El que se mete de redentor acaba crucificado —refrán
El presidente Trump sacude al mundo con sus ocurrencias y “mangoneos” políticos a todos los países, sobre todo a los débiles, dejando tan polarizada la opinión de los norteamericanos que muchos desean que surja un buen liderazgo de la oposición, algo así como un “mesías”.
Este sustantivo nos recuerda en estas épocas de recogimiento católico, el surgimiento y vida de un líder que tuvo un trágico final. El que se mete de redentor acaba crucificado, reza el refrán que me hizo pensar no solo en el profeta que hace más de dos mil años fue cruelmente crucificado, pero también en la política de hoy donde surgen políticos que prometen lo evidentemente incumplible, aunque sea difícil o imposible de hacerlo realidad, pues la figura del engaño es clave para una buena campaña política, desgraciadamente.
Da votos
Eso da votos pues el ofrecer no empobrece, el dar es lo que aniquila, dice otro refrán. Es claro que la gente los apoya como al billete de lotería, es decir, como si fuera algo que milagrosamente solucione sus pesares o carencias.
La política de tiempos ancestrales no ha cambiado, pues si hoy leemos el Arte de la guerra del chino Tsun Su, o el Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, nos daremos cuenta que poco o nada a variado en el concepto de la realidad política.
Para tratar de hacer una analogía estas épocas nos recuerdan cómo fue enjuiciado injustamente un líder y nadie lo defendió, pues sus allegados, temerosos, no clamaron su inocencia.
Empieza humildemente a reclutar a gente, muchedumbres auténticas solamente con el don de la palabra y convencimiento natos. No invirtió grandes cantidades de dinero o riquezas (como se estila hoy por hoy para los políticos en todo el mundo), que por supuesto carecía de ellas, pero gentíos y sobre todo pobres y desvalidos lo siguieron, pensando y creyendo que era el mesías esperado, o sea El Salvador.
Estilos de control
Para esas épocas los romanos, dueños del mundo conocido, dominaban Judea, pero su estilo de control era dejar a los líderes religiosos íntegros y a los políticos bajo su yugo, casi como el gobierno títere de Vichy en la Francia invadida por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
No les cambiaban la religión a los colonizados como sí lo hicieron los españoles en su época dorada de conquista de América latina bajo la espada sangrienta de la Santa inquisición en esos tiempos.
Herodes, jefe político, estaba a las órdenes romanas cuyo emisario y jefe político de la región era Poncio Pilato. Resulta que el hombre pobre y pequeño afectó en su propaganda a gente muy importante, de hecho a muchos políticos judíos y líderes religiosos y otros fuertes mecenas, ocurriéndole lo que le pasa a los buenos y bien intencionados líderes que al final tienen fin trágico e indebido final debido a traiciones y veletazos, chapulineos y todo lo de moda actualmente en la política.
Entonces sucedió lo que hasta hoy pasa, gente inconforme, religiosos y políticos en su mayoría, se sienten y son tan afectados que buscan remedio a la situación Eliminar al origen de todo esto, de golpe y porrazo.
La traición
Sobornan, cohechan o lo que haya sido a Judas Iscariote, de los discípulos más cercanos al humilde pero gran líder revolucionario, y la traición se da, entregándolo a sus perseguidores, las autoridades romanas.
El jefe romano, Pilatos, se da cuenta que este pobre y humilde líder no tenía más que la fuerza de las multitudes que en él creían y no tenía mayor culpa que predicar el amor al prójimo y muchas cosas más.
La situación se tornó delicada pues se estaba transformando en un futuro mártir, peligroso para el control de un pueblo tan revoltoso e inquieto que eran (o son) los judíos y podía poner en riesgo la estabilidad social de la región.
Hasta su esposa lo presionaba en el sentido de la protección a ese hombre bueno y sin culpa que corría el riesgo de ser juzgado y sentenciado, injusta e indebidamente a algo atroz.
Poncio, en un acto público, se lavó las manos en señal de tenerlas limpias en la solución del dilema y posteriormente les propuso: “cada año puedo liberar a un preso y les propongo que ustedes mismos escojan entre dos a quién soltamos”, poniéndoles la bola, en términos beisboleros, en su propio campo.
Ahora los acusadores, tendrían que tomar la decisión a todas luces clarísima pero sumamente delicada políticamente. Y escoge a otro preso, Barrabás, cruel asesino de romanos considerado un héroe para muchos para ser el otro candidato a la salvación a petición del pueblo, su propio pueblo.
Dinero
Solamente que no contaba que estas grandes decisiones aparentemente salomónicas afectan a gente y tipos de relevante importancia quienes estaban afectados o lesionados en sus intereses por el pobre predicador pues perderían lo más querido indebidamente por muchos líderes: dinero y riquezas.
Se da el día del juicio, pero los políticos y religiosos que se sentían afectados por los motivos ya planteados arman un auténtico circo de paleros acarreados, pagados u obligados, para pedir que se condene al inocente.
Increíblemente la muchedumbre visiblemente acarreada y aleccionada acude y al escuchar “A quién quieren que libere, al predicador o a Judas”, siendo tan evidente la respuesta, ocurre lo insólito, “¡Libera a Barrabás!”, respondió el conglomerado increíblemente, aunque de esta forma condenaban a alguien por demás inocente.
Aun así había la posibilidad de que se salvara el pobre carpintero de Nazareth y Pilatos infiere a la muchedumbre ¿Y ya que ustedes decidieron, qué hago con él? Y el multicéfalo enloquecido respondió: ¡Crucifícalo!
El inocente, sin culpa debidamente comprobada, fue condenado a la más sangrientamente de las muertes de esa época de dominio romano, la cricifixión, que se dio en el monte calvario precisamente al lado de dos ladronzuelos, Dimas y Gestas y como diría Ripley, aunque usted no lo crea.
El mismo pueblo que necesitaba a un Mesías lo condenó a una muerte horrenda. Así pareció acabar la historia de un gran líder carismático que sin dinero y solo con el don de la palabra y el amor al prójimo no fue defendido en el momento justo.
Olvido
Lastimosamente esto puede ocurrir nuevamente pues la mente olvida, como parece que el día de hoy se nos han olvidado los estragos de grandes guerras como la primera y la segunda mundial. Aunque a Trump podría parecer que lo anterior lo tiene sin cuidado. ¡¡Aleluya!!, ¡¡Aleluya!!— Chicxulub, Progreso, Yucatán.
Correo: condeval1@hotmail.com
*Ingeniero, maestro en Dirección y Políticas Públicas.
