Roger A. González Herrera (*)
En el año de 1988, poco antes de las elecciones del 6 julio, un compañero profesor se alarmó y me miró con asombro cuando le confesé que votaría por el Ing. Manuel J. Clouthier, en aquel entonces candidato a presidente de la República por el Partido Acción Nacional.
Poco faltó para que me acusara de blasfemo y de pecador, pues, en sus esquemas mentales, era impensable que un maestro de primaria sufrague por otro candidato que no fuera del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Recuerdo que, el argumento que utilizó para condenar mi postura no era digno de ser usado por un maestro, sino más bien, parecía propio de una persona iletrada e ignorante.
Mi compañero me dijo que debería votar por el PRI, puesto que ese partido me paga. Aquel profesor, pensaba que, por percibir un sueldo del gobierno, necesariamente estaba obligado a militar y a votar a favor del “partido oficial”. Y ese es un gravísimo error. De todas maneras, y a pesar de la “terapia”, aquel 6 de julio de 1988 voté por Clouthier y por todos los candidatos de Acción Nacional.
En aquel entonces, las palabras de mi compañero de trabajo me causaron gran tristeza y pusieron en serios aprietos a mi optimismo y a mi esperanza de cambio. Puesto que, si un maestro de escuela, no era capaz de comprender que el salario que percibe proviene, precisamente, de los impuestos que pagan los padres de los niños a quienes educa, que el gobierno es sólo administrador de esas contribuciones y que el gobierno y el PRI no son la misma cosa, ¿qué podríamos esperar del campesino, del obrero o de las personas que no poseen ningún título y no han tenido la oportunidad de concluir sus estudios de primaria o de secundaria?
El panorama era deprimente en ese entonces. Y, después de 38 años, la situación no ha cambiado en forma considerable. Salvo que, el “partido oficial”, mutó del tricolor de la Bandera Mexicana al color guinda.
Actualmente, muchos mexicanos se sienten obligados a sufragar por Morena, pues temen perder sus becas y apoyos de los Programas del Bienestar si hicieran lo contrario y porque son coaccionados por los miles de “Servidores de la Nación” que recorren el país, desde las pavimentadas arterias de las urbes, hasta las polvorientas calles y brechas de comisarías y rancherías.
Casi 4 décadas después, todavía hay en nuestro México mucho temor, mucha falta de cultura política y conciencia social, así como deficiencia en el conocimiento de las garantías individuales que deben regir nuestra vida.
La tarea que México reclama en estos momentos, como requisito para lograr, en paz, el verdadero cambio democrático, es una intensa campaña de educación política, cívica y social del pueblo en general. Esta labor, es necesaria para construir una Patria más justa, que brinde iguales oportunidades a todos. Es lo que el fundador del Partido Acción Nacional, don Manuel Gómez Morín, denominaba “brega de eternidad” y que consiste en construir ciudadanía, no tanto para la conquista del poder o para lograr victorias electorales efímeras, sino en la labor de crear conciencia cívica, en la defensa de las instituciones ciudadanas, en la congruencia y en hacer de la democracia una forma de vida.
Esta tarea, no tiene fecha de caducidad y no admite desánimos, pues es una labor trascendente.
Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
rogergonzalezh@hotmail.com
Profesor
