El decreto de Donald Trump que prohíbe el suministro de petróleo a la isla frena los planes de Sheinbaum para entregar ayuda humanitaria, destaca el diario español El País (30 de enero de 2026). Y así frena igualmente los planes de otros países.
Esta vez, el gobierno de Donald Trump ha decidido usar el hambre del pueblo cubano como arma estratégica central contra el gobierno emanado de la revolución castrista.
El pasado 28 de enero lanzó un decreto imperial —violando el derecho internacional— mediante el cual amenaza con aranceles a los países que envíen petróleo y alimentos a Cuba. Una medida que sin duda agudizará la de por sí esquelética economía de supervivencia de la gran mayoría de los cubanos.
Según Trump la isla “constituye una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Afirmación completamente ridícula. Pues cuesta trabajo imaginar cómo una nación hambrienta con un poder militar miserable puede constituir una amenaza para la seguridad de esa nación con el gigantesco aparato militar más grande del mundo.
El gobierno americano no ha querido utilizar la fuerza militar que doblegaría a ese país antillano en cuestión de horas. Hoy más que nunca carece de legitimidad para hacerlo y agravaría el débil equilibrio político a causa de los aranceles.
Sencillamente, el gobierno de Trump espera que la falta de servicio eléctrico y el hambre lance a la calle incluso a los más estoicos simpatizantes del castrismo. Esperan que por el malestar la gente en miles se vuelquen a las calles a demandar cambios y con ello venga una represión policiaca que justificaría una “intervención humanitaria” militar de parte del imperio.
Creo que esta vez la jugada de Trump no tiene otra salida para el régimen cubano. En unas cuantas semanas la economía cubana entrará en estado agudo de bancarrota y con ello exigirá mayores sacrificios al pueblo.
La tradicional resiliencia del pueblo cubano poco a poco se resquebrajará, abriendo un panorama difícil para el gobierno. Sin recursos del exterior el régimen castrista perderá capacidad institucional para contener el reclamo social ahogado por muchos años.
Para muchos analistas la caída del régimen revolucionario cubano es inminente. Llevará tiempo, no mucho.
En la coyuntura política que vive América Latina y de hecho el mundo entero, ningún país mete una pieza grande para librar a Cuba de ese jaque mate imperialista. La pregunta es ¿qué vendrá después de la caída del régimen de la revolución?
Sería ingenuo pensar que el régimen castrista será sustituido por un gobierno democrático salido del pueblo cubano. En el horizonte cubano la democracia se ve lejos. Tampoco es la democracia para el pueblo cubano lo que quiere el gobierno imperial.
Ante la ausencia de un cuadro político opositor, el control sería tomado por parte del exilio cubano con el discurso del dinero para futuros planes de desarrollo para generar empleos bien pagados.
Tras la caída del régimen castrista, se espera que Cuba enfrente un periodo de profunda incertidumbre y transición. Es poco probable que surjan luchas de poder internas, más factible es una intervención directa o indirecta de actores externos (exiliados cubanos) interesados en influir sobre el rumbo político y económico de la isla.
En un escenario así, la sociedad cubana podría experimentar una reconfiguración de sus estructuras económicas y sociales, con la posible apertura a mercados internacionales y la llegada de ayuda externa, pero también con el riesgo de inestabilidad y conflictos derivados de la falta de instituciones sólidas y consensos políticos.
Derrotado el régimen castrista el proceso de reconstrucción será complejo y estará marcado por la pugna entre diferentes intereses de los viejos y recientes exiliados cubanos que no tanto por los actores internos.
Todo pues parece indicar que la guerra del hambre con la bandera de la ayuda humanitaria regresará a Cuba a la órbita imperialista. Sin embargo, la democracia tendrá que seguir esperando otros años más. Puede que muchos porque a los cubanos republicanos con dinero que tomarán el poder la democracia es un tema que no les preocupa.— Mérida, Yucatán.
bramirez@correo.uady.mx
Doctor en Sociología. Investigador de la Uady
