Cholyn Garza (*)

Los mexicanos por naturaleza somos solidarios ante la adversidad, ante el dolor ajeno. Ha quedado demostrada infinidad de veces cuando la tragedia se hace presente ya sea en nuestro país o en algún lugar del mundo.

En septiembre de 1985, México sufrió un terremoto que dejó una herida abierta que no ha logrado sanar; porque las pérdidas materiales no siempre se recuperan del todo pero lo más importante, las vidas humanas, dejan una cicatriz en el alma que no logra cerrar ni siquiera con el tiempo transcurrido.

Ese día de la tragedia, los primeros en llegar a prestar ayuda fueron ciudadanos.

Escenas verdaderamente dramáticas que no se podían creer. Edificios colapsados; gente atrapada entre los escombros.

Fueron ciudadanos, los que al ver la tragedia que se estaba viviendo y aún sin la protección debida ni las herramientas necesarias, se unieron en la tarea titánica de ir retirando escombros con la esperanza de encontrar a alguien con vida.

Una terrible tragedia que unió a los mexicanos. El sentido humanista se hizo presente en todos los que aportaron su esfuerzo. Hay que reconocer que fueron miles los que estuvieron apoyando en las tareas de rescate.

Así ha sido siempre, nuestro pueblo es solidario y apoya con lo que puede cuando se requiere. Hay que tener presente que nadie está exento de requerir ayuda en un momento determinado; como seres vulnerables que somos estamos expuestos a cualquier circunstancia no deseada o prevista.

El espíritu solidario de los mexicanos siempre está presente. Ya sea en acontecimientos grandes o pequeños está dispuesto a tender su mano para brindar ayuda.

Con generosidad y amor al prójimo, da lo que puede dentro de sus posibilidades siempre en nombre de Dios. Porque Dios, nunca olvida a sus hijos.

No solo nos unimos para apoyarnos unos a otros, sino que la ayuda humanitaria fluye a través de instituciones nacionales e internacionales. Eso ha sido siempre.

No sorprende que el actual gobierno haya decidido enviar ayuda a la isla de Cuba por la situación que están atravesando. Sin embargo, no debemos equivocarnos; una, es la ayuda humanitaria a la población, a las personas, a las familias que carecen de lo más elemental y otra muy distinta, el apoyo a un régimen dictatorial que se niega a desaparecer.

Mucho se está hablando acerca de esa ayuda a Cuba. Unos a favor, otros no tanto. Los que están a favor del régimen comunista, pretenden hacer creer que las familias en la isla viven en el atraso por culpa del supuesto “bloqueo” impuesto por Estados Unidos.

Algo que no es creíble del todo. Y no puede serlo por una razón. La revolución cubana iniciada por Fidel Castro para derrocar a Fulgencio Batista, prometía mucho. Y lo que hizo Castro al llegar al poder, fue destruir lo que funcionaba para instaurar un régimen comunista que tiene a la gente sometida.

Más de sesenta años soportando un régimen dictatorial que impide todo avance en la isla.

Es muy triste conocer las condiciones precarias en que viven los cubanos, en su mayoría, sobreviviendo. Ver la vida pasar sin tener hacia dónde desplazarse. Los pueblos envejecen al igual que sus habitantes.

Casas que un día fueron hogares, hoy son paredes despintadas, habitaciones con olor a humedad, a viejos, como sus inquilinos. Las estufas se volvieron fogones que olvidaron qué cocinar.

No hay comida, la gente sobrevive, ha sobrevivido porque Dios se ha apiadado de ellos. Contrasta de una manera insultante el otro lado de una isla; donde viven los que pertenecen al régimen cubano, los comunistas que llegaron con miles de promesas de cambio y beneficio para la población.

No hay combustible, ahora sí por la advertencia o amenaza de EE.UU. con imponer aranceles a quien envíe petróleo. ¿Cómo llegará la ayuda humanitaria a la gente?

Tuvieron muchos años —más de 60— para ir ordenando un gobierno. Pero no lo hicieron, las familias de los miembros del régimen comunista son las que han sido beneficiadas, sin que sientan piedad ante el sufrimiento del pueblo.

Son hipócritas y farsantes, porque han alimentado el alma de la gente con su doctrina de odio hacia quienes generan riqueza. Solo ellos, los que ostentan el poder se consideran con el derecho de disfrutar lo que en teoría dicen odiar.

Solo hay que mirar a las familias de quienes tienen poder, viajando y gastando lo que le han robado a su pueblo; un pueblo que muere lentamente de hambre, enfermedad y soledad.

Si Cuba está en las condiciones en que se encuentra, es porque ellos, los que traicionaron a su patria para imponer su dictadura comunista, la colocaron en esa situación.

La ayuda humanitaria debería ser manejada por organizaciones confiables y entregada directamente a la población, no a las manos de quienes han traicionado a su pueblo.— Ciudad de México.

Periodista

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