Así es, el periódico de la vida peninsular llegará como tal a una centuria el 31 de mayo de 2025, ya muy cercano. Fecha significativa para la vida de los yucatecos por tratarse de un órgano garante de la libertad de expresión al informar la verdad de los acontecimientos locales, nacionales e internacionales.
Ante la ausencia de una auténtica división de poderes, el Diario asumió esa responsabilidad con sus señalamientos oportunos de corruptas irregularidades en el servicio público. Aun con persecuciones y amenazas constantes, Don Carlos R. Menéndez González, luego sus hijos y nietos, jamás cejaron para seguir con su línea editorial reconocida en todo el país como la verdadera prensa libre y eso se debió también al apoyo de sus muy numerosos lectores.
Hoy la prensa libre del mundo está amenazada, pero en tanto haya un público lector demandante, el Diario, 100 años después, seguirá circulando sin perder su esencia, aunque ajustándose a los tiempos modernos para desenmascarar a los poderes de jure que no cumplen con honestidad su función democrática.
Los gobernantes le temían —y le temen— porque nunca lograron acallarlo ofreciendo prebendas, ni con amenazas a través de su existencia, siempre resurgía como el Ave Fénix y se volvió de indispensable lectura en la sociedad yucateca, porque develaba lo que los gobernantes con su partido oficial trataban de ocultar, porque el periódico, con ética y responsabilidad, gozaba de credibilidad y se expresaba en sus grandes tirajes, de los más importantes en la República.
En tanto gobernantes emanados del PRI trataron evitar la edición y circulación del Diario, el pueblo lo buscaba desde el amanecer para estar bien informado.
Para nosotros los viejos la vida es como una película que vemos una y otra vez porque nos impactó. El Diario ha sido como un ombudsman, que actuó desde siempre como intermediario entre las instituciones gubernamentales y los ciudadanos, haciendo denuncias públicas para la corrección del rumbo, aunque no siempre lo logró porque los poseedores del poder retuercen las leyes a su favor, sin embargo, se fue creando conciencia en su cotidiano informar.
En la rebeldía del pueblo yucateco contra el régimen priista, en distintas épocas, vemos la participación concienciadora del periódico de la vida peninsular. A veces me pregunto lo que sería de nuestra entidad sin su existencia. Seríamos como otros estados donde la prensa está totalmente controlada y los habitantes en el limbo.
En el trayecto de vida, con ya casi 73 años, veo esa película imaginaria y recuerdo cuando en la infancia, mi abuelo Higinio Gutiérrez Coronado me leía las tiras cómicas en jueves y domingo, allá en Espita. Luego aprendí a leer y lo hacía solo, me interesaban las crónicas de béisbol con sus series mundiales, el boxeo, los toros y el fútbol con el Necaxa porque en ese equipo jugaba Agustín “el Yuca” Peniche, hijo de espiteños.
Me convertía en asiduo lector, leía de principio a fin las ediciones, hasta la sección de aeropuerto para enterarme de los viajeros, las líneas aéreas, los sucesos de policía, las cartas y telegramas rezagados y profundizaba en todo aquello que despertara mi interés.
Como estudiante de la primaria acudía los sábados y domingos a la estación del ferrocarril para esperar la llegada de Diario, era un paquete mucho más grande que el de los de los otros periódicos. Traía en medio unos rollos con los nombres de los suscriptores, entre ellos estaba el del abuelo. La gente se arremolinaba para satisfacer la necesidad de enterarse de los acontecimientos; Espita era, como muchos, un pueblo aislado.
Me permitía abrir aquel rollo y me iba de inmediato a la página deportiva, que era la última, leía a Juan Brea con sus hilarantes metáforas, a Eladio Secades con su Ensalada de Ten Cents, los resultados de diferentes deportes.
Recuerdo mi motivación por saber los detalles de la pelea entre Cassius Clay, luego Mohamed Alí, contra el terrible Sony Liston, y el joven que “volaba como mariposa y picaba como avispa” que derrotó al feroz campeón mundial. Nacía una leyenda. También cuando Los Dodgers barrieron a los poderosos Yanquis en cuatro juegos con la gran labor de sus lanzadores.
Años después veía a la gente desesperada por adquirir un ejemplar de Diario, era por los viajes alrededor de la Tierra y luego de la Luna, con fotografías poco nítidas desde el espacio exterior, pero era una maravilla aquel acercamiento a nuestro satélite natural.
En ese recorrido reminiscente aparece el maestro de Español en la secundaria, Gabriel Heredia Cervera, quien nos pedía para los jueves llevar la Página Editorial del Diario para leer y comentar durante la clase. Domingo Couoh Vásquez, Conrado Zuckerman Duarte, entre otros, eran los favoritos. Leíamos y comentábamos, hallábamos en los diccionarios las palabras desconocidas, que eran muchas y realizábamos los resúmenes correspondientes. Magníficas aquellas clases para lograr la comprensión lectora e iniciarnos en la comunicación escrita.
Cuando estudiante en Mérida tuve la oportunidad de dar seguimiento a la lucha entre el PAN y el gobierno del Estado y puedo testimoniar algunas acciones y agresiones. Se vivía una especie de fanatismo por Correa Rachó, quien luego, por un monumental fraude, no llegó a la gubernatura. Todo se señaló en el Diario.
El asesinato del asesor sindical Efraín Calderón Lara y el de los presos que salieron vivos de la penitenciaria y luego aparecieron muertos fue publicado con todo valor por el Diario.
Mucho más debe incluir esta película del recuerdo y sintetizo la importancia de nuestro periódico para mi formación como persona. Por eso brindo diciendo: ¡Larga vida para el Diario de Yucatán!— Mérida, Yucatán
Escritor
