Hace casi dos años, asumí el rol de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Yucatán con mucha ilusión y con el objetivo de aportar al fortalecimiento de una justicia más amable, igualitaria y ágil.

No puedo dejar de agradecer a quienes me propusieron y designaron para ocupar ese cargo. He confirmado que la función de una persona juzgadora es muy noble. El servicio público es un excelente espacio para impactar de manera positiva en la comunidad. Para mí ha sido una gran experiencia profesional y de vida.

En materia administrativa, desde el Pleno del Tribunal se impulsaron acciones relevantes en materia de justicia abierta, mejora de la infraestructura judicial, adaptación de procesos en los que intervienen niñas, niños y adolescentes, reestructuración de los planes de capacitación, entre otros proyectos. Mi agradecimiento y respeto para mis pares por su orientación y apoyo.

En el ámbito jurisdiccional, me incorporé a la Sala colegiada civil y familiar para atender, en general, conflictos relacionados con asuntos patrimoniales y con la separación de una pareja, las responsabilidades parentales o la distribución de bienes tras el fallecimiento de una persona.

Mi experiencia durante el primer año permitió sensibilizarme aún más sobre los casos que atendemos las personas juzgadoras y centrar mi atención en las personas usuarias del sistema de justicia. Porque, quienes acuden a un tribunal, no la están pasando bien. Son personas que se encuentran en medio de un conflicto que no pudieron resolver de mutuo acuerdo y, como última instancia, acudieron a un juzgado a encontrar una salida legal. Personas que han esperado varios años para concluir con ese conflicto, en el que muchas veces están involucradas menores de edad. Personas que desean una solución pronta y justa.

De mi paso por la Sala civil y familiar me llevo la relevancia del diálogo respetuoso entre magistradas y magistrados para la discusión y definición de sentencias protectoras de derechos, así como la cercanía que se requiere tener con las juezas y jueces locales, para generar sinergias en favor de la ciudadanía. De igual forma, el aprecio por el trabajo del personal de Sala, pues su colaboración es indispensable para el debido trámite de los asuntos. Finalmente, un enorme cariño por el equipo de trabajo que formó parte de mi ponencia, pues su dedicación profesional y actitud personal permitió que tuviéramos un espacio laboral amable e inspirador.

En el Poder Judicial de Yucatán la mayor parte de las personas que trabajan ahí han construido un noble proyecto de vida y han respondido de manera generosa y técnica, con enorme compromiso por mejorar la justicia local. Me voy con profunda admiración hacia ellas.

Por otro lado, el proceso electoral pasado (más allá de filias o fobias sobre la reforma judicial) me permitió constatar la necesidad de reconstruir la comunicación entre quienes trabajan en el Poder Judicial y la sociedad, principalmente, las personas usuarias del sistema de justicia. La ciudadanía no sabe qué es y para qué sirve el Poder Judicial. Cuando les hablamos o nos leen no nos entiende.

Asimismo, la breve transición post electoral me recordó que es importante enfocarnos como sociedad en las coincidencias y dejar a un lado las diferencias:

Porque se mantiene la necesidad de juzgar con perspectiva de género, de poner en primer lugar el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, de respetar la autonomía de la población maya y construir puentes de coordinación con sus integrantes, de ser sensible a los obstáculos sociales que enfrentan personas con diferencias funcionales, de ser empáticas con las personas adultas mayores, así como de no olvidar los prejuicios sociales que sufre la comunidad de la diversidad sexual, al momento de resolver los casos judiciales.

Porque el Poder Judicial debe mejorar el lenguaje y los canales de comunicación. Se requieren menos formalismos y más adaptaciones procesales que permitan un mejor entendimiento a las personas de lo que está ocurriendo en sus juicios.

Porque los órganos judiciales necesitan ampliar la participación de la población en los procesos de planeación de política pública judicial: colegios profesionales, universidades, cámaras empresariales, asociaciones civiles y personas usuarias tienen mucho qué decir sobre cómo mejorar la justicia.

Hoy sé que una justicia ágil, moderna, abierta, cercana, clara, empática, sensible, progresista e incluyente es posible, porque dimos pasos firmes para ello. Les deseo mucho éxito en su nuevo caminar a quienes se incorporan y a quienes se mantendrán en los órganos judiciales. En lo personal, seguiré trabajando para tal fin desde otras trincheras.— Mérida, Yucatán

Magistrado local (2023-2025)

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán