Año nuevo, precios nuevos. Esto parece ser la consigna al iniciar el primer mes del año.
Así, nos enfrentamos a una dolorosa cuesta de enero, pues surgen las deudas contraídas durante las festividades decembrinas, el incremento del transporte público, los pagos de los servicios diversos y los nuevos precios de los productos.
Quedamos inmersos en un laberinto económico del cual deseamos pronto salir. Muchas familias y amas de casa hacen malabares para sobrevivir en este oleaje de precios, que sacuden sobremanera la canasta básica.
El pago de las placas fue el primer golpe recibido contra la economía de los yucatecos. Los que cumplieron todavía resienten el pago de más de dos mil pesos, otros pagaron en diciembre, pero esperan la correspondiente cita para recogerlas, y los rezagados sufren más porque con la prórroga de seis meses se eliminaron los descuentos.
Las placas podían esperar y el gobierno buscar una estrategia para convertirlas en permanentes, pero el gobernador necesitaba dinero en las arcas y prefirió asestar el golpe, iniciando el primer año de administración, y así dejar un resquicio para buscar otro pago antes de finalizar su sexenio.
Y a este pago se suma, en este mes, el predial, el recibo de luz, el del agua, el transporte, amén del alza generalizada de los alimentos y diversos productos. Y esto ahoga a muchas familias.
Recordemos que, como regalo navideño, el gobernador subió el precio de las combis del transporte público, y aunque se trate de minimizar al señalar que solamente son dos pesos, la economía familiar lo resiente, principalmente quienes utilizan dos o cuatro camiones al día para ir a trabajar y las amas de casa para ir al mercado.
El gobernador Joaquín Díaz Mena señaló que no subiría el precio del transporte, pero esperó la Navidad para sacudir los bolsillos de muchas familias. Quizá en ese momento, por la euforia de las compras, el modesto aguinaldo que se tenía y otros extras económicos, no se resintió tanto, pero al inicio del año se siente el golpe económico, más cuando surgen otros pagos.
En el discurso se habla de proteger a los que menos tienen, pero en la realidad los pagos por diversos servicios y los impuestos son golpes que las autoridades planean como estrategias obligatorias para engordar las arcas estatales.
Cuesta de enero
Muchas familias buscan caminos diversos para tratar de sobrellevar la difícil cuesta de enero. Piden préstamos, venden algunas de sus pertenencias o empeñan alguna joya, el televisor u otros electrodomésticos para salir momentáneamente de las deudas, el pago del recibo de luz y del agua y de los alimentos cotidianos.
Las autoridades piensan que dos pesos de más en el transporte no es mucho, pero si se suman las cantidades que invierte una familia de varios miembros, que utilizan a diario y varias veces el camión y la combi, entonces es una cantidad considerable que sangra la economía familiar.
El incremento del salario mínimo se diluye en varias compras. Si tomamos en cuenta solamente el aumento del salario mínimo de un mes, la cantidad desaparece en un día al comprar alimentos y otros productos de la despensa. Así que todo queda igual o peor por el alza de los precios que no son estáticos como el salario mínimo, sino movibles por el etiquetado que varía día tras día.
Los políticos, funcionarios, legisladores y funcionarios en general no tienen este tipo de problemas. No están sufriendo por pagar el predial, las placas, la luz, el agua, el transporte o los nuevos precios. Ellos gozan, además de un jugoso salario, de suntuosos aguinaldos, automóvil o camioneta a su disposición, gasolina gratis, telefonía celular, viáticos para comer en restaurantes y demás “extras” y prebendas.
Muchas familias tienen que lidiar con esos pagos y nuevos precios. Y el alza no es uno o dos pesos en los productos. Son cinco, diez e incluso quince pesos o más. El papel higiénico, por señalar un producto, aumento su precio desproporcionadamente. Ni qué decir de las frutas, las verduras, la leche, la carne, los quesos y demás alimentos y productos. No hay otra que medirse y buscar ofertas y promociones.
Y todo se junta en enero: Placas, transporte, luz, agua, predial, inicio de clases, nuevos precios, deudas y demás pagos. Una pesadilla para las familias. Un golpe contundente para los bolsillos.
Las autoridades, por su parte, solo piensan en cómo incrementar el dinero en las arcas, y lo más fácil es crear pagos e impuestos para esquilmar a los ciudadanos. Sería importante que los funcionarios también hagan actos de austeridad, dejen el lujo, el derroche, los viajes al extranjero y hagan mucho con menos.
Esperemos que el dinero de los impuestos, de las placas y del transporte público sirva para beneficiar a los ciudadanos en mejores calles, mejores servicios, mejores hospitales, y no para incrementar los bienes inmuebles de los gobernantes, jefes policiacos, legisladores y funcionarios en general.— Mérida, Yucatán
Profesor
