Como en aquella fábula de los hermanos Grimm que tanto utilizamos en nuestras clases de Ciencias Sociales para ilustrar el actuar de los poderosos sobre los débiles, hoy con la reaparición del Hombre Lobo norteamericano, ahora con pelambre rubia, se hostiga a los países del sur que no están bajo su dominio, en lo que supone es su continente por destino manifiesto.
Intervino en asuntos electorales en Centro y Sudamérica para desplazar a una izquierda gobernante fallida. Es cierto que aún no puede con Cuba, Venezuela y Nicaragua con dictaduras del terror donde las elecciones son una farsa.
En aquellos lugares existen muchas necesidades y sus dictatoriales gobiernos no hallan el camino para salir con mejores condiciones de vida. Ante lo insostenible, son muchos los ciudadanos que emigran para encontrar lo que en sus amados territorios se les niega, como el respeto a los derechos humanos, la falta de comida suficiente y no racionada en forma muy limitada, falta de libertad de expresión y acoso militar ante cualquier opinante en pequeños círculos vecinales, incluso contra la libertad de creencias.
No parece existir posibilidad alguna de rebeliones que no fueran reprimidas con la fuerza de las armas de aquellas dictaduras, además del ejército, ciudadanos adoctrinados al grado de fanatismo, quienes con su conformismo no vislumbran mejores condiciones de vida.
Existe una paradoja, por un lado, se violaría el derecho a la “libre autodeterminación de los pueblos” si interviniera el ejército yanqui, por la otra, sin la ayuda exterior no podrán quitarse el yugo que aprisiona a cubanos, venezolanos y nicaragüenses. Requieren esos pueblos de un trabajo superior a los doce de Hércules, según la Mitología Griega.
Sin el apoyo del exterior, fundamentalmente estadounidense, todo quedará igual por mucho tiempo más, tal vez por varias generaciones, sobre todo para el caso de la isla antillana. Políticos, de las izquierdas pegarían el grito en el cielo invocando la libre autodeterminación de los pueblos, aunque en su actuar procedan al contrario, como es el caso de nuestro país.
La fábula inicial parece ad hoc con la piratería de la poderosísima fuerza naval gringa, llevándose los grandes buques petroleros de los pequeños lobos con la piel de ovejas a los adversarios de nuestro vecino país. Muy cierto es que los hijos del Tío Sam se siguen sintiendo con Patente de corso en su patio trasero que es América Latina.
Obvio resulta que la más poderosa Armada del mundo no cejará en su proyecto contra el régimen de Maduro, quedaría en ridículo, aunque no precisamente se trate de una invasión a la tierra del libertador Bolívar. Se utilizarán diversas presiones para expulsar al actual gobierno represor.
2026 puede ser el año, como lo fue 1958, cuando militares y el pueblo venezolano derrocaron al entonces dictador Marcos Pérez Jiménez, aun siendo un gran constructor de grandes obras gracias a la riqueza petrolera que hoy despilfarran para el sostenimiento de otros gobiernos dictatoriales. Ya se verá, porque los gringos, como aquel lobo de la fábula, encontrarán algún pretexto, más con lo impredecible que es su presidente para justificar su actuación invasora, tal y como registra la historia.
En 1917 los Estados Unidos entraron a la primera Guerra Mundial, cuando ya Europa estaba destruida. El motivo aparente fue el torpedeo a embarcaciones civiles norteamericanas. Existen otras causas, pero el hundimiento del Lusitania la detonó.
Otro caso es un suceso que cumplió 84 años el mes anterior. Fue un domingo 7 al que los vecinos del norte llamaron “El Día de la Infamia”, pues sin la previa declaración de guerra llegó el ataque sorpresa a Pearl Harbor. Como era la costumbre, el sábado anterior, los marinos estuvieron de fiesta y el ataque fue muy temprano. Muchas recreaciones de Hollywood existen al respecto.
Con 5 portaviones, un crucero, dos acorazados, nueve destructores de los nipones, que misteriosamente no captaron los radares de la flota del Pacífico y la destruyeron prácticamente. Así fue, dos poderosos acorazados totalmente destruidos, dos destructores y diez acorazados gravemente dañados, tres cruceros y tres naves auxiliares casi inservibles. Asimismo 241 aviones averiados, 2,403 muertos y 1,178 heridos. Los atacantes tuvieron daños mínimos en comparación con las anteriores cifras. Fue uno de los eventos más extraordinarios en la historia de las guerras que, además, lastimó el alma de una nación y su ego de todopoderosa.
Expertos en el arte de la guerra, en sus críticas insisten que la inteligencia militar estaba enterada de una posible invasión japonesa y bien sabían que la flota del sol naciente se dirigía a Pearl Harbor. En febrero de 1941 la Armada de USA había descubierto el Código Púrpura que descifró para seguir los pasos japoneses en materia militar. Los mandos de aquella trágica flota destruida, nunca fueron avisados. Los dos portaviones de la US Navy fueron retirados de la base naval días anteriores al atentado.
Las tropas acantonadas se sacrificaron para que USA, con su poder destructor, entrara a la más terrible de las guerras de la humanidad y sirvieran como refresco a las cansadas milicias aliadas, pero el objetivo era convertir a nuestros vecinos del Norte en el imperio más grande de la historia, desde luego con sus características de los tiempos modernos y su capital creciera como si lo tocara el Rey Midas, porque los otros beligerantes quedaron destruidos, menos la URSS, Pero eso es otro caso.
Así como los asesinatos de Estado parecen imposibles de aclarar, sucede con estos hechos de las historias negras que solo parecen conjeturas de los expertos.
Saludos en este nuevo año, amables lectores
Gracias al Diario por tener la bondad para dar cabida en sus páginas a estas opiniones y a ustedes amables lectores por su tolerancia.
Que las bendiciones de Dios lleguen a sus hogares y se viva una auténtica paz en el mundo y en nuestro México en lo particular. Feliz 2026 con mucha salud, no hay nada como tenerla. Cuando nos falta nos damos cuenta de su gran importancia.— Espita, Yucatán
Escritor, docente y cronista de Espita
