A casi un año del gobierno de la primera presidenta de México, aún no podemos decir algo como en los países monárquicos: Muerto el rey, ¡Viva la reina!
Sigue vivo el rey, pero supuestamente oculto con parte de su familia en un “ranchito” que por nombre lleva una expresión muy mexicana y popular del lenguaje vulgar. No se ve a sus hijos, antes tan activos en la vida pública, quizá temerosos por algo que deben, sobre todo a un monstruo llamado Tío Sam encargado de hacer las aprehensiones donde el gobierno de México ha sido omiso, para decirlo suavemente.
Los mirreyes de hoy, connotados “cuatroteistas“, derrochan el dinero procedente del erario –nuestra hacienda– en los lugares más exclusivos de mundo, excepto los norteamericanos por sospechosas razones. ¡Vaya austeridad Republicana! Solo existe en el discurso.
Somos, en los hechos, una República Imperial, Cesarista, que por el comportamiento de sus élites dista mucho de la austeridad juarista que tanto presumen y que solo se refleja en los recortes presupuestales que impiden dar mejor atención a los grupos más vulnerables, sobre todo en los sistemas de salud, por citar tan solo un sector tan importante.
¿Qué salida hallarán a las muy expuestas complicidades del líder senatorial Adán Augusto López Hernández con Hernán Bermúdez, presunto líder del grupo criminal La Barredora? Pringa muy feo al morenismo y parece dar razón a lo que se ha informado desde el vecino país del norte con acusaciones muy severas al gobierno mexicano con organizaciones “non sanctas”
La gran corpulencia que conforma llamada 4T, ya empieza a fisurarse en su interior. Algo muy normal en el ejercicio del gobierno, además, aunado al gran desencanto por no cumplir con las esperadas promesas de campaña y, ante todo, el combate a los grupos delincuenciales, porque sus estrategias selectivas no muestran contundencia, según las noticias diarias que aterran, en lugar de transmitir confianza.
Nos dicen siempre que las crisis son áreas de oportunidad para generar cambios positivos en el mundo de las empresas, la política, la vida personal, etc. Es cierto, pero los cambios no son gratuitos, no caen del cielo, hay que actuar empezando con la planeación inteligente sin improvisaciones, decisiones firmes sin titubeos y perseverancia perenne.
La presidenta Sheinbaum no puede avanzar, está cooptada por los emisarios del pasado inmediato, pero si es que pretende liberarse del dogal que le colocan desde los rumbos de Macuspana, le resulta imperativo no desaprovechar esta coyuntura que involucra a sus amigos y a la vez rivales ensuciados por la tramposa corrupción. Es su oportunidad para tener el control del país y demostrar la fuerza del poder presidencial y que no es una “juanita”, porque posee los arrestos para hacerlo.
Muchas veces hemos percibido que la realidad supera a la ficción, porque en los cuentos y novelas las ideas no aparecen de la nada en la mente de los escritores. Algo han vivido, leído, escuchado o tiene un origen onírico en lo que se escribe. Por aquella razón insisto en lo que en otras ocasiones he comentado en estas páginas del Diario y es acerca de la obra El Padrino, de Mario Puzo.
El Don Corleone nos da una especie de tratado de la política de Cosa Nostra –es mí perspectiva– y nos hace pensar que aplica entre nuestra clase política, tal vez en todos los lugares en sus tiempos y espacios. En esa novela, llevada magistralmente al cine, cuando la familia Corleone vive la mayor crisis en su existencia, el joven Michael, el menor de los hijos, pudo desarticular a los enemigos y acabarlos al ejecutar un plan muy bien concebido con sus leales seguidores. El nuevo Don, no solo los acabó, sino incrementó el poder familiar. Al igual que en la novela de marras, no se lucharía contra blandengues enemigos.
No debe ser con más asesinatos, como en aquella política rupestre del México Bárbaro, solo se requieren nuevos roles con los diversos grupos para poder ejercer el poder que le otorgó el pueblo en una gran votación, no para actuar como interpósita persona del que siente ser un iluminado
Solo así podrá ejecutar sus propios planes de políticas públicas y no seguir casi con el exclusivo apoyo a las caprichosas obras que surgieron de ocurrencias y que tanto le cuestan al país.
Empiezan a develarse los secretos que la ciudadanía no fanatizada intuía como actos seguros de corrupción a través de lo que los comunicadores formales y las filtraciones informativas, tan frecuentes, nos dan a conocer.
No debe pasar a la historia nuestra presidenta sin controlar las riendas de este México bronco, las feministas del país y del mundo no lo perdonarían. Tiene con qué romper las ataduras, es una mujer inteligente, valiente, echada siempre para adelante y sabrá cómo quiere ser recordada. Al General Cárdenas no le causó escisiones a su gobierno la expulsión del país de Plutarco Elías Calles, jefe máximo de la Revolución. Se fortaleció como nunca y siempre fue respetado por aquella decisión necesaria para que pudiera gobernar con sus políticas progresistas.
El escenario no es del todo desolador para enterrar el pasado y llevar el título de Sra. PresidentA, de jure y de facto. Es duro escribir de esto, pero sería muy triste no hacerlo cometiendo una especie de pecado de omisión ante esta oportunidad de demostrar la igualdad de géneros y que se lleve a México a convertirse en un país moderno, sin gobernar con el pasado imitando modelos fallidos.— Espita, Yucatán
Escritor y docente de políticas educativas
