“Recuerdo que Alfonso Reyes estaba indignado por un juicio más o menos ligero y atolondrado de Ortega y Gasset sobre Goethe. Goethe era uno de los dioses de la devoción de Reyes. Entonces él formuló varias objeciones y yo le dije que por qué no las escribía. Y, entonces él, con genuino estupor, me dijo: —¡Pero ¡cómo voy a polemizar con Ortega y Gasset!—. Yo le dije: —Pero todos sabemos que usted es infinitamente superior a Ortega y Gasset—”. Jorge Luis Borges

Jorge, un amigo pueblerino, como yo, que había venido para estudiar en Mérida, durante una noche en el desaparecido Café Fililí, situado en el antiguo Olimpo, nos manifestó con tristeza que la chica a la que pretendía optó por otro estudiante que le habló bonito. Andaba de copas. Las primas del muchacho, las que daban hospedaje al abrumado amigo, –conocidas nuestras en Santa Ana– muy disgustadas por el menosprecio a su familiar lo hicieron boquear: “Tú no serás un Adonis, pero ese individuo al que aceptó no es feo, simplemente es horrible, mal vestido, maloliente y baboso, todo lo contrario, a ti, lo sé porque cuando lo cortó su novia quiso pegarse a mí con un discursillo muy cursi”, le expresó la mayor de ellas. Luego le preguntaron por el argumento del rechazo. Lo hizo porque soy pueblerino y el otro es citadino, que no soy de mundo, porque es más colmilludo que yo. Le habló bonito y la deslumbró, expresó lleno de coraje y congoja, nuestro amigo.

Lo que nos confió aquella noche no era para compadecerlo y apachurrarlo más. Nuestra “terapia” fue de choque. Él decía que no era tan fácil olvidarla. “Nada es fácil”, le dijo el Motul, que era el mayor de todos. “Empieza por cambiar tu rollo”, le sugirió. En la casa, sus primas le machacaban que no valía la pena, “hay otras”. Jorge reflexionaba todo lo dicho y analizaba sus errores. Empezó a salir con otras chicas, acudía a bailes. Aprendió que ser de pueblo no lo hacía peor. Se volvió un conquistador al reflexionar los consejos y la crítica. Después el problema era aplacar a un nuevo Don Juan.

Teniendo como fondo el frontispicio bellamente iluminado del templo de San José, en mi amada tierra, durante el último martes de agosto, un grupo de amigos locales y visitantes tizimileños, nos reunimos en una nevería para mitigar el calor y disfrutar de ricas champolas, total, una vez al año, no hace daño. Después lo compensaríamos con metformina.

Sin faltar en la tertulia el tema político, hubo quien cuestionó las críticas a Huacho en mis editoriales: Sabía era amigo tuyo, me dijo. Le expliqué el caso de Jorge, antes descrito, con la terapia de choque muy silvestre, pero con su positiva reacción, incluso excedida. No entré en más detalles, sólo dije no estar al servicio de nadie en particular cuando escribo, sin filias ni fobias, lo hago con base en las experiencias, lecturas y observaciones. Ahora, enfermo con delicado padecimiento y sentencia que se aplicará cuando Dios quiera, no tengo filtros para expresarme, excepto los de la buena educación, le respondí.

En el grupo con huachistas apasionados, se expresó que ya aparecían luces al final del túnel. No les agradó otro comentario: sí, parecen luciérnagas muy esporádicas. “Luces al fin”, dijo otro, con cierto sarcasmo.

Solo critican que cante, pero él es así, siempre romántico o que acuda a las vaquerías de los pueblos. ¿Es algo de malo que se sienta parte del pueblo y le agraden las festividades populares? Aquello no es fingido, si hubiese asistido a otros eventos de traje y corbata en grupos popis o poch popis que lo invitan porque es el gobernador, entonces lo señalarían como arribista, como si los críticos no lo fueran.

¿Será que con aquellas críticas opaquen la gran ampliación al puerto de altura como una obra magna para el desarrollo de la entidad? Falta fuerza a su equipo de comunicación social para revertir esos ataques, aun con los perrunos importados del Estado de México. Hay muchos objetivos para destruir atacando por aire y tierra, como dicen en términos bélicos, para que el gobernador sanfelipeño pueda ejercer a plenitud el poder que la ciudadanía otorgó con votación abrumadora. Debe empezar con los judas del gabinete lleno de tricolores y azules camaleónicos; los que les incrustan por el grupo de poder del expresidente y el dúo maligno ya muy señalado en los medios. Muy jocoso, un asistente recordó un programa regional de TV yucateca de los años 60, cuando nuestro paisano Ponso Che decía muchas veces en un comercial para solucionar los problemas en la adquisición de vidrios y espejos: “¡Vamos con chan Millet!” en una cantaleta.

Hay potencial grande en Huacho, sin duda, pero algo le impide ejercerlo a plenitud. Sus amigos de verdad, no sus aduladores circunstanciales, debemos señalar con libertad lo que observamos, por duro que fuese. Tal vez logremos, como con aquel joven del interior del estado, en la época estudiantil, sacarlo de marasmo que lo envuelve y se convierta en un gran líder motivador de su gabinete y aquellos que no jalen parejo o sean titubeantes, nada tendrán que hacer en su proyecto en el que no debe empecinarse en obtener la alcaldía de Mérida para su partido. Lo distraerá y desgastará más en lo que parece obsesión que puede rendirle más fracasos que beneficios. Aun ganando sería ganapierde como sucedió con el gobierno de Angélica Araujo.

Así continuó nuestra tertulia hablando de todo, hasta de box acerca de la próxima pelea del Canelo Álvarez, diciendo que deberían incluir en las preliminares a los senadores Noroña y Alito, debido a que han alcanzado más fama como púgiles que como legisladores.

En eso llegó mi esposa a buscarme, era la hora de mis medicamentos. Me tomó del brazo, acercó mi bastón y nos fuimos a la casa familiar, situada muy cerca.— Espita, Yucatán

Escritor, docente y cronista de Espita

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