La práctica de la política —de la politiquería— en México está hoy por hoy a la altura del betún. Así se decía, en alusión al del calzado, para referirse a lo que anda por los suelos.
La exoneración del futbolista Blanco por los oscuros diputados que votaron en su favor es ni más ni menos que un intercambio de impunidades. Especímenes con mucha cola que les pisen parecen haber dicho, aunque se escuche feo: “Te cuido tu cola para que después tú me cuides la mía”.
Muchos “representantes populares” que solo se representan a sí mismos forman una especie de mafia tácita que los hace protegerse unos a otros en un ámbito de ilegalidad, complicidad e impunidad. Así, buena parte de la “clase política” constituye una especie de cártel que está llevando a México a la escala más baja de la vida nacional, peor aún que la de los tiempos priistas.— Saltillo, Coahuila.
