“Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”.— Canción social de León Gieco, interpretada por Mercedes Sosa
En los primeros meses del año en curso la belicosidad, inmoralidad y crueldad del gobierno imperialista de los Estados Unidos se han acrecentado a niveles inauditos y deleznables.
Tras arrasar de manera inmisericorde y horrenda con el pueblo de Gaza, capturar ilegalmente al presidente de Venezuela Nicolás Maduro y emprender una guerra irracional contra Irán, el gobierno yanqui decidió implementar una suerte de cerco final contra Cuba, utilizando como estrategias criminales la asfixia económica, el asedio energético y la amenaza de intervención militar.
Si bien el bloqueo económico contra la mayor de las Antillas ha sido una práctica política invariable en las administraciones norteamericanas de las últimas 7 décadas, a inicios de 2026 el genocida ocupante de la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva para prohibir a muchas naciones la venta de petróleo a Cuba, terrible medida que ha generado innumerables sufrimientos al pueblo cubano en su vida cotidiana y en los servicios esenciales como el transporte, la educación y el sistema de salud.
En principio, debo decir que reconozco las serias limitaciones que muestra el modelo socioeconómico y político vigente en Cuba, y que una reforma profunda a éste tendrá que implementarse a corto plazo si en verdad se quiere impulsar un proceso de desarrollo que genere mayor riqueza, una justa distribución de ésta entre todos los cubanos y la elevación sostenida de su depauperado nivel de vida, a la par de que se preserven las innegables conquistas sociales que ha logrado la Revolución Cubana, como la educación, la salud, la cultura y el deporte.
Pero igualmente sostengo la idea de que estos cambios tienen que provenir de las fuerzas endógenas de Cuba en sus vínculos solidarios con América Latina, por lo cual resulta inaceptable y condenable que el gobierno de los Estados Unidos pretenda imponerle a la nación caribeña —mediante una brutal intervención en sus asuntos internos— un proyecto de desarrollo y una forma de gobierno acorde a sus voraces intereses geopolíticos y económicos.
Pues bien, en relación con el asedio criminal que el gobierno de Trump le está infligiendo a la nación cubana, es de señalarse que los amos de la guerra afincados en el Pentágono y en la Casa Blanca —que siempre han despreciado la memoria histórica, la conciencia política y la capacidad de respuesta de los pueblos amenazados por dicho gobierno— nunca se imaginaron que su miserable intento de asfixiar a la nación cubana y de hacer colapsar a su sistema socio-económico y político, iba a generar con inusitada rapidez una portentosa ola de solidaridad mundial con nuestro hermano país caribeño.
En estos complejos escenarios internacionales, los imperialistas yanquis se toparon con la firme determinación del gobierno mexicano de establecer un generoso corredor humanitario de ayuda hacia Cuba, mediante el envío de aviones y grandes barcos cargados de toneladas de medicamentos, alimentos, insumos diversos, páneles solares, etcétera, lo cual constituye una auténtica bofetada política al desquiciado ocupante de la Casa Blanca.
Pero no sólo eso. El ejemplo mexicano ha cundido en muchos pueblos de América Latina, como Chile, Colombia, Argentina, Uruguay, Brasil, El Salvador, países de donde igualmente han salido numerosos aviones para blindar con una oleada de ayuda solidaria al inmoralmente asediado pueblo cubano.
Asimismo, desde diversos países de Europa han viajado a la isla personalidades, parlamentarios y numerosos grupos de solidaridad en aviones cargados de grandes cantidades de bienes en auxilio generoso y humanista hacia el estoico pueblo de Cuba.
Asimismo, debemos enfatizar que el brutal asedio contra Cuba no es algo que nos resulte ajeno a los habitantes de la Península de Yucatán, dada nuestra fecunda vecindad y los vínculos económicos y culturales que hemos tenido con la isla a lo largo de la historia.
Por tales razones, resulta muy aleccionador que el puerto de Progreso se haya constituido en las últimas semanas en un faro de esperanza para decenas de miles de cubanos, pues desde su muelle han zarpado recientemente dos flotillas cargadas de múltiples productos aportados por la sociedad civil y que están siendo entregados directamente a las familias caribeñas, como se ha evidenciado con creces a través de las redes sociales.
No cabe duda que el imperialismo norteamericano, con su habitual ceguera irracional, subestima sobremanera el nivel de conciencia política del pueblo cubano, su alto sentido de dignidad y su decisión inquebrantable de defender a su patria.
También ignora la arrogante élite guerrerista estadounidense que los numerosos pueblos del mundo que han sido auxiliados generosamente por Cuba ante situaciones de desastres naturales o de emergencias sanitarias nunca han olvidado estos grandes gestos de humanismo solidario que siempre han caracterizado al pueblo de Cuba.
Por lo anteriormente examinado, puede colegirse de manera contundente que el gobierno criminal de los Estados Unidos ha sufrido en estas semanas una afrentosa derrota política, ideológica y moral en América Latina, el Caribe y en buena parte del mundo.
Estamos totalmente ciertos de que, con todo su inmenso poderío político, militar, tecnológico, financiero y mediático, el enceguecido imperialismo yanqui y sus adláteres no pasarán.— Mérida, Yucatán
Doctor en Educación. Ex Director de la UPN en el Estado; Director de la Escuela Normal Superior de Yucatán
