Armando Fuentes Aguirre "Catón"
Armando Fuentes Aguirre "Catón"

El señor Pifano había bebido competentemente, lo cual no le impidió gozar la compañía de una obsequiosa damisela. Terminado el consabido trance el casquivano caballero se vistió presuroso y tomó el camino a casa. Su mujer lo recibió con actitud beligerante. Hosca, en un silencio que presagiaba tempestad, lo vio desvestirse para meterse en la cama a dormir la borrachera. “¡Oye! —le preguntó hecha una furia—. ¿Y tu ropa interior?”. ¡Al tarambana se le había olvidado ponérsela! Un súbito relámpago, no obstante, le iluminó la mente. “¡Santo cielo! —exclamó con fingida consternación—. ¡Me robaron!”.

En mi casa de niño había libros. Eso explica lo que ahora soy. El hogar en que nací era de condición humilde. No diré que pobre —sería exagerar—, pero mi padre, modesto empleado de oficina, ganaba apenas lo suficiente para la manutención de su familia.

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