CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
La incertidumbre afecta seriamente el desarrollo democrático, pues erosiona uno de sus pilares clave: la confianza. En sociedades con déficit de certeza, la participación ciudadana se debilita, aumenta la tolerancia al autoritarismo y se resquebraja la legitimidad institucional. Con ello, se frena la inversión y el desarrollo económico, y se compromete la estabilidad social.
Terreno fértil para el abuso, la incertidumbre aumenta cuando se debilita el Estado de derecho, se capturan o politizan las instituciones y prevalecen la opacidad y falta de rendición de cuentas en la administración pública. En los regímenes populistas, en particular, la alimentan el miedo, la polarización —que divide y confunde— y la impunidad frente a la corrupción.
Sinaloa es un caso extremo, una advertencia que todos los mexicanos deberíamos tener presente. Estado rico en recursos naturales, con alto desarrollo agrícola y turístico, hoy enfrenta una espiral de violencia producto de complicidades —entre el poder político y grupos del narcotráfico— que han fracturado el tejido social. La percepción de inseguridad ronda el 90%.
Miles de negocios cerrados, empleos perdidos y una sociedad con miedo permanente son el saldo de años de violencia y de respuestas gubernamentales insuficientes o tardías (bit.ly/3PgmXSj). La economía se estanca, la impunidad se normaliza, se fortalecen los poderes fácticos —criminales y políticos— y se profundiza la desconfianza entre los ciudadanos: “mejor no meterse”.
Tras procesos electorales financiados presuntamente por el crimen organizado, de los que resultó gobernador Rubén Rocha Moya, la inseguridad se agudizó entre 2024 y 2026: los homicidios se dispararon —de 603 en 2021 a 1,650 en 2025—, se reportaron más de 2,200 desapariciones en 2025 y se intensificaron los enfrentamientos entre facciones del Cártel de Sinaloa.
El caso sinaloense —y la situación de su gobernador hoy con licencia— es una llamada de atención seria. Las evidencias del deterioro están a la vista, pero el gobierno sigue pidiendo “pruebas” (bit.ly/4tmne4d). A las numerosas advertencias de los últimos meses se suman esta semana las de organismos como el IMEF, que anticipan una profundización del estancamiento económico (bit.ly/4fcmURY).
Analistas financieros señalan que la incertidumbre por el desgaste del clima político en torno al caso Rocha Moya está frenando inversiones relevantes. “Es un shock político que apenas comienza”, advierten. La encuesta de expectativas de Citi México prevé que el ya débil crecimiento económico —de apenas 1.2% del PIB— pierda aún más impulso en lo que resta de 2026.
La firma suiza UBS atribuye el rezago a problemas estructurales como la baja inversión y la débil productividad, en un entorno de creciente clientelismo (bit.ly/48PdVCl). Para Santiago Levy, exdirectivo del BID, “la tragedia de México” es el retroceso productivo, pese a la estabilidad macroeconómica (bit.ly/4tv3hYJ). En ese contexto, la economía mexicana ha pasado del lugar 11 al 15 a nivel mundial.
PRODUCTIVIDAD
La productividad —afectada por las políticas populistas instauradas durante el obradorato— resiente la incertidumbre jurídica y regulatoria, la debilidad de las instituciones democráticas y de los mecanismos de control, y la falta de infraestructura que impulse la eficiencia. Si se priorizan la lealtad, el asistencialismo y el corto plazo, el deterioro económico es inminente.
Bajo la supuesta defensa de “la soberanía”, el régimen se resiste a ceder ante las exigencias de Donald Trump, que vuelve a la carga con amenazas y acusaciones (bit.ly/42pbmU4). Si no se actúa contra Rubén Rocha y otros renombrados obradoristas, las consecuencias pueden ser muy serias. Crecería la desconfianza y se pondrían en riesgo asuntos estratégicos como el acuerdo comercial.
El gobierno de Claudia Sheinbaum sigue confiando en su “apoyo popular”. Evita confrontar abiertamente al trumpismo y opta por ganar tiempo, distrayendo con superficialidades —como la visita a Palacio Nacional de BTS— e incongruencias como el innecesario enfrentamiento con la alcaldesa de Madrid o el absurdo cambio del ciclo escolar “por el calor y el Mundial”.
El tiempo corre y las elecciones intermedias en ambos países se acercan. Donald Trump está hambriento de un golpe político que le permita recuperar algo de la popularidad perdida, y el gobierno mexicano no se decide entre asumir el costo de dejar de evadir la realidad o enfrentar las inevitables consecuencias de ceder a las presiones. Es mucho lo que sabe Rubén Rocha.
APRENDIZAJES
La severa crisis en Sinaloa y el oscuro caso de su gobernador con licencia dejan muchos aprendizajes. En Yucatán deberíamos tomar nota. Una sociedad con miedo deja de mirar hacia adelante, se encierra en el corto plazo, en la autoprotección y en el silencio. Y cuando eso ocurre, la falta de confianza, de cooperación y de visión de futuro frena el desarrollo sostenido.
La productividad florece donde hay certidumbre, reglas claras y libre competencia. Se frena donde prevalecen la arbitrariedad, la inseguridad y los incentivos perversos. En el populismo —que avanza aceleradamente en México—, el camino es erosionar las instituciones y privilegiar el corto plazo. El resultado: más incertidumbre, menos inversión y menor eficiencia.
No tiremos en saco roto las advertencias que esta semana nos hace en el Diario el analista universitario Othón Baños Ramírez: “Yucatán vive en una situación de burbuja política por su seguridad” (bit.ly/3QZ1xty). No nos confiemos: Sinaloa no está tan lejos, ni estamos a salvo de las inevitables consecuencias de la complicidad entre el poder político y las mafias del crimen organizado.
Estemos muy atentos. El mayor peligro es la complacencia, la indiferencia y el muy cómodo “mejor no meterse”. El caso de Sinaloa nos alerta sobre los riesgos de no combatir la impunidad y la corrupción, de aceptar que el miedo se normalice. Las crisis no suelen llegar de golpe: se construyen poco a poco. Aún estamos a tiempo de blindarnos.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx/ Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del escrito?
El mensaje central es claro:
La incertidumbre —provocada por la debilidad institucional, la impunidad y la evasión del poder— tiene costos reales: erosiona la democracia, frena la economía y puede derivar en crisis como la de Sinaloa.
El texto advierte que lo que hoy ocurre en Sinaloa no es un caso aislado, sino el resultado de un proceso: tolerar la corrupción, permitir la captura de instituciones y normalizar el miedo. Cuando eso sucede, la sociedad se repliega, la inversión se detiene y el desarrollo se estanca.
Finalmente, plantea una advertencia directa: otras regiones —como Yucatán— no están exentas. El mayor riesgo es la complacencia. Si no se actúa a tiempo, las crisis no llegan de golpe, sino que se construyen gradualmente. Aún es posible evitarlo, pero exige conciencia, vigilancia ciudadana y fortalecimiento del Estado de derecho.
