La libertad es un derecho humano no una concesión de gobierno alguno. Cuando se van limitando los derechos de los ciudadanos solo se tiene un propósito: modificar la forma de gobierno y desechar las promesas hechas a un pueblo que creyó en ellas.
De ahí nacen las dictaduras, de discursos incendiarios que pronuncian individuos con ofrecimientos que de antemano saben no habrán de cumplir. Siembran el odio a través de las palabras llenas de improperios y mentiras culpando a quienes gobernaron antes, para justificar la destrucción que planean realizar.
Se autoproclaman servidores del pueblo y aseguran luchar por el bienestar de todos. La realidad muy pronto ofrece un panorama distinto. Y lo que con mentiras y falsedades van obteniendo se convierte en la peor traición que puede existir: la traición a la patria misma.
Las mismas frases son utilizadas en las prédicas de individuos nefastos, que llegaron al poder con engaños, con gente acarreada y con elecciones amañadas. No se trató de una casualidad, sino de planes preconcebidos para imponer un nuevo régimen. No fue un cambio de gobierno para un tiempo determinado, no.
La intención de modificar la estructura de gobierno en países considerados democráticos siempre estuvo ahí. El objetivo principal: adueñarse de los recursos y someter a un pueblo a través del empobrecimiento de las mayorías.
Quienes creyeron en el cambio prometido, han lamentado su decisión de darle oportunidad a individuos que prometieron un cambio.
Un cambio que sí llegó, pero no para beneficiar a los ciudadanos sino para dañarlos. No se concibe un pueblo pobre, viviendo en la miseria, sobreviviendo de las remesas que envían sus familiares y que lograron salir de la isla.
Ellos son los afortunados, otra parte de la población sobrevive de milagro; porque si hay algo admirable tanto en el pueblo cubano, el venezolano y el nuestro, es la fuerza del carácter que viene de nuestra fe en Dios y que nunca se apaga.
La fe en Dios por un mañana mejor sostiene a quienes creemos y recurrimos a Él.
Ese “mañana”, ese día tan esperado por el pueblo cubano, habrá de llegar. La opresión y la miseria a la que fue sometida Cuba por más de sesenta años, quedarán en el triste y lamentable recuerdo como un ejemplo de lo que no debe suceder en otro país.
Las dictaduras tienen que caer. Los regímenes autoritarios, comunistas, no deben aceptarse más porque hacen mucho daño a un país como a gente inocente.
No se concibe que haya un pueblo que no se rebele ante lo inaceptable. Mucho menos se debe tolerar que una gran parte de la población sea condenada a sobrevivir con carencias y con limitaciones, se le exponga a contraer enfermedades de por vida, sin acceder a la seguridad.
Es indignante ver el futuro de niños y jóvenes tirado por la borda. Su alimentación es precaria, por lo tanto, expuestos a problemas de salud; además de escolaridad deficiente. Acciones inhumanas que ha tenido que soportar la gente buena, mientras los dictadores y sus familias viven como monarcas.
Pasean por el mundo gastando el dinero robado a un pueblo sometido al yugo dictatorial.
Nadie, en ninguna parte del mundo debería vivir esclavizado a una ideología impuesta por individuos cuya maldad y falta de respeto a la vida humana se manifiesta en cada una de sus acciones.
El anhelo de justicia se desborda en la gente que no claudica a pesar de la vida de dolor y tragedia que han conocido y confían en que el día de su liberación, llegue.
Resulta verdaderamente hipócrita e insultante, el hecho de que el expresidente de México haya salido de su guarida para promover la ayuda económica para Cuba. ¿Es una burla? Hablan de apoyar al “pueblo cubano” cuando todos sabemos que no es así. El apoyo no está llegando a esa gente que lo necesita.
Lo sabemos porque el mismo pueblo lo está gritando. “No envíen ayuda a Cuba”, agradecen al pueblo mexicano, pero dejan claro que el apoyo no está llegando a quien debería recibirlo: la gente que más lo necesita.
En realidad, es para sostener al régimen de los hermanos Castro y de Díaz Canel; los verdaderos responsables de la situación en que se encuentra Cuba. La destrucción de la isla no la inició el supuesto embargo de Estados Unidos, sino la avaricia y maldad de individuos que han sometido a un pueblo a una dictadura comunista.
Ellos, los dictadores, son los que deciden que se hace con lo que se envía: Un régimen que se ha beneficiado, además, de nuestro petróleo. Por lo tanto, es inaceptable que, quien provocó la grave situación de salud, economía, educación, violencia, inseguridad en México se atreva a defender un régimen dictatorial.
Que quede claro, no es al pueblo cubano al que pretenden ayudar, sino a sus amigos, los dictadores que han empobrecido la otrora Cuba bella, alegre y próspera.
El día de la liberación llegará y con ella la justicia que, a veces tarda demasiado en llegar pero caerá implacable sobre los verdugos de gente inocente, que espera con lágrimas en los ojos poder dar gracias al Cielo y a quien los ayude a recobrar su libertad.
Periodista
