio de Gobierno cuando los manifestantes intentaron ingresar; era obvio que tampoco se permitiría, no era el camino, más aún cuando enardecidos profesores daban 10 minutos como amenazante plazo al Sr. Gobernador, pero éste se encontraba ausente. No aprendieron que la diplomacia da más triunfos que los cañones, según una sentencia inglesa.

Los políticos irresolutos en el recinto no supieron lo que debían hacer hasta que un policía roció a los manifestantes con el tóxico polvo de los extinguidores. Aquello no deja bien a ningún gobierno y se llama represión.

Habrá cuatro mesas de diálogo, tal vez se logre algo en el ámbito estatal, pero está fuera de su alcance el punto toral de la protesta.— Mérida, Yucatán.

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Escritor

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