Revisando mis artículos anteriores de fechas 28 de noviembre, 26 de diciembre 2025 y 7 de enero 2026, confirmé que estoy repitiendo lo que con el apoyo del Diario de Yucatán he publicado desde hace más de treinta años, ejemplo: el 2 de febrero de 1998, sección Local: “Atentados contra la vida en nuestras costas”.
Desde 1998 ya existía el daño que se sigue generando 28 años después. Eso debe de estar documentado por el gobierno federal y en la Reserva Estatal de El Palmar por los biólogos Eduardo Batllori, exsecretario de Medio Ambiente, y Enrique Dunhe, director del Patronato de la Reserva Estatal de El Palmar.
Me doy cuenta de que he estado señalando lo mismo durante años.
Recientemente me entero de pequeños esfuerzos de restauración dentro de una reserva estatal. En Telchac Puerto se están perforando pozos en el humedal (ciénaga), haciendo canales y sembrando mangle, se han perforado un número importante hasta llegar al agua dulce.
En Chelem un grupo comunitario de señoras “Las Chelemeras” trabajan en la recuperación de una superficie de diez hectáreas en la zona, abriendo canales y reforestando el manglar. Existe un programa de trabajo en forma similar en Chuburná puerto. Insisto en que los volúmenes de agua dulce que se logre extraer serán en un volumen muy pequeño comparado con los millares de metros cúbicos de agua de mar que penetran por los puertos de abrigo diariamente. Inexistentes antes del año 1968 al puerto de abrigo Yucalpetén y a las bocas abiertas por los huracanes principalmente “Gilberto” e “Isidoro”, que se han vuelto puertos de abrigo que están conectados al humedal.
El manglar, ya he comentado que es muy importante en nuestra costa, existen cuatro especies: el mangle rojo o colorado llamado “Xtapeche”, mangle negro “Taabche”, mangle blanco “Sak-olhom” y el botoncillo “Kaanché”, todas ellas necesarias para que el ecosistema regrese a su estado natural y proporcione la riqueza en el medio ambiente, absorbiendo enormes cantidades de carbono generando riqueza como estuarios para la pesca, para refugio de innumerables especies de aves locales y migratorias.— Mérida, Yucatán
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