Editorial

“La avaricia rompe el saco” – (refrán popular)

Chespirito fue un personaje histórico en la comedia mexicana, protagonizado por Roberto Gómez Bolaños.

Sus programas eran de la más amplia concurrencia y sus guiones eran muy entendidos por la comunidad de México y de toda América Latina. Sus personajes tenían frases célebres como la de “síganme los buenos”, o la de “lo sospeché desde un principio”, que usa mucha gente ante una interrogante dando a entender que lo pensó pero no lo dijo o no lo hizo (lo cual creo lo hace más tonto pues sí lo sabía y no actuó), y cuando no quedaba nada por hacer alguien decía ¿Y ahora, quién podrá defendernos?” Y aparecía el protagonista del Chapulín colorado con un mensaje salvador, y muchas otras frases más por parte del protagonista y los demás personajes de sus diversas creaciones como El chavo del 8.

Lo anterior viene a colación para recordar el comportamiento de la humanidad. Los humanos no somos máquinas pues tenemos sentimientos buenos como la amistad, la nobleza, la honradez, y negativos como la mentira, la traición, la envidia, etc.

Al vivir en conjunto, se comienza a sentir el costo de la colectividad al haber disputas y diferencias por asuntos de toda índole.

Primero se buscaba un líder que vigilara la seguridad ante las agresiones de otros grupos como tribus, etnias, aldeas, etc. Después, y al seguir el crecimiento de la población y su desarrollo, hubo que elaborar reglas de comportamiento dentro de la colectividad o para pertenecer a ella. Y así se crean a través de los años las figuras de líderes de tribus o comarcas, o señores feudales y posteriormente emperadores, reyes, príncipes, dictadores y gobernantes de todo tipo.

El mundo nunca escapó de las invasiones, guerras y otras agresiones movidos siempre por el interés económico o poder. Y en casi todos los conflictos existía la mentira o perfidia como herramienta militar.

En la II Guerra Mundial, como en muchas otras a lo largo de la humanidad, el engaño o perfidia fue característico desde tanques de guerra inflables en estrategias bélicas, pasando por traiciones o diplomacias totalmente pérfidas, como ocurrió en los albores del sorpresivo ataque a Pearl Harbour, donde un diplomático japonés asiste a reuniones de diálogo y días después, sin declaración de guerra o aviso alguno, se desencadena la batalla que dio pie a la entrada de los norteamericanos a la guerra.

Al final de la guerra y con la victoria de los países aliados, éstos diseñan como fórmula para tener un árbitro internacional a la ONU, con sede en Nueva York. Los aliados victoriosos del mencionado conflicto bélico fueron encabezados por Estados Unidos, que prácticamente se erigieron como los policías del mundo.

Posteriormente se crean alianzas como la OTAN para los del frente occidental y El Pacto de Varsovia para los del frente oriental. O sea la “precaución “y el miedo seguían latentes. En tiempos modernos se desintegra el bloque soviético y los países pasan de pertenecer al Pacto de Varsovia a incluirse en la OTAN, dejando casi solo a su país aliado, o sea Rusia.

En 2022 Rusia invade Ucrania debido a las claras intenciones de Ucrania de pasarse a la OTAN y, desde el punto de vista ruso, eso era como tener al enemigo casi en sus propias narices, lo que lo orilla a la intervención militar en contra del país vecino.

La ONU, como es costumbre, pide congruencia y condena la agresión, pero nada más. Entra en acción el país que se ha erigido como el policía o juez del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica, que más bien ha demostrado en la historia que es juez y parte, pues actúa siempre con algún motivo en particular y prevaleciendo su propio interés sobre el de los demás. Como en el actual caso del conflicto entre Israel e Irán, donde no se define si actúa como árbitro o como contendiente. Por un lado da un plazo de dos semanas para participar activamente en el conflicto, pero con la misma lanza un ataque sorpresa sin decir “agua va”, recordándonos el episodio del ataque a Pearl Harbour. Se había lanzado un mensaje de cortesía o paciencia militar, pero ocurrió algo similar como cuando el lobo en los cuentos le dice al conejo “sal de tu guarida que no te voy a comer”, y ya sabemos el resultado final.

Si vemos el caso de México, vecino del sur, donde la animadversión de muchos políticos hacia nosotros se ha exacerbado, tachándonos de bárbaros y criminales, y donde la belicosidad de su dirigente queda más que demostrada, surge la inquietud de qué ocurriría en caso de surgir un conflicto. ¿Intervendría la ONU con todas sus fuerzas para defender a un país a todas luces más débil que el rival ? ¿Recurrirían al policía del mundo? No se podría porque estaría ocupado armando guerras por todos lados (incluyendo ésta, hipotéticamente hablando).

Se ha intervenido en otros países bajo el pretexto de proteger la democracia y la paz y concordia mundial, como la guerra de Corea en 1950, Vietnam en 1955, la invasión a Granada en 1983 o a Panamá en 1989, y otros sucesos más pero los conflictos siguen.

La fiscal general de EE.UU., Pam Bondi, ha declarado que México está en la misma lista de enemigos de su país, así como lo está Iran, Rusia y China. Si una agresión al estado de derecho ocurriera en nuestro país, que coquetea políticamente con otros como Cuba, Venezuela o China, y los policías y defensores de la humanidad son juez y parte, surgiría la pregunta que nos recuerda a Chespirito: ¿Y ahora, quién podrá defendernos?

Conclusión:

Mexico por ejemplo posee una cantidad de leyes y normas que consideran hasta el estado de indefensión. El problema a veces es el “dedo” juzgador”. Los jueces y todo árbitro nacional o internacional deben actuar sin presiones o tendencias sesgadas para favorecer a alguna parte. El equilibrio y la neutralidad en los criterios y decisiones deben prevalecer. Aquí y en China.— Mérida, Yucatán.

condeval1@hotmail.com

Ingeniero, maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas

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