Don Chinguetas es un hombre casado que sigue llevando vida de soltero. La otra noche llegó a su casa cuando el sol asomaba ya sus refulgentes pompas por los balcones del oriente. El tarambana trascendía a chínguere, a perfume barato y a jabón chiquito. Su mujer lo esperaba hecha una anfisbena. Le preguntó, encrespada: “¿De dónde vienes?”. “De la ópera —-contestó el calavera—. Se cantaba una de Wagner, por eso llego en horas de la madrugada, y eso que la función empezó a las 5 de la tarde”.
“¡Mientes! —rebufó la señora—. ¡Eres un cínico!”. “No lo soy —se defendió don Chinguetas—. “Si lo fuera te habría dicho en verdad de dónde vengo”.
Has llegado al límite de notas gratuitas, para seguir leyendo…
¿Ya estás registrado o tienes una suscripción? Entonces Ingresa aquí.
Crea una cuenta, es gratis y
podrás leer 5 notas más.
Suscríbete a nuestros planes
y obtén acceso ilimitado.
