El abandono de una mujer de la tercera edad en el patio de un predio en una colonia de Tekax, entre piedras y maleza, incluso expuesta al sol durante horas y sin alimento, ha indignado a la población del lugar y la entidad y pone en la mesa de discusión la situación precaria en que viven muchos adultos mayores.

No es la primera vez que un adulto mayor sufre el rechazo de sus familiares y son relegados en algún rincón de alguna casa, sin atención adecuada, ni visitas continuas, o, en el mejor de los casos, dejado en algún centro de atención para ancianos.

Hay casos también de personas mayores que son despojadas de su casa después de otorgarla como herencia a alguno o algunos de sus hijos. Al final se quedan sin hogar, a la deriva.

Se ha ido perdiendo la cultura del respeto a los mayores. Antes los abuelos eran visitados y alrededor de ellos la familia convivía en armonía. Ahora, la gente mayor es mirada como una carga, más si tienen alguna enfermedad o caminan con lentitud.

La soledad para muchos es la compañera en algún cuarto o en la casa. En esa prisión de cuatro paredes los adultos mayores se fortalecen de sus recuerdos y sobreviven en el olvido y la marginación.

La esperanza de vida se amplia para los adultos mayores, pero son pocos los que gozan de salud a edad avanzada y se valen por sí mismos, de esta manera buscan la convivencia con amigos o con los familiares o realizan alguna actividad para sentirse útiles y felices. Los más dependen de alguien que los apoye a desplazarse y salir fuera de la casa, pero si no hay cerca algún familiar u otra persona de apoyo entonces deberán sufrir la lacerante soledad, el abandono.

La vida agitada propicia que los integrantes de una familia olviden a los abuelos e incluso a los padres de la tercera edad. La gente se sumerge en el trabajo y las actividades cotidianas y se margina a los adultos mayores.

Si antes las anécdotas e historias de los abuelos eran un atractivo para los niños y adolescentes, ahora el celular, las tabletas y las computadoras son el refugio para no recordarlos, ni visitarlos.

La convivencia familiar es escasa o se reduce entre los miembros y las reuniones con los abuelos se convierten en tediosas, más si alguno de ellos o ambos tienen dificultad para moverse o hay alguna enfermedad degenerativa. Es más, cuando hay solo un padre y está enfermo esto genera conflictos serios en algunas familias porque la responsabilidad recae solamente en un hijo o hija, los demás se aíslan y se justifican por la falta de tiempo o la economía.

En vez de unirse y buscar apoyar entre todos, muchas familias prefieren ignorar el problema de los padres y abuelos, hasta que el abandono se da y lo emocional los afecta sobremanera.

Cambios

Antes, había alguna hija, porque la familia era numerosa, que se sacrificaba y se dedicaba más adelante a cuidar a los padres. Los tiempos han cambiado, las hijas trabajan y entre los hijos se lanzan la pelotita de la responsabilidad.

Ante esta situación, en la actualidad hay muchos adultos mayores en la soledad, incluso viviendo solos.

Además, hay muchas mujeres mayores viudas, algunas solas y enfermas, porque ellas, por lo general, tienen más esperanza de vivir más. Y este abandono es un golpe fuerte en los sentimientos, en lo emocional.

Es más, aunque suene inverosímil y cruel, pero es una dolorosa realidad, algunos hijos y nietos se acuerdan de papá o mamá o de los abuelos cada dos meses, es decir, cuando reciben la pensión de Bienestar.

Investigaciones recientes de la doctora en Antropología, Gina Villagómez, investigadora de la Uady, muestra que muchos adultos mayores están aislados, en el abandono, porque no hay hijas o nietos que los apoyen, además, son menos las familias extensas que en el ayer ayudaban más en los cuidados y atención de los padres y abuelos. En la actualidad, señaló, “un 62 por ciento son familias nucleares, es decir, aquellas donde solamente hay padres e hijos o madres solas e hijos o padres solos e hijos”.

Además, la investigadora pone el tema de los adultos mayores en la mesa de discusión para reflexionar y buscar soluciones dentro de las familias o en la misma sociedad para apoyarlos y evitar los malos tratos, el abandono y el rechazo.

Ante este panorama desolador es importante rescatar las convivencias familiares y acercar a los pequeños a los abuelos para que vivan esas grandes historias y los valiosos aprendizajes en la interacción abuelos y nietos. Es lamentable que, sin darnos cuenta, por priorizar el excesivo trabajo y la tecnología perdemos tiempo importante de convivencia con la familia, con la gente mayor que atesora bellos recuerdos.

Los abuelos merecen afecto, atención y apoyos, más si se esforzaron y dieron en el ayer ese afecto, amor y dedicación para fortalecer a la familia y sacar adelante a los hijos. Sería paradójico que después de entregar mucho, ahora ellos y ellas en el invierno de la vida reciban frialdad, rechazos y sean mirados como una pesada carga.

Hijos, nietos, autoridades y organizaciones civiles, religiosas y privadas, es decir, todos, debemos reflexionar sobre el afecto, los apoyos, el valor, el respeto y el amor que les debemos otorgar a los adultos mayores. No olvidemos que como los vemos hoy, mañana nos veremos igual o quizá peor. Tratemos bien a los padres y abuelos para ser tratados luego de igual manera. —Mérida, Yucatán

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

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