Estudié una parte de mi educación primaria en la Escuela “Diego S. Ricalde” de Hoctún, mi villa natal en la que fui bautizado y confirmado, y en cuyo camposanto reposan los restos de mis abuelos paternos y otros parientes cercanos.

Recuerdo que en aquellos tiempos en las escuelas se entonaban canciones e himnos con alto contenido pedagógico y firmes valores humanos, aspectos fundamentales que contribuían de manera relevante a la formación cívica y ética de las nuevas generaciones.

Estas remembranzas vienen al caso con motivo de la reciente celebración del Día de las Naciones Unidas, organismo que cumplió 80 años de haberse fundado poco después de esa horrenda experiencia inhumana llamada Segunda Guerra Mundial.

Desafortunadamente, es preciso señalar que el LXXX onomástico de la ONU está terriblemente ensombrecido por dos hechos insoslayables: primero, su virtual secuestro por parte de los principales centros del poder político, económico, militar y tecnológico —los Estados Unidos y sus aliados de la Comunidad Europea—, los cuales la han puesto al servicio de sus intereses imperialistas de dominio y sojuzgamiento de los demás pueblos del mundo. Segundo, el despliegue de una espantosa acción concertada por el Estado terrorista de Israel y de su patrocinador el gobierno yanqui encabezado por un energúmeno llamado Mr. Trump, y cuyo fin deliberado es exterminio inmisericorde del irredento pero indómito pueblo de Palestina.

Pues bien, con motivo de este onomástico singular de la ONU, a su Asamblea General anual acudieron diversos estadistas del mundo, como presidentes, presidentas, primeros ministros, jefes de gobierno, reyes, etc., para dar su versión sobre la percepción que tienen del mundo contemporáneo.

De nada sirvieron los enérgicos discursos que diversas personalidades pronunciaron en este máximo foro para denunciar el genocidio contra Gaza, demandar el cese inmediato del fuego y el fin del criminal bloqueo impuesto por Israel-Estados Unidos-Unión Europea para impedir la entrada de ayuda humanitaria destinada a paliar tan siquiera el horrible sufrimiento de decenas de miles de personas en la destrozada Franja de Gaza.

El propio secretario General de la ONU, Antonio Guterres, presentó este espantoso panorama sobre Gaza en el discurso inaugural de esta Asamblea General: “En Gaza, los horrores se acercan a un tercer año monstruoso. Son el resultado de decisiones que desafían la humanidad básica. La magnitud de la muerte y la destrucción supera cualquier otro conflicto en mis años como Secretario General. La Corte Internacional de Justicia ha emitido medidas provisionales legalmente vinculantes en el caso denominado: Aplicación de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio en la Franja de Gaza. Desde entonces, se ha declarado una hambruna y la matanza se ha intensificado. Nada puede justificar los horribles ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre ni la toma de rehenes, ambos condenados repetidamente por mí. Y nada puede justificar el castigo colectivo del pueblo palestino y la destrucción sistemática de Gaza. Sabemos lo que se necesita: Alto el fuego permanente ahora. Todas y todos los rehenes liberados ahora. Acceso humanitario pleno ahora”.

Como todos sabemos, no fueron los discursos expresados en los diversos foros los que han conducido a un precario alto al fuego y a una lenta entrada de ayuda humanitaria a Gaza, no: ha sido la movilización de decenas de millones de personas en múltiples puntos del planeta y el grito global de “Free Palestine” lo que ha obligado a Israel y a los Estados Unidos a darle un respiro a los dos millones de afligidos seres humanos que sobreviven a la barbarie en la devastada Franja de Gaza.

En este marco de polarización mundial, es gratificante referir que la comunidad educativa de la Escuela Normal Superior de Yucatán que me honro en dirigir llevó al cabo el pasado 24 de octubre una emotiva jornada por la paz y contra la guerra.

En el acto cívico conmemorativo, los y las estudiantes desfilaron con carteles antibélicos y en favor de la paz, en tanto que la maestra Beatriz Tello Correa leyó el poema Fraternidad —del pedagogo cubano-yucateco don Rodolfo Menéndez de la Peña— el cual constituye un hermoso y esperanzador canto en pro de la solidaridad y la hermandad entre todos los pueblos del mundo.

Como punto culminante, un grupo de alumnos y alumnas con acompañamiento de piano y dirigido por el maestro Roberto Tello Martínez, entonó el antiguo Himno a las Naciones Unidas que se cantaba en los tiempos que he rememorado líneas arriba, y cuya letra dice así: Las Naciones Unidas fortalecen/ las cadenas de amor fraternal/ y en el campo de acción aparecen/ sembradoras del bien/ segadoras del mal. / El mes de octubre será el escenario/ simbólico de unión universal/ ¡Hurra, hurra, Naciones Unidas!/ ¡canten siempre un himno a la paz!.

Hoy por hoy, y en los marcos de esta efeméride, un clamor recorre el mundo: que se acaben las guerras y que se inviertan recursos para combatir la pobreza, el hambre, la desnutrición, la insalubridad, las muertes prematuras y la ignorancia. Que las Naciones Unidas y sus organismos claves como la OMS, la FAO, la OIT y la Unesco, sigan siendo los instrumentos para construir un mundo mucho mejor, donde haya pan, vivienda, educación, cultura, salud, justicia y felicidad para todos los seres humanos del planeta. Que así sea.— Mérida, Yucatán

Doctor en Educación. Exdirector de la UPN en el Estado; Director de la Escuela Normal Superior de Yucatán

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