La verdad ha estado ahí por mucho tiempo. Nadie que ama vivir en libertad y en democracia desconoce que las dictaduras no son buenas para ningún pueblo; son regímenes autoritarios que predican humildad y roban descaradamente los recursos que pertenecen a una nación. Someten a los ciudadanos a través de la fuerza y provocan hambre, pobreza al arrebatarles todo lo que les pertenece por legítimo derecho.
¿Dónde han estado la ONU, la Unesco? ¿Acaso nunca se dieron cuenta de lo que sucedía en Venezuela? ¿De verdad nunca observaron a los pueblos que sufren bajo el yugo opresor de despreciables dictadores?
Ayer callaron y siguen callando. Nada bueno han hecho.
Otros, los que disfrutan de la preciada libertad, pero se consideran seguidores de doctrinas opresoras, se manifiestan en contra de lo sucedido en Venezuela. Salen a las calles, enarbolan la bandera venezolana y se sienten ofendidos porque Estados Unidos atrapó a Nicolás Maduro.
“No era la forma” dicen algunos. “Lo mejor era dialogar” dicen otros.
Yo pregunto ¿cómo se dialoga con un impostor, usurpador, traidor o dictador?
Maduro tuvo la enorme oportunidad de demostrarle al pueblo, que le quedaba un poco de respeto a la democracia. Durante las elecciones, los ciudadanos salieron a emitir su sufragio y le demostró que ya no lo querían. No lo entendió, por el contrario, se burló de todos y no respetó la voluntad de los votantes.
Por el contrario, persiguió a sus opositores.
Se sentía muy protegido por las Fuerzas Armadas, con una parte al menos, porque ningún militar que se precie de serlo, que honre el uniforme que porta y que ame verdaderamente su patria, puede sentirse satisfecho de servir a un traidor.
La ambición los guió y algunos de ellos se beneficiaron de los recursos que pertenecen a todos los venezolanos, no a quien ostenta un cargo y sus secuaces. Ellos, militares de alto rango, tomaron una decisión que no fue la correcta: la de estar del lado de la injusticia, del abuso solapando a Chávez y luego a Maduro.
Formaron parte de la maldad hacia un pueblo que por más de veinticinco años quedó atrapado en una situación por demás inaceptable.
Un pueblo que salió a las calles en un día de elecciones porque vio la oportunidad de recuperar su país a través del sufragio. Es decir, por la vía democrática.
Más del setenta por ciento de los votos fueron para la oposición, dándole el triunfo a Edmundo González Urrutia en las elecciones de 2024. Sin embargo, la traición de antemano estaba preparada al negarse Maduro a mostrar las actas y reconocer la voluntad del pueblo. Por el contrario, se autonombró ganador,
Al no haber obtenido el triunfo legalmente y haberse robado la elección, se convirtió en usurpador al ocupar un lugar que no le pertenecía, arrebatando de manera cobarde y ruin la presidencia a González Urrutia. Por lo tanto, no fue al “presidente de Venezuela” al que se llevaron a Estados Unidos como sus seguidores y cómplices reclaman, sino a un vulgar y peligroso delincuente que debe recibir el castigo ejemplar que merece por haber cometido crímenes considerados de lesa humanidad.
La prisión denominada “Helicoide” se le considera una cárcel que ha funcionado como centro de tortura. Una violación a los derechos humanos; los mismos que tanto pregonan y dicen defender los organismos internacionales.
No hay que olvidar que la ideología comunista se fue extendiendo con la llegada de individuos farsantes y despreciables a otros países. Los adoradores de Marx, de Engels han causado muchísimo daño a los pueblos con su doctrina.
Recordemos a Cuba, un día en todo su esplendor hasta la llegada de Fidel Castro. Hoy, esa isla que gozó de inversiones, diversiones, se encuentra sumida en la miseria para sus habitantes. Hambre, desolación, frustración, infinidad de personas hurgando en botes de basura. Para el pueblo no hay gas, no hay luz, solo cuando el régimen lo permite porque es el que dispone cómo y con qué viven las familias.
Me pregunto ¿por qué el gobierno de México regala nuestro petróleo al régimen cubano? Solo se puede entender de una manera. Porque hemos tenido siete años con gobernantes que comparten la ideología con individuos denominados de “izquierda”. Eso no justifica que dispongan de lo que no es suyo, sino de todos y para todos los mexicanos. Un gobernante no es dueño de los recursos del país. Cuba con los Castro y ahora con Díaz Canel; Venezuela, bajo el régimen comunista impuesto por Hugo Chávez que continuó con Nicolás Maduro, todos ellos han sido unos farsantes y traidores a sus pueblos. Mismos discursos, mismas falsedades.
Venezuela, un pueblo con más de veinticinco años padeciendo robo, saqueo: gente a la que le han arrebatado todo, trabajo, recursos, pero nunca la esperanza y la fe en Dios para que un día vean a su patria libre de traidores. Las dictaduras no son buenas para ningún país. Es tiempo de que caigan los dictadores y sean llevados ante la justicia. Va uno; faltan más ¿quién sigue?
Periodista
