La frase tan trillada que hemos venido escuchando por largo tiempo ha resultado un fiasco para los mexicanos. Eso de “nosotros no robamos, no mentimos, no traicionamos” repetida en campaña, al llegar al poder dejó ver que solo fue un slogan.

Desde que ganaron la presidencia se debió demostrar que merecía López Obrador ser presidente. Convertir en realidad el “nosotros no somos iguales”.

El tiempo, que es el mejor aliado de cada persona, nos ha dado la razón a quienes no creímos en la verborrea de un individuo que destilaba coraje, odio en sus mensajes. Mucho menos íbamos a creer en su honestidad.

La verdad tarde o temprano sale a la luz y quedó demostrado con hechos lo que un hombre resentido es capaz de hacer, no solo denostar a sus adversarios políticos en campaña sino tratar de eliminarlos a la mala, con mentiras, difamaciones y traiciones.

Nos ha quedado claro que no son iguales a los políticos del pasado, a los que tanto critican. Han resultado ser peores.

Ni siquiera originales son, repiten discursos de sus amigos y socios que han destruido países que un día fueron exitosos.

¿Puede alguien entender por qué un país con riqueza propia empobrece? ¿Por qué hay un gran número de ciudadanos viviendo en la miseria mientras gobernantes y funcionarios disfrutan de riqueza ofensiva?

Y son tan cínicos y descarados que se exhiben como lo que verdaderamente son. Paseos, festejos, lujos mostrados en propiedades millonarias, autos, joyas y demás excentricidades.

Los “nuevos ricos” llegaron al poder y sienten que todo lo merecen. Así que eso de “no robar, no mentir, no traicionar” no es más que falsedad. Una idea surgida para engañar al que se dejara.

“Vamos a devolverle al pueblo lo robado” expresaron. ¿De verdad? ¿Cuándo? Porque lo único que se ha observado es el enriquecimiento de grupos en el gobierno, familiares, amigos favoritos del régimen.

Lo imperdonable es que nos han robado la tranquilidad desde el momento mismo en que hicieron su pacto con los cárteles. Y todavía se ofenden cuando los señalan de ser los artífices de la destrucción de instituciones que daban un buen servicio a los ciudadanos.

A base de embustes, los que afirman no mentir, han traicionado la Constitución, acomodando las leyes a su conveniencia.

Muy claro lo han dicho, van a defender su “cuarta transformación” para instaurar su “régimen”. Al limitar las facultades y derechos de los ciudadanos, nos quedaremos sin dependencias que nos protejan.

Nos quedaba el Instituto Nacional Electoral —INE— creado para dar certeza a los ciudadanos de que sus votos serían contados. Nació como Instituto Federal Electoral, con José Woldemberg al frente. Como IFE primero y luego como INE dio buenos resultados durante las elecciones.

Nuestro INE ciudadano es lo último que nos queda y no es justo que pretendan eliminarlo por así convenir a los intereses de un régimen autoritario, a un paso de la dictadura. Aunque lo nieguen o pretendan ocultar sus verdaderas intenciones, esa es la razón por la que desean desaparecer algo que nos ha costado a los mexicanos, no a un gobierno cuyos fines son acomodarlo a sus intereses.

La estructura del INE estaba muy bien diseñada. Nos daba confianza, certeza; el PREP daba los resultados preliminares y el siguiente miércoles, se proporcionaban los finales.

No es ahorro lo que busca el gobierno al debilitar al INE con sus modificaciones, es una mentira más a la larga cadena de falsedades. Es el miedo que tienen de perder el poder en las próximas elecciones por la vía democrática. Están conscientes que la pésima actuación que han tenido como gobierno en los diferentes niveles, ha motivado un descontento que crece.

Lo que pretenden es apoderarse de nuestro INE y manejarlo a su antojo, imponer sus reglas y buscar que todo les favorezca.

Es como si quisieran un saco a su medida. A la medida de sus intereses, de sus propósitos.

Gran parte de nuestro México está atrapado en la violencia debido al pacto con el crimen organizado. Pocos estados de la República puede decirse que son seguros —gobernados por la oposición— y Dios nos libre de que caigan en manos de quienes llegaron al gobierno para destruir al país y sus instituciones.

Periodista

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