Después de la pandemia, seríamos mejores. ¿No era ese el sentimiento que nos consolaba del distanciamiento social? El modelo neoliberal había sido herido de muerte evidenciando de la manera más descarnada y cruel la naturaleza de sus desigualdades. Con la crisis sanitaria, la humanidad había entendido que la solidaridad y no el individualismo, era el camino a seguir en la construcción de sociedades más prósperas e igualitarias. Esta profunda reflexión generó cambios inusitados hasta en las políticas económicas de los países de corte más liberal. Eran tiempos difíciles para un neoliberal.

El coronavirus minó para siempre la credibilidad y el sistema de valores del neoliberalismo. Pero, ¿qué nos pasó después? ¿Dónde quedó ese sentimiento colectivista que nos haría superar las profundas contradicciones de nuestro sistema?

Después vino la vida misma, con todo y sus vicisitudes.

En la ciencia política se establece que toda revolución conlleva una contrarrevolución. Y así como en la pandemia se articularon nuevas oportunidades de reformar nuestras sociedades, también germinaron nuevas formas de dominación.

Bajo la excepcionalidad de la crisis sanitaria, la transición del capitalismo análogo derivado de la revolución industrial hacia el capitalismo digital del big data y la inteligencia artificial fue mucho más vertiginosa, complejizando en su sofisticación las formas de dominación del sistema capitalista. ¿Para qué explotar al sujeto en contra de su voluntad cuando puede hacerlo por sí mismo? Todo esto incluso bajo la coartada de la libertad.

La inteligencia artificial, la automatización, los algoritmos, le permitió al capitalismo digital la creación de ecosistemas interconectados donde la data es su elemento vital ya que le permite orientar, influir, personalizar los intereses y formas de consumo del sujeto.

Con la entronización del capitalismo digital, las neurociencias y la psicología se convirtieron en activos fundamentales para las luchas de poder de la dominación. Señala Marcos Roiman: “Se abría una nueva dimensión en la guerra psicológica. Controlar y dirigir el miedo, la ira, la alegría, la aversión y sobre todo el dolor”.

¿Es casualidad que términos como inteligencia emocional y resiliencia se hayan popularizado tanto? Para nada. Se trataba de reconvertir emociones en comportamientos sumisos acordes al sistema capitalista.

Roiman establece que el capitalismo digital (como modo de producción) se traduce en un tecnolibertarismo neoliberal (como sistema de valores) que busca pasar de la explotación a la autoexplotación. Byung Chul Han afirma: “no opera (el tecnolibertarismo) de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor.

Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Seduce en lugar de prohibir (…) no nos impone ningún silencio: nos exige compartir participar, comunicar nuestras necesidades, deseos y preferencias. La presente crisis de libertad consiste en que estamos ante una técnica de poder que no niega o somete la libertad, sino que la explota”.

A través de la dependencia digital y bajo la apariencia de libertad estamos ante un control de las emociones y sentimientos. Chat GPT sabe más de ti que tus padres o tus amigos.

Adorno planteó que uno de los rasgos de la personalidad autoritaria era la antiintraceptividad: la incapacidad para la abstracción, la reflexión, la introspección y el pensamiento crítico. Es así que en el desarrollo del nazismo, el pueblo alemán decidió entregarse a un poder totalitario donde se sentía cómodo y protegido. La sumisión se transformó en consentimiento.

Esta antiintraceptividad es una característica que podemos observar nítidamente en las sociedades de nuestra época. Solo que esta vez la dominación no proviene explícitamente de un Estado sino de empresas privadas, sino emporios tecnológicos que ejercen su coacción de forma soterrada. Asistimos al genocidio del pueblo palestino en tiempo real, pero parece que ya nada nos sorprende. En un mundo donde impera el caos y la incertidumbre (tampoco es casualidad que la ansiedad sea la enfermedad de nuestro tiempo) es mejor refugiarse en la comodidad del algoritmo.

Despabila corazón, que el horror amanece; y desconfía de todo aquel que te hable de libertad y emociones.— Mérida, Yucatán

Psicólogo

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