Nuevo año, nuevos y viejos baches. Los hoyancos en el asfalto siguen siendo un gran problema en la ciudad y comisarías. En las últimas semanas del año pasado comenzaron a resurgir las erosiones en las calles y avenidas, incluso algunas en el periférico.

El tránsito vehicular, las lluvias y también la falta de consistencia en el relleno propician que los agujeros comiencen a ser notorios y a crecer en el asfalto. Y las molestias y el peligro surgen una vez más.

Una parte de los baches se rellenan, al parecer, con prisa. Se vacía el líquido oscuro con las piedrecillas solamente en el agujero, luego la mezcla se aplasta, aunque unas horas después o a los siguientes días las piedras comienzan a salir y a regarse por las calles. Otros agujeros se cubren totalmente y quedan sepultados bajo un parche negro, con este procedimiento se evita una erosión más temprana.

La lucha contra los baches es sin cuartel, pero a pesar de los esfuerzos de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada y del apoyo del gobierno estatal todavía el camino es largo. Según lo informado recientemente por la autoridad municipal: “95 mil huecos fueron rellenados en los últimos meses y 115 kilómetros de calles repavimentadas en este primer año de administración”, pero los depredadores del asfalto siguen siendo un dolor de cabeza para los ciudadanos y autoridades.

Es cierto que el presupuesto municipal de los próximos diez años no alcanzaría para arreglar las calles y los baches, como señaló la primera edil. Pero el problema toral es que este mal se dejó crecer durante las pasadas administraciones municipales, no se actuó a tiempo, ni con decisión sobre un plan de construcción de calles de calidad, por tanto, es imposible ahora, en un solo trienio, cubrir las deficiencias que se arrastran.

Cuando menos en las últimas cinco administraciones municipales de Mérida, las calles y los baches, los parques y las fuentes, la iluminación y la limpieza de nuestra ciudad capital no fueron prioridad. Como en un tobogán, todo esto, poco a poco, se vino abajo.

Las fuentes desaparecieron, la iluminación no fue la deseada con las lámparas chinas y la limpieza se fue olvidando en parques y jardines.

El bacheo fue un simple paliativo, se rellenaban los huecos y al otro día supuraban nuevamente; las calles no se construían con calidad, ni con adecuada alineación; los cambios de las calles céntricas de la ciudad y el remozamiento de la Plaza Grande se hicieron sin escuchar a los especialistas y organismos calificados, menos a los ciudadanos.

Y los caprichos de esos alcaldes dejaron a la ciudad con baches, con calles llenas de deformaciones que sacuden los vehículos al pasar y sin los declives adecuados para que el agua corra directo a las rejillas; se quitaron fuentes que no se repusieron, ni se pusieron otras para embellecer los parques, y éstos perdieron atractivo, sin iluminación y con maleza.

Las lámparas chinas en la administración de Angélica Araujo fue un negocio turbio que benefició a unos cuantos, pero dañó la imagen de la ciudad y el presupuesto del Ayuntamiento meridano. Mauricio Vila Dosal y Renán Barrera Concha, con tres administraciones municipales, no pudieron solucionar el problema de las lámparas, lo enredaron más y la deuda creció, y seguimos pagando los meridanos el capricho de una alcaldesa, al igual que el famoso “paso deprimido”, con altos costos para el presupuesto meridano.

Las lámparas LED son una promesa de la actual alcaldesa y comienzan a ser una realidad en algunos lugares, pero faltan más para una iluminación total; los parques se limpian, pero todavía hay en otros el abandono; las fuentes escasean y se requieren más para hacer brillar a nuestra ciudad.

Es importante unir esfuerzos para que Mérida y sus comisarías luzcan sus bellezas naturales. El gobernador debe seguir apoyando al ayuntamiento meridano sin envidias, ni futurismo político. Él ha prometido también acabar con los baches en las colonias meridanas. Entonces, gobernador y alcaldesa, de la mano y sin mirar colores partidistas, pueden ir cumpliendo su compromiso de trabajo por los meridanos y los yucatecos todos.

El mejor regalo para Mérida sería una ciudad sin baches, con calles limpias e iluminadas, con parques y jardines seguros, cuidados y sin maleza, y con fuentes que resalten más su belleza. Cuesta, pero es importante iniciar un rescate de nuestra ciudad después del abandono de los últimos lustros. Ciudadanos y autoridades unidas podemos, entre todos, devolverle a Mérida el esplendor de ser la Ciudad Blanca.— Mérida, Yucatán

Profesor

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