Cuando 30 millones de mexicanos votaron en 2018 por López Obrador, cometieron un atentado en contra del desarrollo democrático de México.
No consignaré en este breve espacio las amenazas cumplidas anunciadas por el actual dictador tabasqueño agazapado en su rancho, desde donde continúa ejecutando el maligno proceso de destrucción de México sin que nadie lo ataje ni lo inmovilice. ¡Claro que era y seguirá siendo un peligro para México! ¿Qué tal cuando el 5 de septiembre del 2006 fue confirmada la victoria de Felipe Calderón y aquél gritó fuera de sí en el zócalo capitalino: “Al Diablo con sus instituciones”? ¿Cómo millones de compatriotas, de escasa memoria, eligieron a un candidato con semejantes antecedentes?
La terrible admonición se materializó cuando después de una maniobra ilegal, Morena se apoderó de la mayoría calificada en el Congreso de la Unión para exterminar la separación de poderes y con ello, nuestra democracia para volver al país de un solo hombre con sus nefastas consecuencias. Imposible olvidar cuando el tal AMLO cumplió sus promesas y extinguió el CTPM, el plan ZEE, el sistema de pesos y contra pesos, Pro México, el INIFED, el INADEM, la COFECE, el Seguro Popular, la CRE, la CNH, el IFE, el CONEVAL, entre otros organismos autónomos.
Si Meade o Anaya hubieran triunfado en 2018, ¿habrían destruido las instituciones republicanas, cuando ambos habían insistido en el fortalecimiento del Estado de derecho, en la consolidación de una fiscalía federal autónoma, en impulsar la transparencia y la rendición de cuentas, en modernizar algunas instituciones, en continuar con la reformas estructurales, en profesionalizar a las policías y en promover la cooperación internacional, en reducir la violencia, en combatir el narcotráfico y la inseguridad con inteligencia financiera, en impedir la amnistía a los delincuentes, entre otras propuestas progresistas más? Ninguno de ambos hubiera maniobrado para robarse la mayoría calificada en el congreso ni habría convertido en astillas la marca México ni habría desfalcado los fideicomisos públicos.
¿Ellos iban a cancelar el AICM, arruinar un promisorio hub que recibiría 80 millones de pasajeros, más la carga aérea respectiva, 2 ingresos que propiciarían una derrama de 60 mil millones de dólares o más cada año? ¿Ambos estaban dispuestos a tirar a la basura más de 100 mil millones de pesos ya invertidos y obligarse a pagar otros 300,000 millones de pesos más por indemnización a fondos e inversionistas? Ninguno iba a desperdiciar 800,000 millones de pesos, reservados sospechosamente del escrutinio público, en la construcción de la refinería de 2 Bocas, cuando Deer Park, propiedad de Pemex, en EE.UU. había costado poco más de 20 mil millones de pesos.
Con Meade y con Anaya no se hubiera paralizado el crecimiento económico, ni se habría expandido la pobreza ni la informalidad ni se hubiera desplomado la contratación de empleos, ni se habría endeudado irresponsablemente al país ni propiciado la fuga de cientos de miles de millones de dólares ni aterrorizado a los inversionistas ante la incertidumbre jurídica originada por la desaparición del Estado mexicano. Ellos, pregunto, ¿hubieran abandonado a los pequeñitos sin vacunas y permitido que 850,000 compatriotas murieran a falta de asistencia médica durante la pandemia que al tirano “le había caído como anillo al dedo”?
Los mexicanos defensores de la democracia podríamos revocar el mandato de Sheinbaum, si tan solo 3 millones de nosotros, inscritos en el padrón y repartidos en al menos 17 estados de la República, iniciáramos el procedimiento para deshacernos de la peste morenista. Para revocar su mandato se requiere una mayoría absoluta de 40 millones de ciudadanos… Si en las elecciones de 2024 votaron casi 24 millones en contra de ella, entonces necesitamos únicamente 16 millones de compatriotas para recuperar el país que nos robaron en nuestra presencia. 40 millones de mexicanos no votaron en 2024: de los abstencionistas y de nosotros depende el futuro de la Patria.
En México existen millones de Meade y de Anaya que desaprueban el catastrófico proceso de destrucción de lo nuestro.
Empecemos hoy a acercarnos a los que votaron por Morena en 2018 y en 2024, para que, arrepentidos y abstencionistas, con boletas en mano, mandemos “al diablo” a los enemigos de México.
Escritor
