Carezco de cartas credenciales para compadecer a alguien.
Yo soy quien necesita ser compadecido por mis innumerables fallas de pensamiento, palabra, obra y omisión. Soy como el tipo aquel que fue a confesarse. El cura le preguntó: “¿Qué pecados tienes?” Respondió el individuo: “Quite el de no matar, y anóteme uno en todos los demás”.
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