“Que yo sepa durante este tiempo sí han sido muchísimos los muertos de excompañeros y conocidos. Para darte un número: unas cien personas, más o menos. Todos por actos violentos”.— Fernando Moreno, Revista Nexos

Hace unos días pudimos escuchar el informe de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a un año de haber tomado el bastón de mando sobre nuestra nación, discurso que, prestando atención destaca, en su mayoría, una enorme cantidad de logros y programas que en la actualidad la ciudadanía ya posee y que antes, en el período neoliberal, no.

Es bastante subjetivo el listado de resultados positivos que ocupan el noventa por ciento del texto leído ante el pueblo masificado en el zócalo de la Ciudad de México y que no deja espacio para enumerar desaciertos que su administración haya podido cometer; así como también, no hay mención alguna o intención de hablar y dar solución a los grandes escándalos que involucran a funcionarios afines de la 4T.

No hay referencia a la red de corrupción del huachicol fiscal, tampoco al sonado caso de la “Barredora” y con respecto al crimen organizado y la ola de violencia sólo unas líneas que se redujeron a proclamar que: “en 11 meses hemos reducido el homicidio doloso en 25 por ciento; es decir, en el mes de julio, cada día se cometieron 22 homicidios menos que en septiembre de 2024”.

Ahora las preguntas ineludibles son: ¿Realmente la violencia y los asesinatos han aminorado? ¿Podemos sentirnos seguros de sus datos estadísticos que han pregonado a todo pulmón garantizando una renovada nación mexicana?.

La realidad del día a día parece no avalar la información que nos ofrecen y esto lo expreso porque recientemente nos hemos enterado del asesinato del párroco de la comunidad de Mezcala, Bertoldo Pantaleón Estrada, quien el sábado 4 de octubre había desaparecido y el pasado lunes 6 fue encontrado muerto en su automóvil por un camino de terracería cerca de la carretera México-Acapulco.

Según los primeros reportes, el cuerpo del sacerdote presentaba lesiones producidas por proyectil de arma de fuego.

Qué tristeza enterarnos de este lamentable crimen, sin embargo, el asesinato ojalá calara en la conciencia de nuestra sociedad porque no se trata nada más de un homicidio aislado al que se ha dado difusión por ser parte de una jerarquía, sino porque hay tantas personas más que viven el drama del secuestro, la tortura y muerte, sin aparecer en los medios de comunicación.

Porque en este país las organizaciones criminales y del narcotráfico gozan de impunidad, al grado de convivir con las mismas instituciones gubernamentales.

Es cierto que las carencias han obligado a nuestro pueblo a depender del asistencialismo, a vender el voto con el afán de obtener dádivas que garanticen y satisfagan las necesidades básicas pero, todo individuo tiene la capacidad de ser autosustentable, de impulsar concientemente la renovación de las políticas actuales.

Por eso es urgente promover la cultura democrática en la sociedad, a fin de enseñar que el contrapeso de pensar u opinar diferente no es un defecto sino una virtud que conduce al desarrollo de toda nación.

Los discursos oficiales continuarán exaltando la redención mesiánica de los recientes presidentes pero bien constatamos que el tejido social está desfigurado por la creciente ola de violencia que ha alcanzado al clero católico y a tantos ciudadanos desaparecidos de la escena cotidiana.

Que aunque los líderes políticos oculten la verdadera realidad de ciudadanos aterrorizados y violentados por la maldad criminal siempre habrá personas y medios que nos informen de los injustos atracos que han segado la vida de tantos hermanos, como el acontecido al padre Bertoldo Pantaleón Estrada, siendo una víctima más de la ilusoria transformación que en México nos han hecho creer.— Mérida, Yucatán

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Sacerdote católico

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