En julio de 2005, Yucatán fue testigo de un hito en la diplomacia y la salud pública: el nacimiento del Hospital de la Amistad Corea-México (HACM). No nació de una ocurrencia burocrática, sino de un pacto de honor. El Gobierno de la República de Corea donó un millón de dólares, cifra que el gobierno de Patricio Patrón Laviada igualó para saldar una deuda histórica con los descendientes de los 1,033 coreanos que llegaron a nuestras tierras hace más de un siglo.
Hoy, ese legado está en peligro. La intención de cerrar el hospital para entregarlo a Pemex no solo es una bofetada a la historia, sino un error humanitario que traiciona la mística para la que fue creado.
La Agencia de Cooperación Internacional de Corea (Koica) fue la entidad responsable de la donación de recursos y equipos médicos de alta especialidad que dieron vida a este proyecto. Ante el panorama actual, resulta indispensable conocer la postura de la Embajada de Corea en México y del Cónsul Honorario en Yucatán, recién nombrado en 2024. Pero, por encima de todo, es necesario conocer el sentir y pensar de los más de 30,000 descendientes de coreanos en el estado: ¿Están dispuestos a permitir el declive de un legado que tardó 20 años en consolidarse como el mejor hospital público de alta especialidad pediátrica del sureste?
Un hospital orientado a la niñez
En mi paso como director administrativo desde su concepción, puedo dar fe de que el Hospital de la Amistad Corea-México, fue construido con el alma de la sociedad civil. No solo eran ladrillos; era un entorno diseñado para sanar.
Humanismo en los pasillos: El mural principal y las imágenes infantiles que adornaban consultorios no eran decoración, sino un tranquilizante visual para que el niño no sintiera miedo.
Voluntariado con causa: Recuerdo a Ana María y Valentina Gomory, quienes de manera voluntaria, supervisaban que la alimentación de los pacientes fuera digna y con estricto rigor nutricional; o a Benjamín Millet, quien desde su carpintería donó el primer juego infantil para que la espera no fuera angustia, sino juego.
El corazón de la Fundación: Bajo el liderazgo de Macarena Mantecón Ponce, un equipo de damas voluntarias aportaba la mística humanista al pagar cuentas hospitalarias e insumos para los más pobres. Lamentablemente, con la llegada de la administración de Ivonne Ortega al gobierno, se comenzó a dejar morir el proyecto por ser obra de un antecesor de oposición, sin siquiera entender los conceptos fundacionales del nosocomio. La Fundación por la Salud en Yucatán, A.C., fue relegada de la Junta de Gobierno, llevándose consigo ese órgano que velaba por el trato digno de los pacientes.
Logros que el “cálculo político” ignora
El hospital resolvió la saturación del O’Horán con una especialización que ni el Hospital Regional de Alta Especialidad posee. Bajo la guía del Dr. Arsenio Hernández, referente de ciencia y calidez humana, se consolidó una “época dorada” de milagros médicos:
Salud visual: El oftalmólogo pediatra Dr. Ermilo Sánchez Buenfil evitó la ceguera total a cientos de prematuros mediante cirugías láser de retinopatía, rescatándolos de un destino de oscuridad.
Corazones y sonrisas: Gracias a las jornadas con cardiólogos provenientes de Iowa, Estados Unidos, y al trabajo de los doctores Gabriel Colomé y Patricio Correa en labio y paladar hendido, miles de niños recibieron cirugías de altísima complejidad totalmente gratis.
Neurodesarrollo: El Dr. Joao García y la unidad de psicología de la Universidad Modelo establecieron un centro de vanguardia en neuropediatría y neuropsicología que es único en la región.
Alianzas vitales: La coordinación con la Cruz Roja y el respaldo de Doña Michelle Byrne, el Dr. Felipe Cámara y el Dr. Adolfo Rocha, permitió cirugías ortopédicas que cambiaron vidas.
El error de Pemex
Pemex no tiene vocación pediátrica. Es una institución que, por malas gestiones y problemas como el huachicol fiscal, ha quebrado sus propios servicios médicos. ¿Por qué las familias yucatecas y coreanas deben pagar por la mala operación de una paraestatal?
Entregar este edificio a Pemex es deshonrar la palabra empeñada con un país hermano como Corea. Se nos prometió un sistema de salud como el de Dinamarca, pero hoy se busca “eficientar” deshaciéndose de la joya de la corona de la salud infantil. Si la Secretaría de Salud busca ahorros, que los busque en la burocracia innecesaria, no en el presupuesto de un hospital que es la única esperanza para quienes no pueden pagar medicina privada.
Este artículo es parte de un esfuerzo común impulsado por las voces de tantos que me han externado su genuina preocupación. ¡Es un llamado a no dejar morir el legado del Hospital de la Amistad Corea-México!
Recordemos siempre que este hospital tiene alma y tiene dueños: los niños de Yucatán.
No permitamos que la desmemoria y una mala administración de Pemex, destruyan este puente de amor, ciencia y diplomacia.
No hay inversión más sagrada, ni legado más firme, que la salud de la niñez.— Mérida, Yucatán
Exdirector Administrativo Fundador del Hospital de la Amistad Corea-México
