El huracán y la brisa

Conforme se acercaba el inicio del siglo XXI, en el PAN entraron en tensión la doctrina y el pragmatismo, y éste fue ganando terreno hasta llegar a su clímax: la alianza en 2021-2024 con el PRI, en clara disonancia con los orígenes de un partido nacido para combatir precisamente al priismo. Y la alianza, además, incluyó al PRD, un partido con ideología diametralmente opuesta a la del PAN conservador.

La alianza fue explicable dentro de un pragmatismo desesperado, ante la avasalladora fuerza del nuevo partido (Morena) creado por el carismático líder Andrés Manuel López Obrador, pero a la luz de los resultados aliancistas, es difícil sostener su conveniencia.

Previamente ocurrió la hazaña del popular gobernador panista de Guanajuato, Vicente Fox, quien en 2000 expulsó al PRI de la Presidencia y ejerció un gobierno que osciló entre la locuacidad y la aculturación con el priismo. A la decepción causada por el foxismo siguió el sexenio de Felipe Calderón, iniciado en 2006 con fuerte sospecha de fraude electoral, lo cual dio origen a una irracional guerra contra el narcotráfico.

A casi 20 años de aquella polémica elección, es posible concluir que el gran error de Calderón y su equipo fue negarse al recuento total de la votación. Ante la escasa diferencia entre Calderón y López Obrador, de Morena, el riesgo era que las cifras oficiales se revirtieran, pero también pudo ocurrir que se confirmaran. El pragmatismo aconsejó ir a lo seguro y acogerse a las cifras de un desprestigiado IFE, pese a que el país se incendiaba políticamente.

Después vendrían la derrota panista frente al rockstar del PRI, Enrique Peña Nieto, y su sexenio de dispendio y corrupción rampante.

Llegó entonces, en 2018, el ajuste de cuentas del electorado con panistas y priistas. Las mayorías se volcaron en favor de AMLO y su partido-movimiento, que irrumpió en el escenario político con potencia de huracán y dejó a PAN y PRI como vientecillos menores.

A continuación, Morena fue conquistando estados, ayuntamientos y congresos locales, con base en políticas públicas de gran aceptación popular. El emergente partido dominante llegó muy fortalecido a los comicios presidenciales de 2024 y los antes adversarios irreconciliables, PAN y PRI, se unieron en una candidatura presidencial, pero su alianza apenas tuvo la fuerza de una brisa, y recientemente, con el relanzamiento del PAN anunciado por Jorge Romero, la unión se rompió.

La alianza nacional está rota, tras de los costos que tuvo para los panistas, que subestimaron el desprestigio del líder priista Alejandro Moreno y la salida de prominentes priistas inconformes con “Alito”.

Sin embargo, el pragmatismo permite visualizar la permanencia y creación de alianzas regionales ahí donde las perspectivas las aconsejen, destacadamente en Nuevo León, donde la dirigencia local busca postular a Adrián de la Garza, conjuntamente con el PRI neoleonés.

Relanzar y fisurar

El tema Nuevo León mostró el desacuerdo entre la dirigencia local, encabezada por Policarpo Flores, y la nacional, por cuanto Santiago Taboada, secretario de Acción Política, salió prontamente a precisar que le corresponde al Comité Ejecutivo Nacional panista definir alianzas y no a otra instancia partidaria.

El hecho es que en Nuevo León se considera De la Garza como un candidato fuertemente competitivo frente a quien postule el gobernante Movimiento Ciudadano. Y si continúa rigiendo el pragmatismo, es muy probable que el priista sea también candidato del PAN.

En Nuevo León, Morena es todavía una fuerza minoritaria.

Además de la discrepancia neoleonesa, el relanzamiento panista del 18 de octubre de 2025 aparentemente no fue consensuado con todos los liderazgos internos partidarios, a juzgar por las declaraciones críticas de Adriana Dávila (sobró mercadotecnia y faltó autocrítica), quien disputó el liderazgo nacional a Jorge Romero, y Francisco Domínguez, exgobernador de Querétaro (faltó un proyecto de nación).

También hubo otras críticas, desde el uso del término “relanzamiento” hasta la adopción del lema Patria, familia y libertad, de aroma fascista, pasando por la caracterización del evento como simple acto propagandístico. Independientemente de la opinión que se tenga sobre él, lo cierto es que el relanzamiento careció de sustrato doctrinario y de propuestas claras del PAN a la sociedad, más allá de su negativismo infértil a prácticamente todo lo que haga y diga la 4T.

Lo que sí parece es que la dirigencia actual panista podría estar protagonizando, conscientemente o no, un corrimiento hacia la ultraderecha.— Ciudad de México.

Periodista

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