En el Bar Ahúnda una sílfide cuya profesión podía adivinarse a simple vista se acercó al parroquiano que bebía en la barra y le ofreció sus servicios. Estaba en la hora feliz, dijo. Si el cliente lo deseaba podía gozar dos por el precio de uno.
El hombre rechazó el ofrecimiento. Declaró: “Podrá parecerte raro, pero hice voto de castidad hasta que encuentre a la mujer ideal”.
Has llegado al límite de notas gratuitas, para seguir leyendo…
¿Ya estás registrado o tienes una suscripción? Entonces Ingresa aquí.
Crea una cuenta, es gratis y
podrás leer 5 notas más.
Suscríbete a nuestros planes
y obtén acceso ilimitado.
