Supongamos que todos coinciden en que en el país el grave problema es la educación, tema ya tratado y explicado, que no es como descubrir “el hilo negro”.

El origen del problema se puede gestar en la escuela o en el hogar, pero buscar la solución del mismo dista mucho de haberse logrado.

Los países desarrollados de los últimos tiempos han logrado su crecimiento y avance de diversas formas. Algunos de golpe y porrazo, por decirlo en forma coloquial, y otros luego de varios años o décadas. Tienen mucho que ver las culturas, idiosincrasias y el país mismo, pues como ejemplo de lo anterior tenemos que, si quisiéramos convertir a todos los países en demócratas o a profesar la misma religión, no sería lo mismo en todos los casos ni llevaría el mismo tiempo hacerlo, como ocurriría con un país grande como China o en otro más pequeño y de menos habitantes como una Guyana o El Salvador.

¿Cual método o proceso utilizar? Ahí está el detalle, como diría “Cantinflas”, pues aún no se le ha hallado la solución al problema y más bien se le buscan problemas a la solución.

Para esto los medios de comunicación se han convertido, muchos de ellos, en desinformadores, donde nos nutren (sobre todo los pasquines o las redes sociales) de lo que les interesa que uno crea.

Hace unos 30 años ocurrió la explosión de redes sociales, ergo desde 1997 Andrew Weinreich crea Six Degrees. Ahora ellas y su impacto casi dirigen el pensar de la mayoría de la población que tiene acceso a ellas.

La política ha sido víctima o aliado del asunto. Si hoy existiera un partido político con un líder bueno y pulcro, seguramente avanzaría, pero hasta que los intereses lo dejen y entonces lo ataquen ferozmente por medios diversos o fácticos y luego terminará en la lona. O bien, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, acaba corrompiéndose o se termina su carrera política.

Casi nadie ha salido impune de lo anterior, aunque debe haber honrosas excepciones. Esto se parece a lo que ocurrió en la poesía de Los Motivos del Lobo (Rubén Darío), donde la “bestia temerosa” convencida por San Francisco de Asís de abandonar sus actos criminales se acostumbra a convivir con el ser humano, pero al tiempo de hacerlo humildemente, acaba siendo apaleado, y regresa a ser fiera salvaje.

Los gobiernos, desde su origen moderno, no solo están para buscar la seguridad de su pueblo, pues también deben tener los principios básicos de un buen gobierno, que son la misma seguridad, la salud, la educación y el trabajo.

En nuestro país hemos padecido de ello, en el sentido de que la educación se enfoca en lo que el gobierno quiere. Recuerdo a un estimado tío (Ing. Emmanuel Conde O.) que en la carrera de ingeniería nos impartía una materia muy interesante por cierto, que se llamaba Recursos y Necesidades de México, lo que la mayoría (matemáticos al fin ) consideraba clase de “grilla” o política, en la historia del país.

En una de sus cátedras dijo: “Miguel Hidalgo no es el padre de la patria”, todos sentimos eso como una blasfemia. Al explicarlo, la mayoría le dimos credibilidad o al menos el beneficio de la duda.

Hidalgo tenía como lema “Abajo el mal gobierno (de la España Napoleónica dominada por los franceses) y arriba Fernando VII”, nunca dijo arriba México o los mexicanos, lo que sí dijo Morelos sobre todo al escribir los sentimientos de la nación.

Para esas épocas el clero era casi gobierno, y para reforzar el respaldo popular tenía de estandarte a la Virgen de Guadalupe, algo parecido a lo que ocurrió durante la rebelión de la guerra cristera décadas después, ya en las épocas del general Calles.

La falta de información o educación hacía que la mayoría de los pobladores siguiera los liderazgos de esos tiempos, aunque no sabían a ciencia cierta por qué lo hacían, pero lo aplicaban de forma suicida.

En la época de la revolución ocurrió prácticamente lo mismo pues un pueblo de mayoría humilde, analfabeta y, por ende, ignorante, seguía a todo aquel que le “daba cuerda”, como el ídolo Pancho Villa que, sin menospreciar su valentía o logros, empieza como un cuatrero y acaba como un líder nacional. Pero en los libros de texto no se mencionaba la labor que tenía un gran artillero diseñador de las batallas donde “El centauro del norte” triunfó, que era el general Felipe Ángeles, experimentado en la práctica y la ciencia militar, que logró que tuviera gran éxito. Todo gracias a su educación militar tanto en el país como en el extranjero.

El caso es que en el México de hoy seguimos padeciendo de falta de preparación cívica y política del grueso de la población. Y la mayoría en vez de escoger a quien se compromete al desarrollo de todos por la vía correcta, acaban muchos vendiéndose al mejor postor, al que ofrece que dará más, aunque fueran sueños guajiros. Surgen debilidades del ser humano por la falta de preparación completa.

El meollo del asunto es no solo ser un buen médico o licenciado o lo que fuere su profesión, sino tener conocimientos generales, históricos y políticos del mundo o cuando menos de las comunidades cercanas o inmediatas, del propio hogar o de comisarías o municipios, en términos regionales.

Eso se logra con vocación que solo da la cultura educativa en términos generales. Debemos cultivar el intelecto en temas generales como el comportamiento de la sociedad o el calentamiento climático, pues al final a nosotros o a generaciones futuras nos afectará.

No se trata de conversiones religiosas o filosóficas, pero el que es ateo que lo sea, siempre y cuando sea una persona de bien, como el fundador del escultismo, Baden Powell, que solo sugería cosas correctas para la supervivencia de uno y del prójimo.

Evidentemente no se trata de escribir un rollo adoctrinador de ninguna forma, pero pedimos a nuestros líderes y gobernantes que no solo busquen su beneficio personal, eso seguro lo tendrán, pero la opulencia, el arribismo, la codicia, y otras calamidades del ser humano se lo prohíben a la mayoría.

Como Porfirio Díaz, un indio oaxaqueño de origen, que al final de su gobierno más parecía un noble o general francés que otra cosa. Pugnemos porque nuestros líderes políticos y sociales no caigan en eso, pues al final lograrán gobernarnos con nuestro propio sufragio.

No le temamos al socialismo, al capitalismo, o a la monarquía, por decir algunos tipos de gobierno, pues las masas humanas mueven al mundo a fin de cuentas como lo demostró Mahatma Gandhi o La Primavera Árabe por citar algunos ejemplos.

Solo lograremos avances siendo todos equilibrados en nuestra forma política de pensar. La reforma a la ley en materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión podría ser positiva si regula el libertinaje de los medios y sobe todo de las redes sociales, donde hay de todo y mucho de su contenido puede ser perjudicial sobre todo para la juventud mexicana, pero puede ser terrible si se aplica como mordaza, o con el fin de persecuciones políticas o atentar contra la libertad de expresión.— Mérida, Yucatán.

condeval1@hotmail.com

Ingeniero, valuador, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas públicas.

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