Rodrigo Llanes Salazar (*)
2025 estuvo marcado por las tensiones entre China y Estados Unidos. A inicios del año supimos que, en 2024, las exportaciones del país asiático alcanzaron la cifra de 3.58 billones de dólares, logrando así un superávit récord de 990,000 millones de dólares. Las empresas más grandes e innovadoras en la producción mundial de vehículos eléctricos (BYD), baterías para vehículos eléctricos (CATL), drones (DJI) y paneles solares (LONGi) son chinas (“The New York Times”, 14-7-25).
China se ha convertido en el mayor exportador de automóviles del mundo. En México, las ventas de dichos vehículos han aumentado del 0.3% en 2017 a más del 20% en 2024. Es probable que en este año te hayas acostumbrado a ver coches eléctricos chinos por las calles de Mérida y nuevas agencias automovilísticas chinas en el periférico de la ciudad, señales de nuestros tiempos.
Desde luego, Estados Unidos ha respondido con aranceles a China y a prácticamente todos los países del mundo y ahora los fabricantes chinos de automóviles se enfrentan a aranceles de hasta el 181 por ciento. Y, en respuesta a las presiones del gobierno de Trump, el gobierno de Sheinbaum ha establecido como uno de sus objetivos reducir las importaciones chinas en general e impulsar la proveeduría nacional y de América del Norte (a pesar de las limitaciones en la provisión de los semiconductores necesarios para los automóviles en la zona del Tratado México Estados Unidos Canadá).
De acuerdo con los pronósticos, a pesar de los aranceles impuestos por Estados Unidos, el superávit de China apunta a ser mayor este año. Las empresas chinas han puesto la mirada más allá de Estados Unidos, sobre todo han aumentado sus exportaciones a países del Sudeste asiático y de África (quienes, a su vez, reexportan a Estados Unidos).
Uno de los elementos centrales de la disputa entre China y Estados Unidos es el control (desde la extracción hasta el refinamiento) de metales e imanes de tierras raras necesarios para la producción de chips y semiconductores que se emplean en vehículos eléctricos, paneles solares, teléfonos inteligentes, computadoras, drones y muchas otras tecnologías que forman parte de la vida cotidiana contemporánea (también se utilizan para el ejército). Actualmente, China produce cerca del 80% de los imanes de tierras raras a nivel mundial y refina casi el 100% de los minerales críticos y, desde 2024, ha restringido la exportación de algunos metales pesados e imanes de tierras raras a los Estados Unidos.
La carrera por la inteligencia artificial (IA) entre China y Estados Unidos ha sido comparada por la carrera espacial entre el país norteamericano y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. En 2025, China dio un gran paso por delante cuando la empresa china DeepSeek dio a conocer que construyó su aplicación gratuita de chatbot con muchos menos recursos que sus competidores occidentales. Mientras que empresas norteamericanas usan hasta 16,000 chips (de la empresa NVIDIA) y alrededor de 60 millones de dólares para hacer las últimas versiones de sus chatbots, DeepSeek sólo empleó 2,000 chips y 6 millones de dólares.
Por su parte, en julio, NVIDIA, la empresa fabricante de unidades de procesamiento gráfico (GPU), los chips que se emplean para inteligencia artificial, se convirtió en la primera empresa que cotiza en bolsa con un valor de 4 billones de dólares y, en noviembre, superó su propio récord alcanzando los 5 billones de dólares. De acuerdo con el profesor de Harvard Jason Furman, el gasto en centros de datos, los cuales emplean los chips de NVIDIA, representó el 92% del crecimiento del PIB de Estados Unidos durante la primera mitad de 2025. Estas cifras nos indican una enorme concentración de la riqueza en unas pocas empresas y sectores y, desde luego, Trump ha utilizado el dominio que NVIDIA tiene sobre los chips (entre el 80 y 90% del mercado) para establecer acuerdos con países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur y Japón.
Pero la IA requiere servidores alimentados por chips informáticos, así como de mucha electricidad y grandes volúmenes de agua. Para hacernos una idea, se estima que una búsqueda que utiliza IA emplea hasta 10 veces más electricidad que una búsqueda convencional de internet. Por otra parte, algunos centros de datos en Estados Unidos consumen cerca de 2 millones de litros de agua al día (como referencia, la Cervecera Yucateca de Hunucmá tiene una concesión de 7 millones de litros de agua al año).
2025 nos dejó un ejemplo de los límites de las capacidades técnicas de la IA. De acuerdo con Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, el pasado 31 de marzo un millón de nuevos usuarios de ChatGPT se registraron en una sola hora, la mayoría realizando peticiones de “ghiblificación” (generar imágenes al estilo de la animación de Studio Ghibli). Esta gran demanda “fundió” los procesadores gráficos de la empresa, según Altman (a propósito, este año la periodista Karen Hao publicó un interesante libro sobre Altman, titulado “Empire of AI”).
Más allá de las búsquedas en internet que utilizan IA y la generación de imágenes ghiblificadas, este año también se dieron a conocer más noticias sobre cómo la IA ha entrado al espacio íntimo de nuestras vidas (¿intimidad artificial?), con historias de romance entre seres humanos y chatbots que llegaron a tener trágicos finales como el suicidio de un adolescente. De acuerdo con un estudio publicado en “Harvard Business Review”, el principal uso que dan las personas a la IA generativa (como ChatGPT) es la terapia o compañía, seguido de la organización de la propia vida y la búsqueda de un propósito.
China no sólo domina la producción y refinamiento de los metales raros necesarios para dichos chips, sino también las baterías de iones de litio que también se requieren para los centros de datos que sostienen la IA (así como para robots, drones, láseres y otras armas utilizadas por las fuerzas armadas).
Como parte de la carrera por la IA, la empresa china Huawei abrió en 2025 un centro de investigación para 35,000 ingenieros, con 10 veces más espacio que la sede central de Google en California. Por su parte, OpenAI, la empresa que creó ChatGPT, está invirtiendo (junto con socios) 500,000 millones de dólares en la construcción de nuevos centros de datos en Estados Unidos, en el proyecto conocido como Stargate (comparable por algunos con el proyecto Manhattan).
Con el control de metales e imanes de tierras raras y las millonarias inversiones en tecnología, ahora China ha superado a Estados Unidos en el dominio de 57 de 64 tecnologías de vanguardia, según un informe del Instituto Australiano de Política Estratégica.
En 2025, China hizo gala de su nueva posición en el desfile de celebración del 80 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, en el que el gobierno de Pekín desplegó aviones de combate no tripulados, misiles destructores de barcos, drones submarinos y soldados que mostraban al mundo el poderío del país asiático. También expuso sus alianzas: junto al presidente Xi Jinping estaban sentados los presidentes de Rusia y Corea del Norte, Vladimir Putin y Kim Jong-Un.
Sin duda, las tensiones entre China y Estados Unidos, sus repercusiones comerciales, en la extracción, producción y refinamiento de tierras raras, la construcción de centros de datos (y sus demandas de electricidad y agua), las innovaciones en IA y otras tecnologías, así como sus alianzas y enemistades políticas con otros países tendrán repercusiones en 2026.
Aprovecho el espacio para agradecer a las y los lectores del Diario por su lectura en este año y desearles un saludable y próspero año nuevo.— Mérida, Yucatán
rodrigo.llanes.s@gmail.com
Investigador del Cephcis-UNAM
