Cada ciclo calendárico nos proporciona la ocasión para celebrar y evaluar, y pocas ocasiones son tan trascendentales como la de realizarlo cuando se cumple un centenario.
Cien años de vida, cien años de tinta y papel, cien años de historias contadas.
Sin duda, la celebración por una centuria de aniversario conlleva una gran importancia y manifiesta un legado, una tradición que se ha institucionalizado, convirtiéndose en parte del ADN de la vida peninsular.
Lo más fácil es decir cuántos años se cumplen, pero la pregunta obligada, la que resuena en las redacciones y en las mentes de los lectores, es si se continúa actuando con los principios que dieron origen a una empresa cuya función es la de comunicar el diario acontecer.
En el caso de Diario de Yucatán, la respuesta vibra con la fuerza de un titular inquebrantable de ocho columnas.
El Diario, como le decimos coloquialmente, ha sido a lo largo de este siglo, un baluarte innegable y goza de una aceptación y credibilidad tal, que su posicionamiento le ha permitido mantenerse firme, a pesar de los avatares de los tiempos políticos y económicos.
Testigo y narrador
Ha sido testigo y narrador de revoluciones, de bonanzas y crisis, de momentos de alegría y de profundo dolor, siempre con la mirada puesta en la verdad, o al menos, en la búsqueda incansable de ella, con la polémica que pueda generarse y a pesar de ella.
Para quienes hemos tenido la suerte de poder manifestar nuestras ideas y ensayos a través de sus páginas, el Diario ha fungido como una plataforma distinguida, un púlpito de papel para la difusión de pensamientos y debates, y en ese punto, es inevitable evocar anécdotas que hoy, a la luz de este centenario, cobran un matiz entrañable.
Recuerdo vívidamente el comentario que me hiciera mi papá: “No cualquiera escribe para el Diario”
Me lo dijo cuando, de niño, le pregunté por qué leía con tanta atención las editoriales del periódico, ya que, en aquellos tiempos lo que realmente me interesaba eran las tiras cómicas que salían en otra sección.
La seriedad de las páginas de opinión contrastaba con la ligereza de mis intereses infantiles, pero la autoridad en su voz al hablar del Diario ya plantaba una semilla.
Hoy, al paso del tiempo, estoy seguro de que mi padre estaría inmensamente contento de ver que ha sido posible estar entre aquellos “no cualquiera” a quienes él se refería con tanto respeto.
Y sí, las tiras cómicas, esas que alguna vez acapararon mi atención, han pasado a segundo plano, sustituidas por mi interés en la caricatura política, una forma de arte que, en el Diario, ha sabido ser siempre perspicaz y punzante.
Un siglo es mucho más que una suma de años es la acumulación de experiencias, la construcción de una identidad colectiva es la prueba de que un medio de comunicación puede trascender las épocas y convertirse en un referente indispensable para una sociedad.
En este primer centenario, la celebración no es solo por el logro de una empresa, sino por la persistencia de un compromiso: el de informar, analizar y, sobre todo, el de ser un espejo fiel de la vida de Yucatán.
Mark Twain apuntó: “Un periódico es un espejo de la vida de una nación; es el reflejo de sus virtudes y sus defectos”.
En el caso de nuestra península, el Diario ha cumplido con creces esa función, reflejando con agudeza y compromiso el pulso de nuestra gente, nuestras luchas y nuestras esperanzas.
Así, mientras el sol de cada amanecer ilumina las páginas del Diario, renovamos la esperanza de que su tinta siga fluyendo, llevando consigo la voz de la península por cien años más y más allá, marcando el pulso inquebrantable de nuestra historia con la misma pasión y credibilidad que lo han caracterizado desde su fundación y durante este primer y glorioso siglo.
Con mis sinceras felicitaciones por este primer centenario, va mi profundo agradecimiento por el espacio brindado y por la oportunidad de ser parte de esta centenaria historia.
Corolario: ¡Que vengan muchos siglos más de tinta y verdad!— Mérida, Yucatán
Correo: ingenieroalfonsogonzalez@gmail.com
X (antes Twitter): @alfonsoengineer
*Consejo Mundial de Ingenieros Civiles (WCCE). Consejero Asesor
